Los tiranos y los políticos

Por estos días en que la paz mundial pende del humor y ambición de un bufón autócrata con afanes invasores, viene a colación una frase de Oscar Wilde: La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable. Irrefutables palabras del enorme literato irlandés. Muy ad hoc en estos tiempos pandémicos donde una caterva de lidercillos ha revelado su verdadero rostro de sátrapas.

No sólo en Europa vemos esas expresiones abyectas, en nuestro continente los ejemplos abundan. Basta voltear la mirada hacia el peor de los ejemplos: Venezuela, sometida por uno de los más abyectos dictadorzuelos que tiene a su pueblo postrado en la miseria, el hambre y la desesperanza.

Lo mismo sucede en Nicaragua, donde otro demencial tirano bananero reprime, encarcela y asesina para perpetuarse en el poder. Igualmente pasa en Cuba, país roto en muchos aspectos, cortesía de la desvergonzada, podrida e incongruente nomenclatura castrista que se adueñó de esa nación.

Mas la lista no se circunscribe a Europa y América. Ahí está, a la vista del mundo entero, el “líder” de Corea del Norte, otro inestable y muy peligroso represor con armas nucleares. El presente y futuro depende de mentes diabólicas, fantasiosas, delirantes y fanáticas, pero también de políticos y grupos ambiciosos que no dudarían en jalar del gatillo para iniciar una conflagración mundial y defender sus intereses al costo que sea. Es el reparto deplorable al que alude Óscar Wilde.

Así anda el mundo, inmerso en una violencia tal que permite suponer la anticipación de infiernos apocalípticos. Muertes a causa de la pandemia por Covid-19, por hambre, pobreza, por desastres naturales a causa del cambio climático que torpes y perversos políticos se niegan a reconocer. Donald Trump es uno de ellos. Aunque no extraña, su mononeurona no le permite comprender.

Y cada país, tiene, además de las muy justificadas preocupaciones globales, las suyas en particular. Por ejemplo, en nuestro amadísimo México, la vastedad de preocupaciones para la sociedad es variada. Inseguridad, violencia, pobreza, feminicidios, extorsiones, corrupción, narcotráfico, cárteles del crimen organizado, desapariciones forzadas, fosas clandestinas, ejecuciones, masacres, y por sobre todo ello, la peor de todas las calamidades posibles: la voraz clase política.

Sin duda, las causas de los principales problemas de los mexicanos, son los políticos que eligen. Éstos cautivan a los potenciales electores con una cara angelical y cuando logran instalarse en el poder son auténticos demonios. Esos virreyes hacen y deshacen, manipulan, mienten, engañan, se enriquecen brutalmente desde los puestos públicos, benefician a familiares, se autoproclaman adalides de la democracia, héroes divinos, modelos de honestidad y dechado sin fin de virtudes.

Todo mexicano –excepción de los suprapoderosos- padece, o ha visto de cerca el retroceso del país. Un vistazo a la economía –nacional y per cápita-  da cuenta de esa pauperización. El sistema de salud gubernamental es poco menos que un desastre. La falta de medicamentos es muestra fehaciente; los niños con cáncer mueren por falta de medicinas oncológicas. En el IMSS e ISSSTE, lograr una cita para estudios, análisis o especialidades, es toda una proeza que requiere paciencia de santo.

Hablar del empleo es adentrarse en caminos inextricables. Los puestos de trabajo que se crean en la República son, mayormente, insuficientes y mal pagados. Gran parte de la población debió refugiarse en el sector informal, donde no cuentan con seguridad social, ni de ningún tipo. Nada hay que presumir ahí. Por eso, y la desbordada inseguridad, millones de connacionales han debido abandonar sus lugares de origen para emigrar a Estados Unidos en busca de mejor nivel de vida.

Una paradoja enorme es que, no obstante la militarización de facto que ha realizado el actual gobierno donde cada vez hay más presencia de la fuerzas armadas en las calles –las cuales prometió devolver a sus cuarteles-, las masacres, ejecuciones, cobros de piso e incursiones de grupos criminales en poblados no han cesado, al contrario. Hoy los cárteles son más sanguinarios y no temen a nada ni nadie. El reto al Estado es abierto y ya incluyeron minas antipersonales a su arsenal.

Desde luego es necesario preguntar qué están haciendo gobierno y sociedad para dar solución y quitarse esos pesados lastres. El gobierno está concentrado en sus obras faraónicas, dar continuidad a su proyecto político rumbo al 2024 y atender a su clientela electoral a través de los programas sociales. También en reñir cotidianamente con quien se atreva a cuestionar con argumentos el trabajo presidencial o a exhibir que aquello de la honestidad y austeridad es simple palabrería demagógica. Más y mejor participación ciudadana es indispensable para corregir el rumbo.

“La política es el arte de buscar problemas encontrándolos en todas partes; diagnosticándolos de forma incorrecta y aplicando los remedios equivocados”, solía decir Groucho Marx. Frase que le sienta bastante bien a quienes han hecho en México de la política su rentable modus vivendi.

STATU QUO

El presidente de México no logra sacudirse los efectos de la Casa Gris y la vida nada austera de su primogénito. Lo intenta pero sus embestidas son un bumerang. No se le había visto tan frágil. Tanto, que han debido respaldarlo sus gobernadores mediante una carta. El sostén real del mandatario es el Ejército, por eso tantas consideraciones, tantos privilegios. Un blindaje a prueba de casi todo.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*