Mansiones, palacios y juniors

Vaya revuelo que causó un reportaje periodístico la semana pasada donde se exhibe el espléndido modo de vida de José Ramón López Beltrán, hijo mayor del presidente de México. La investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y Latinus, junto con anteriores en las cuales se exhibe por separado a dos hermanos del mandatario recibiendo dinero en efectivo (Pío y Martín), han sido obuses que dañaron en serio la imagen del tabasqueño y su cada vez más rasgada bandera de la lucha contra la corrupción. Esta ocasión, ha guardado inusual silencio.

Nada tiene de extraordinario que José Ramón viva como fifí en mansiones millonarias en Estados Unidos, cada quien lo hace de acuerdo a sus posibilidades y gustos, siempre y cuando los recursos que lo permitan sean de origen lícito. Lo que llama la atención es que se trata de un hijo del presidente que se ha regodeado con el discurso de la austeridad, de sugerir un solo par de zapatos, de condenar de modo inmisericorde los anhelos humanos de aspirar a un mejor nivel de vida.

En esa incongruencia de la familia presidencial es que se ceban los adversarios y malquerientes de todo lo que huela al obradorismo. Ha sido grande el enojo del jefe del Estado mexicano que parece haberse quedado sin palabras, o peor aún, sin argumentos para refutar lo que se expuso en el mencionado reportaje. No hubo control de daños; López Obrador hubo de asimilar todo el golpe.

Y no fue casual la publicación de las residencias donde vivió –propiedad del ejecutivo de una petrolera que tiene contratos en Pemex- y vive actualmente el mayor de los López Beltrán. En política la casualidad es una palabra inexistente. Todo fue calculado con precisión quirúrgica para ocasionar el mayor daño posible. Los argumentos son tan contundentes que dejó mudos en Palacio; sólo bots y apoyadores de Morena a sueldo intentaron salir en defensa de lo indefendible.

Uno de los mayores activos -quizás el principal- de López Obrador para ganar la Presidencia, fue precisamente la imagen de honestidad que vendió de manera magistral a los electores. Y eso lo compraron 30 millones de ciudadanos que sufragaron por él, no por Morena. A ello “colaboró” la desbordada corrupción del PRI durante la podredumbre sexenal de Peña Nieto.

Si, como lo escribió AMLO en su cuenta de twitter el jueves pasado, “la austeridad no es un asunto administrativo sino de principios” (bit.ly/3udI0Ik), entonces, surge la pregunta ¿están en duda los principios de su vástago que no se caracteriza por austeridad alguna? ¿O no aplica por no ser funcionario y no percibir recursos del erario? El dilema queda ahí, pero también la incoherencia.

Ya son demasiadas manchas, no al tigre, sino al estandarte anticorrupción que enarbola el señor presidente. Demasiado lastre acumulado en el cuarto año de gobierno: Pío y Martín López Obrador; la prima Felipa y el imperio inmobiliario del siniestro director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, entre otras rémoras harto incómodas. No existe la menor duda que aparecerán más videos, más reportajes, más filtraciones que pondrán en jaque al inquilino de Palacio. Viene más golpeteo.

Naturalmente hay un fuerte dilema para Andrés Manuel López Obrador, no sólo como presidente, sino como ser humano. Dejar pasar las pillerías y desatinos de algunos familiares, hacer como que no pasa nada y conservar la armonía con hijos y parentela al costo de que la sociedad atestigüe lo mismo que en administraciones pasadas: la práctica del nepotismo e influyentismo tal como sucedió en las épocas más abyectas del PRI y PAN. La disyuntiva no es sencilla para quien pretende transformar a México. Algo que por cierto no ha sucedido en el país, donde, en muchos aspectos se ha retrocedido. Hay más pobres, menos crecimiento económico, aumento de masacres, más de medio millón de muertes por covid-19 y una inflación que daña severamente la economía familiar

Ha dicho el presidente López Obrador que no es responsable de las conductas de familiares, excepto de su hijo Jesús Ernesto, por ser menor de edad. Bien haría entonces en deslindarse de manera franca. Hasta ahora no lo ha hecho de sus hermanos Pío y Martín, por el contrario, justificó las cantidades en efectivo recibidas de manos de David León, al argumentar que eran donaciones para el movimiento y en el segundo caso, pretextar un asunto entre particulares.

Nadie, excepto sus leales, creen las palabras del tabasqueño, cuando de exonerar a priori a sus seres queridos o subalternos se trata, no obstante las evidencias presentadas, tal como sucedió también con Delfina Gómez, actual titular de la SEP, quien retuvo un porcentaje del salario a colaboradores para entregarlo a Morena cuando se desempeñó como alcaldesa de Texcoco.

Por lo pronto, la nada austera vida que goza el junior José Ramón, no fue juzgada per se. Fue utilizada para impactar donde más le duele a su papi –quien por cierto, vive en un Palacio- y que provoca rasgaduras de vestiduras por la no austeridad, esa de la que hace gala su retoño en el paraíso del consumismo, disfrutando de mansiones y camionetas BMW, como cualquier fifí VIP.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: MCCI y Latinus*