México, arrodillado ante los criminales

En el injustificable y absurdo derroche de recursos públicos, los cuatro candidatos que frenéticamente disputan apoderarse de la Presidencia de la República mienten y engañan con la demagogia ancestral, que el pueblo está dispuesto a comprarles una vez más. Las alertas por las consecuencias de elegir a quien no se debe aumentaron de manera franca en los últimos días. El miedo subyacente en ciertos sectores sociales brotó con fuerza, mientras la nación se cae a pedazos por la violencia.

Un ejemplo de algo que va más allá de la mera incertidumbre es la comunicación enviada recientemente por el dueño de Grupo Herdez —empresa mexicana, cuyos orígenes se remontan a más de un siglo— a sus trabajadores, cuando los llama a cuidar su patrimonio ante lo que pueda suceder luego de las elecciones del próximo 1 de julio, al tiempo de sugerirles contemplar un plan de ahorro ante la posibilidad de una crisis económica. Un exhorto sensato, pero preocupante.

Entretanto el país, de facto, se ha divido por lopezobradoristas y antilopezobradoristas, el entorno de sangre y balas se intensifica, a lo que el gobierno del disminuido presidente Enrique Peña Nieto parece ya rendido ante el poderío y eficacia de los criminales. La sangre de innumerables muertos a lo largo y ancho del territorio nacional terminaron por resquebrajar el endeble estado de derecho.

Bien lo ha reprochado con extrema dureza, el sábado pasado en su editorial titulado “Violencia y terror arrodillan al país”, el Centro Católico Multimedial (CCM): “Hace seis años se nos prometió devolver la paz a calles y plazas, a cada rincón de nuestras ciudades. Esto ha sido un fracaso estrepitoso. Y por el otro lado está la realidad cotidiana, ésa donde México está sometido y vive de rodillas”. Ésta es una de las gravísimas preocupaciones sociales —quizá la mayor— que constituye, a la vez, el fracaso rotundo del actual gobierno en la deplorable estrategia de seguridad; un acto por demás irremisible.  

La facilidad e impunidad con la cual se aniquila a una persona en la república mexicana ha dejado de sorprender. Comandos terminan de manera cruel con la vida de personas y familias enteras, sean rivales o no. Se ha vuelto una diabólica costumbre encontrar cuerpos mutilados abandonados en las calles o en el interior de automotores, en tanto las fosas clandestinas forman un dantesco panorama que horroriza cada día. México, en amplias zonas, es sinónimo de desgobierno.

“En importantes núcleos de población y grandes ciudades, el crimen organizado actúa en plena impunidad asolando la vida de miles de inocentes, cuyo único error fue estar en el lugar y hora equivocados”, fustiga también el referido editorial del CCM.

Pero ante la imparable acometida de los criminales —organizados y “comunes”—, aunada a la condenable incapacidad gubernamental,  “los lugares y hora equivocados” a los que refiere el organismo católico se amplían inexorablemente a cada momento. Es, digámoslo así, una suerte, donde todo México es territorio —además de una compañía telefónica— de la delincuencia en general.

Y en ese horizonte desolador, cuatro candidatos ávidos de poder —envueltos en la más ignominiosa de las frivolidades— mienten de modo abrumador y se erigen falsamente como la solución mágica para devolver a México la anhelada paz, el derecho a caminar libremente y de forma segura por las calles, o viajar en el transporte público sin que se vaya la vida en un suspiro. Sabemos de antemano que eso requiere de un líder verdadero del que careceremos en la boleta electoral.

En el futuro sólo se ven los mismos políticos de siempre, con las mismas conductas torcidas. Son dos ex priistas renegados: Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez Calderón, y uno que, sin serlo de manera oficial, representa al viejo y desprestigiado partido tricolor. Otro, un panista cuestionado, dista mucho de ser lo que la población precisa para superar tantos y serios problemas que padece.

A prácticamente un mes de elegir al próximo mandatario, preocupa la superficialidad de AMLO, de El Bronco, del ex Joven Maravilla y de Meade. Pobre México. Con cualquiera de ellos las dificultades, lejos de terminar, muy probablemente se agudicen hasta niveles que muchos electores se resisten a considerar. Ojalá que, en el pandemónium de violencia, inseguridad y barbarie, no lamentemos más pronto que tarde la ceguera por no exigir a los candidatos presidenciales un comportamiento serio, con propuestas reales y benéficas para todos.

STATU QUO 

Andrés Manuel López Obrador, en otra más de su cauda de promesas, asegura que en caso de ganar la Presidencia del país terminará con el cacicazgo del sindicato petrolero, en manos del nefasto priista Carlos Romero Deschamps, protegido por ahora con una curul en el Senado. Celebramos esa intención. La pregunta es: por qué no hace lo mismo con el otro cacique, Napoleón Gómez Urrutia, en el sindicato de mineros. ¿La misma conducta inmoral medida con varas diferentes?

@BTU15 

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*