México: los nubarrones del porvenir

En la descomposición que invade al mundo por todos sus rincones, México es actor destacado. La corrupta clase política participó decididamente a que ello sucediera. Ni priistas, ni panistas, ni perredistas, principalmente, están exentos de culpa por la terrible situación en que se encuentra nuestro país, aunque todos los partidos políticos, sin excepción, merecen la más implacable anatema social.

Primero fue el PRI que durante 70 años ininterrumpidos depredó cuanto se pudo del país. Luego llegaron los panistas, quienes en dos sexenios se comportaron de la misma manera. Pero en cuanto regresó el Revolucionario Institucional, quizás presintiendo que su retorno sería efímero, la diabólica voracidad y rapiña hacia los recursos públicos llegó a límites inimaginables.

Ahí queda el fangoso pasado “construido” por los políticos. Por las camarillas de sinvergüenzas que en lo público aparentan ser los más feroces adversarios pero en la práxis sucede todo lo contrario y se procuran invariablemente toda clase de beneficios a costa del erario y del trabajo de los mexicanos. Así ha sido siempre, de este modo es, y lo peor, para desesperanza ciudadana, así será.

Finalmente quedan sólo cuatro semanas en Los Pinos –antes que éstos se vuelvan museo, según han dicho- a un mediocre presidente tricolor que encabezó un régimen cuya característica principal fue la deshonestidad. Los escándalos, la ineficacia, la mediocridad y la impunidad también fueron su sello de distinción. La impronta de su pésimo y lesivo gobierno dejó en la ruina política al PRI.

Pero esto ya es historia. Lo importante es lo que viene a partir del próximo 1 de diciembre en esta nación polarizada merced a discursos irracionales de personajes públicos que invitan al odio, a la violencia, a la intolerancia y al fanatismo. Tiempos oscuros se vislumbran los siguientes seis años si no hay un cambio radical en el pensamiento de todos aquellos que en un futuro ostentarán el poder.

México no va a cambiar si estamos todos contra todos. Si la hoguera de la intransigencia es atizada por la aversión a escuchar las voces críticas de quienes tienen el derecho inalienable a disentir. Si quienes en el poder, obligados a respetar las ideas discordantes, pretenden erigirse en dueños absolutos de la verdad. Entonces, en esa febril lógica no puede esperarse otra cosa que no sean más años de atraso y de pobreza para la enorme mayoría. Un futuro cubierto de espesos nubarrones que la perversa demagogia no puede encubrir per se a pesar de las autoadjudicaciones “celestiales”.

Ninguna pizca de autoritarismo es bienvenida en democracia alguna. Sus demonios invariablemente terminan por flagelar a la población. Desdeñar sistemáticamente a priori a cuanto oponente real o “imaginario” se cruza en las ambiciones de los autócratas, es la primera alerta que no debe obviarse en la sociedad. No existe mejor respuesta a los detractores que el trabajo eficaz y concreto a favor de los gobernados. Asimismo, la congruencia es un valor fundamental que no admite controversia, aunque Analtole France haya escrito en su afamada obra La Rebelión de los Ángeles que en el mundo sólo son realidades las apariencias. Pero esa es una novela y la vida de 130 millones de mexicanos no tiene por qué serla. Desde luego, el pueblo es sabio… muy sabio, pero no infalible.

Hoy, es evidente que los mexicanos carecemos de un líder real; el que ya se va jamás lo fue. No supo que México es al mismo tiempo muchos Méxicos y no sólo ese de las Casas Blancas, de la frivolidad “artística” que irrumpió en la Casa Presidencial, del derroche para promover un gobierno incapaz y deshonesto hasta las raíces más profundas, de la impunidad hacia los amigos e incondicionales, de otorgar obras a cambio de amplios beneficios. De abusar una y otra vez en un latrocinio recurrente.

Mas lo que viene no se ve mejor pues en el porvenir hay indicios de muchos caprichos y fantasías. Ya existe la quimera de convertir a esta gran nación en una especie de Disneylandia a partir del próximo mes. La pretensión es hacerlo mediante un acto mágico que otorga el omnipotente poder presidencial; así, el futuro titular del Ejecutivo terminará con la galopante corrupción en el gobierno, lo ha dicho hasta el cansancio. La obsesión del insulto, de los calificativos peyorativos, de la amenaza velada y abierta a la prensa “fifí”, a los periodistas “conservadores”, a los empresarios “voraces”, a querer o no, conforman un horizonte nada promisorio en la esperanza de los mexicanos, incluidos, por supuesto, los 30 millones de electores que colocaron en la silla presidencial al cuasi presidente.

Con una violencia que hace tiempo rebasó al gobierno y destrozó el estado de derecho, con la mitad de la población en pobreza, con la avalancha de ejecuciones, de las ignominiosas fosas clandestinas en el territorio nacional, los miles de desaparecidos, una deuda cercana a la mitad del PIB, aunado a la dependencia económica y comercial de Estados Unidos y padecer a una clase política absolutamente perniciosa, resulta imposible proclamar con anticipación que a finales de año abandonaremos milagrosamente la condición de país bananero para insertarnos, ahora sí, en la élite de las naciones avanzadas. Por el contrario, el cúmulo de nubarrones se cierne en el porvenir.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*