Los mil y un pleitos del Presidente

Al efectuar un recuento de las disputas que el presidente de México ha generado con diversas personas o sectores sociales, la cifra no es menor. El catálogo luce amplio. Incluye a empresarios, intelectuales, periodistas, académicos, actores, diplomáticos, ministros, jueces, activistas, críticos, adversarios, banqueros, mujeres, erurodiputados, y el gobierno español, entre otros tantos.

El choque más reciente fue con gente del espectáculo que se atrevió a criticar la nueva ruta del tren maya. Con la campaña #SélvameDelTren, más de 40 actores fustigaron la devastación de miles de árboles y el daño al hábitat de muchas especies, así como el peligro de dañar los ríos subterráneos. No necesitamos un tren, enfatizaron mediante un video ampliamente difundido en redes sociales.

Pero el carácter irascible del mandatario y su nula tolerancia a la crítica respondieron sin tardanza como es su costumbre. Durante dos días consecutivos en la propaganda mañanera, los tachó de pseudoambientalistas, deshonestos y dejó entrever que les habían pagado. Esto refleja que el golpe dolió, pues se enjuicia otra de sus obras faraónicas que ha sido muy cuestionada desde el inicio.

Claro que el jefe del Ejecutivo tiene derecho a refutar lo que a su derecho convenga. Empero debe hacerlo con argumentos irrebatibles. Ahí se acabaría la confrontación. No obstante, hay que precisarlo una vez más: López Obrador sin generar polémica no tendría el dominio de la agenda política en el país. Vive de la controversia, de los reflectores mediáticos y la atención pública.

La habilidad del tabasqueño para eludir los temas espinosos que le desagradan no está en tela de juicio. La muestra última es el pleito entre dos personajes notables de la cuarta transformación que andan a la greña: Alejandro Gertz Moreno, fiscal general de la República y Julio Scherer, exconsejero jurídico de la Presidencia y “hermano” del presidente. Ahí, prefiere no meterse. Así la conveniencia.

Descalificar sistemáticamente es una herramienta de Andrés Manuel López Obrador. Lo ha hecho con todo aquel o aquellos que ponen en tela de juicio sus decisiones. Es decir, con quienes lo exhiben. Así procedió con la multitudinaria marcha por la paz que salió a las calles para protestar por la violencia cuando era jefe de Gobierno. Nada ha cambiado, para él las inconformidades ciudadanas son perversas, además de estar organizadas por “fifís” y “aspiracionistas” que están en contra de su gobierno. Es la furia exacerbada y el pensamiento febril del jefe de Estado.

Los cada vez más intensos movimientos feministas son un fuerte dolor de cabeza para el presidente. En México se cometen a diario un promedio de 10 feminicidios y la violencia en contra de ellas no ha cesado. Aún así, el tabasqueño es evidente que no las considera prioridad, incluso a pesar de que presume de paridad de género en su gabinete. Pero las decisiones de gobierno las toma solo él.

Si el presidente López Obrador no corrige su trato al sector femenil, el costo de ese grave error lo pagará Morena en las urnas y no precisamente en la farsa de la revocación de mandato, lo cual no tiene relevancia, sino en la disputa de las seis gubernaturas. Las mujeres son mayoría en la población y en el padrón electoral. Ellas pueden inclinar la balanza en cualquier sentido.

Otra riña presidencial, de tantas, es la que tiene con la clase media, a la que culpó de la estrepitosa derrota en el Valle de México. Enfurecido por la debacle, acusó a ese importante sector social de aspiracionista, de manipulables, de enemigos de su proyecto de gobierno, de fifís. Ahí se dio otro balazo en el pie. La clase media, sin que sea exclusivo, es la que consume y hace fuerte un mercado interno, la que asiste a las universidades, la que emprende negocios, genera empleos y paga impuestos. El fundador de Morena olvida que desde ese valioso grupo de la sociedad, históricamente han surgido movimientos trascendentales, como el movimiento de Independencia.

Hoy, arremeter en contra de quienes integran #SelvameDelTren, es abrir otro frente. El punto es que no hay fundamentos para rebatir los dichos de ese colectivo. La tala de árboles está a la vista cuando López Obrador aseguró que no se derribaría ni un árbol. Tampoco se ha cumplido con todos los permisos ambientales como se le exigirían a cualquier civil. El tren está manchado de origen.

No necesitamos un tren maya, lo que se requiere es un plan bien estructurado para ayudar al sureste a salir de la asfixiante pobreza generada durante siglos de explotación y olvido oficial. Un capricho no es la solución, menos si es mediante la depredación de nuestros recursos y tesoros naturales.

México necesita un estadista, no un fajador, o como alguna vez señaló la entonces presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, en referencia a AMLO: “Me extraña este tipo de comentarios de un político que consideré podía dar un salto a ser un estadista y que con sus comentarios, pues se rebaja a ser, pues un buscapleitos de taberna”. Ojalá el país, vuelva a tener algún día un estadista.

STATU QUO

Un nuevo escándalo llega a Palacio Nacional con el audio que “apareció” en las “benditas redes sociales” donde se escucha a una diputada morenista, supuesta sobrina de AMLO, pedir un moche.

@BTU15  

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla*