Martha Erika y Rafael, exacerban la miseria política

Cuando la fiebre generada por la festividad de la inminente Noche Buena estaba en su apogeo, llegó de manera sorpresiva la infausta noticia: la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, exmandatario de la entidad, habían perdido la vida.

El helicóptero en que viajaba el matrimonio, de la Angelópolis a la Ciudad de México, se desplomó a los diez minutos del despegue. En el impacto murieron además, el asistente de Moreno Valle y el piloto y copiloto de la aeronave rentada. En cuanto se confirmó y difundió la noticia surgió la avalancha de comentarios en las redes sociales. Unos ecuánimes, otros, sencillamente estúpidos.

De estos últimos destaca el del incordio Gerardo Fernández Noroña, un execrable vividor de la política, quien actualmente realiza sus disparates en la Cámara de Diputados bajo la protección del Partido del Trabajo. Noroña, un bravucón de negro historial, tuiteó una auténtica barrabasada, acerca de la tragedia:

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No existe justificación alguna para tan lamentable expresión. Sin embargo, no extraña, la miseria política de Fernández Noroña siempre está a flor de piel. Es de lo que está hecho. Es, su esencia.

Pero la locura del petista no fue lo único condenable en el entorno de la tragedia acaecida en Puebla. En las ‘benditas redes sociales’ las conjeturas de un atentado gubernamental se daban por hecho, y los insultos, condenas y juicios aventurados en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador inundaron Twitter y Facebook, principalmente. El uso de bots incrementó rumores y acusaciones.

Cierto que el deceso de Martha Erika y Rafael se da en un ambiente de polarización máxima derivado de la disputa por el gobierno de Puebla. De la inconformidad, tanto del candidato perdedor morenista, Miguel Barbosa Huerta, un trapecista proveniente del PRD, como la del propio López Obrador, quien se negó a pisar territorio poblano por el triunfo de la panista, avalado por las autoridades electorales. El manejo de la crisis en la entidad, dejó muchas heridas y odios abiertos.

A nadie benefician las acusaciones a priori carentes de pruebas mediante las cuales se intenta responsabilizar al Ejecutivo federal por el accidente –considerado así hasta que se demuestre lo contrario-, ello, además de irresponsable, abona a la perniciosa división entre los mexicanos –chairos y fifís, aseguran algunos-. Y no hay terreno más fangoso, que dividir a una sociedad, para que los aviesos intereses de grupos interesados en generar anarquía y desgobierno, se logren.

Por lo pronto, ahí quedan las formas groseras -por decir lo menos- con las que la administración obradorista trató a doña Erika. A ella ya no pueden ofrecerle disculpas por eso. No obstante, se presenta la oportunidad para reconsiderar la manera en que deberán ser atendidos los poblanos. Vamos a ver cómo opera López Obrador para sanar las heridas y cerrar cicatrices tan profundas.

Los “fuera” y “asesinos”, obsequiados este martes a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, durante la ceremonia luctuosa a los fallecidos, no es una señal grata. Por ello, hizo bien AMLO en anunciar que la investigación del accidente se llevará a cabo por instancias internacionales. Ni la duda más pequeña debe quedar sin aclarar. Con sólo 26 días en el poder, el Presidente tiene muchos frentes abiertos: el encontronazo con la cúpula del Poder Judicial, el problemón del NAIM, los miles de despedidos arbitrariamente en las dependencias oficiales y organismos autónomos, así como la violencia que lejos de disminuir se incrementó aún más, conforman un peligro mayúsculo.

Necesariamente debe privar la mesura y prudencia en la clase política ante el clima de “sospechosismo” por el accidente aéreo que costó la vida a cinco personas. El presidente López Obrador debe poner el ejemplo y con ello frenar a sus virulentos simpatizantes y alguno que otro incendiario colaborador. Lo reiteramos: a México le faltan muchas cosas, pero le sobra violencia.

Un aspecto inaceptable y que merece el repudio de la sociedad entera, es el oportunismo de ciertos políticos que ante la tragedia no dudan en procurar beneficios personales o para sus proyectos “profesionales”. Cualquier buitre interesado en sacar raja política no tiene cabida, pues no son horas de medrar con el dolor en un país ya de por sí bañado cotidianamente en sangre.

Bien por todos aquellos que no caen en el explosivo terreno de las especulaciones ni a favor ni en contra. Muy bien por quienes actúan, analizan y opinan con inteligencia, objetividad y madurez. Bienvenidas, desde luego, las necesarias expresiones fundamentadas. Nada de rumores. Como sociedad, debemos exigir una investigación seria, imparcial y sin dilación. La verdad de lo que acaeció en Puebla, es imprescindible, es urgente para la democracia, pero sobre todo, para que las sombras de la duda no deslegitimen a un Presidente que ganó abrumadoramente el derecho de gobernar a los mexicanos.

@BTU15