Luis Echeverría Álvarez, cien años no deseados

Vivió un siglo. Disfrutó el apogeo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Padeció como secretario de Gobernación y luego como presidente de la Republica. Luis Echeverría Álvarez fue uno de los ejemplos más representativos de la esencia del instituto político que gobernó México durante 7 décadas ininterrumpidas. Importante testigo partícipe de las glorias y posterior debacle del PRI.

Echeverría gobernó de 1970 a 1976. Llegó, como lo hacían en aquel entonces la mayoría de los candidatos del Revolucionario Institucional, del Palacio de Cobián. Arribó a la silla presidencial con el ropaje manchado por la matanza estudiantil en Tlatelolco aquel fatídico 2 de octubre de 1968. Una ignominiosa mancha indeleble que estuvo presente en la memoria colectiva y su conciencia.

Se distinguió por un gigantesco populismo que jamás pretendió disfrazar. Sus afanes proclives hacia el “tercer mundo” estaban a flor de piel. Su esposa, María Esther Zuno, gustaba que le llamaran “compañera” en lugar de primera dama. Era la época del presidencialismo absoluto en el país. Del control de todo lo que pasaba en el país y con ello, también el de los medios de comunicación a base de billetazos y otras clases de prebendas. Aún no se utilizaban los balazos, como hoy es rutinario.

Diferir o criticar al presidente era impensable. Todo eran loas; crónicas festivas de lo que decía el mandatario en turno, y Luis Echeverría, ya en Los Pinos, no era excepción. Por eso, durante su gestión, ordenó el golpe al periódico Excélsior, para quitar de la dirección a un muy incómodo Julio Scherer García, quien más tarde fundaría el semanario Proceso, junto con otros colaboradores.

Otro de los grandes e imperdonables pecados que la sociedad no olvida en el turbulento historial de Echeverría Álvarez, es el tristemente célebre “halconazo” realizado en pleno Jueves de Corpus de 1971, agresión orquestada desde la administración echeverrista y en la cual hubo docenas de estudiantes muertos a manos de un grupo paramilitar entrenado y financiado por el gobierno.

Años después, aun siendo presidente, Echeverría recibió una muestra del repudio estudiantil cuando en Ciudad Universitaria fue abucheado y descalabrado. Tanto era el pasivo del polémico exmandatario, que en el año 2006 se le dictó prisión domiciliaria por genocidio, derivado esto de las muertes de estudiantes ocurrido en 1968 y 1971. No obstante, en 2009 se le exoneró de esos cargos.

No sólo se distinguió por acontecimientos tan sangrientos y desafortunados. El sexenio de Luis Echeverría Álvarez poco aportó al desarrollo de México. La mayor parte de su labor como presidente estuvo dedicada a la retórica populista, demagógica y a mantener viva la adoración social hacia la figura presidencial. Echeverría estuvo todo su sexenio extraviado en una megalomanía sin fin.

Los yerros del hoy extinto mandatario priista pronto alcanzaron a la población que padeció, una vez más, las duras consecuencias de un gobierno frívolo, incapaz y populista en grado superlativo. Al final de la gestión echeverrista apareció la crisis económica que ya se esperaba. El peso se devaluó y hubo alta inflación. Los resultados negativos de malos gobiernos, siempre aparecen, sin remedio.

De infausta memoria, el más viejo de los expresidentes emanados del PRI que permanecía con vida, dejó de existir la noche de este viernes. Sabedor de su legado, nada grato, se mantuvo alejado de la actividad política y pública en al menos las últimas cuatro décadas. Sí, fue prudente en eso.

Hay que destacar una paradoja. Luis Echeverría Álvarez estuvo muy presente en los análisis y criticas de estudiosos, académicos, analistas y adversarios políticos del presidente López Obrador, pues dicen encontrar bastantes similitudes entre uno y otro. Incluso, no faltan los malpensados que aseguran Echeverría es el modelo e inspiración a seguir del actual mandatario. ¿Tendrán razón? ¿O es mera y pura animadversión hacia el tabasqueño? Los resultados son y serán la respuesta correcta.

Se fue Luis Echeverría Álvarez y el estricto e impío análisis de la historia hará su dictamen final, como lo ha hecho y hará con otros oscuros personajes que atentaron en contra de la humanidad en distintas latitudes y formas. Por lo pronto, nadie desea que México tenga otro Echeverría que tanto daño le hizo a la sociedad, instituciones, libertad de expresión y, en especial, a la democracia.

STATU QUO

.- La “guerra” del presidente López Obrador y sus huestes en contra de Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, está a todo lo que da. Las inquinas alcanzaron máximo nivel. Mientras “Alito” realizó una gira por Europa para acusar al jefe del Ejecutivo de persecución política ante diversos organismos y foros internacionales, aquí el Gobierno publicó un tuit –que minutos después eliminó- anunciando que la FGR abrió una carpeta de investigación contra el campechano por diversos delitos. La gente se pregunta, ¿no que la Fiscalía es independiente? Parece que no.

.- Poco duró el júbilo en Palacio por la buena calificación de Standard & Poor’s. Varias horas después, la calificadora Moody’s disminuyó la calificación soberana a México y echó a perder la fiesta.

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: especial Internet*