¿El México bárbaro o el de la ineptitud gubernamental?

La noche del viernes último, Matamoros, ciudad tamaulipeca, vivió una nueva ola de terror a causa de enfrentamientos entre miembros del crimen organizado y elementos del Ejército y la policía estatal. Antes, el miércoles, dos turistas extranjeros murieron y tres más resultaron heridos en Tulum al ser baleados en un restaurante durante un enfrentamiento entre narcomenudistas.

Son dos hechos criminales de los tantos que a diario acontecen en la república mexicana. La lista de balaceras, muertos, fosas clandestinas y desaparecidos es interminable. La de extorsiones, robos, asaltos y secuestros, engrosa de manera cotidiana para formar una vorágine de agresiones y sangre.

A pesar de las cifras quiméricas alardeadas por el oficialismo, la realidad de los datos duros llega para pulverizarlas. La puerilidad del discurso gubernamental es incapaz de sostener el injustificado optimismo de la estrategia de seguridad en la gestión obradorista cimentada en “abrazos”.

Cuando el sexenio del presidente López Obrador no llega siquiera a la mitad, en México se han rebasado de manera significativa los homicidios dolosos respecto a gobiernos anteriores. Datos de la firma TResearch publicados este sábado, muestran que en 34 meses de la administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador, se registraron 103,354 homicidios dolosos, superando en el mismo lapso a la de Enrique Peña Nieto que sumó 62,145, y a la de Felipe Calderón con 39,672, incluso a la de Vicente Fox con 40,563, a la de Ernesto Zedillo que acumuló 42,553 y a la de Carlos Salinas de Gortari que sumó 27,095. La diferencia es abismal y contundente.

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Imagen: TResearch

Por eso no extraña que diversos gobiernos emitan alertas de viaje a sus ciudadanos. Estados Unidos lo hace desde hace tiempo. A esto se sumaron en días recientes las autoridades de Canadá y Alemania que piden a sus connacionales extremar precauciones en ciertas regiones de México y en algunos casos de plano evitar esos lugares por el alto nivel de violencia e inseguridad. La fama de la república mexicana ahora obedece también a su estatus de país inseguro.

Empero el gobierno es ciego, sordo y condenablemente soberbio. El federal, liderado por López Obrador, se niega a corregir la fallida estrategia de seguridad. Mientras, el pagano es el ciudadano de a pie. Ese que tiene que esconderse y tirar al piso en tanto las balas de los grupos criminales pasan sobre sus cabezas. El mismo que es atracado al salir de un banco o despojado de sus pertenencias en el cada vez más peligroso transporte público o es extorsionado desde los penales ante la sospechosa complacencia de quienes deberían evitarlo.

Y no es el México bárbaro, ese donde los linchamientos de presuntos delincuentes se manifiestan con mayor frecuencia y saña, es el México de los gobiernos corruptos, incapaces, saqueadores y en extremo perniciosos. A tantas “virtudes” se les unieron el populismo y la demagogia para conformar un lesivo coctel que derrama sus bordes sobre una sociedad estoica y cansada. De nada sirve que el presidente presuma que todos los días se reúne muy temprano con el gabinete de seguridad.

Horas sentados con esos funcionarios significa nada. Ello no incide en mejora alguna para la sociedad; lo que se requiere sin dilación es eficacia para que el gobierno proporcione la seguridad a la que por mandato constitucional está obligado, lo demás es palabrería y como el mismo jefe del Ejecutivo lo ha dicho: mera politiquería. Solo politiquería ruin, silvestre y ofensiva.

Seguridad es la exigencia principal de la población. Seguridad que el gobierno obradorista ha sido incapaz de generar y que la historia le recordará de forma permanente. Los muertos y víctimas de ello están dejando una estela indeleble en el gobierno que pretende “transformar” a México, transformación que, en no pocos casos, ha sido para mal. Un ejemplo, es en lo está convertido el lastimoso sistema de salud público, con un desabasto de medicamentos como nunca lo hubo antes.

Resulta que el gobierno no ignora la gravísima crisis de violencia e inseguridad padecida por los mexicanos. Ahí está, a la vista de todo mundo. Que pretenda minimizarla y darle la vuelta mediante distractores groseros y absurdos, como el reciente ataque a la UNAM, es otra cosa. Ni con el Ejército en las calles, incluida su sección conocida como Guardia Nacional, López Obrador ha logrado siquiera frenar la desbordada violencia y menos logrará hacerlo si insiste en dar abrazos en vez de balazos.

Otra muestra de la incapacidad gubernamental, son los feminicidios. En 2019 y 2020 el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, reportó 946 en cada uno de esos años. Cifras que rebasan a las de gobiernos anteriores al obradorista. En los primeros ocho meses de este año, ya van 672 y estos aberrantes crímenes siguen ante la indolencia, incapacidad y desinterés oficial.

Bien haría el señor presidente en dejar de lado los cada vez menos creíbles distractores y su eterna campaña, pues ya no es candidato, es el presidente de México y como tal debe trabajar.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada tomada de: @CMF_GlobalRisk*