Las similitudes de México y Venezuela

Los venezolanos que huyen de su país necesitan ayuda humanitaria con urgencia, porque la situación en la frontera con Colombia “es una catástrofe, un desastre humanitario absoluto”, denunció el director del Programa Mundial de Alimentos (PMA), dependiente de la ONU, David Beasley.

El organismo estima que entre 40,000 y 50,000 venezolanos cruzan legalmente todos los días la frontera entre Venezuela y Colombia. Sin embargo, muchos otros lo hacen clandestinamente, asegura el PMA. El éxodo tiene como consecuencia directa que haya más de un millón de venezolanos en Colombia luego de huir del régimen del dictadorzuelo Nicolás Maduro.

Con la llegada del tirano sudamericano al poder —heredado de su padre putativo, el deleznable autócrata Hugo Chávez—, llegó también el peor de los infiernos para el pueblo venezolano. Supeditados a los caprichos y las locuras de un enfermo populista que hizo ruinas el estado de derecho en la nación bolivariana, hoy los ciudadanos padecen hambre, falta de medicamentos y escasez de artículos básicos, entre otras linduras. Pero lo que más añoran es lo esencial de una democracia: la libertad. La libertad de expresarse, de decidir, de ser… incluso de mandar al carajo al sátrapa Maduro.

Mucho se ha debatido acerca de dónde estuvo el error de los venezolanos que los colocó en el peligroso tobogán de una dictadura de facto. Amplias y vastas discusiones se han dedicado a intentar establecer las razones por las que votaron a favor de un demagogo oportunista, como el peligroso Hugo Chávez. Teorías al respecto hay muchas, lo cierto es que la sociedad de esa nación se equivocó rotundamente desde el momento en que escuchó el pernicioso “canto de las sirenas”.

Todo dictador suele estar enfermo de poder. Su voracidad es patológica. Para ellos, no existe palabra más válida que la suya. En sus alucinantes propósitos, están convencidos de que son los salvadores mágicos del pueblo, auténticos e inmaculados mesías. Los desvaríos de tan tenebrosos personajes son una constante que terminan por pagar quienes los eligieron, pero también todos los que no sufragaron por ellos ni los avalaron. Por ese tipo de “errores” electorales nadie se salva. Ahí sí, la repartición del costo es enteramente democrático. 

Y de ese marco terrorífico, los mexicanos debemos analizar, evaluar y hasta aprender. Estamos próximos al inicio de las campañas electorales —30 de marzo—, cuando los falsos redentores de todos los partidos políticos intentarán embaucar a cuanto elector sea posible, principalmente a quienes por primera vez acudirán a las urnas. Los jóvenes representan un valioso “botín” en términos de votos para los aviesos intereses de candidatos y sus patrocinadores. Una reflexión profunda de las “ofertas” no está de más si no deseamos, como sociedad, caer en una tragedia como la de los sudamericanos.

Venezuela tiene importantes similitudes con México. La ubicación estratégica, el petróleo y los espléndidos recursos naturales son algunas de éstas. También en algún momento de la historia ambas naciones fueron referente obligado cuando se hablaba de liderazgo en América, de democracia, de progreso, de paz y armonía. Sociedades que progresaban a pasos agigantados, lo cual se reflejaba en el desarrollo social y bienestar de la población. Esto ya no existe más. El país de Simón Bolívar fue destrozado por un par de dictadorzuelos, y en México la violencia y la corrupción gubernamental tienen sumidos en la pobreza a 53 millones de habitantes.

Por ello, resulta obligadamente necesario reflexionar acerca de nuestro sufragio para elegir al presidente que regirá los destinos durante largos seis años. Los políticos son extremadamente habilidosos para mentir, para ofrecer “el oro y el moro”, aunque después, pasados los tiempos electorales, cambien radicalmente, de humildes pedigüeños del voto, de codearse con el pueblo, de aparentar ser unos terrenales más, para entonces quitarse el disfraz y muestren su naturaleza, es decir, lo que verdaderamente son: una plaga devastadora.

Actualmente somos testigos de la forma vulgar y poco inteligente con la que los aspirantes del PRI, PAN y Morena llevan a cabo sus estrategias electoreras. Las diatribas son el arma predilecta para intentar eliminar al adversario, los embustes a la ciudadanía son los mismos de hace muchos sexenios. Los supuestos cambios en la clase política —sin distinción alguna— no es sino el acostumbrado gatopardismo que tan buenos dividendos aporta rumbo a las elecciones.

No. No hay que dejarse engañar. En política no existen los mártires, los paladines o los inmaculados; tampoco los salvadores exprés. Menos los que aseguran haber cambiado luego de un infame pasado, o aquellos que atentan contra la inteligencia del ciudadano cuando pretenden ocultar su verdadero gen de autoritarismo e intolerancia. La mexicana ya es una sociedad más informada, más madura en cuanto a la inexcusable participación social y política. En consecuencia, así debe actuar el 1 de julio próximo, con gran civilidad e inteligencia. El margen de error es muy estrecho y no permite equivocarse. Hacerlo tendría consecuencias desastrosas… como en Venezuela.

@BTU15   

*Nota del Editor: Foto: Especial*