Las “piedritas” en la agenda de AMLO

Cancelar o no la construcción del Nuevo Aeropuerto de México (NAIM) en Texcoco, se ha discutido hasta la saciedad. En el análisis no han escapado todos los ángulos posibles. Personajes muy prestigiados de todos los sectores sociales han vertido sus puntos de vista; también lo han hecho quienes no tienen autoridad moral para ello, incluso, los que nada sabemos de seguridad aérea. Pero así es la democracia y resulta obligado respetarla. El Presidente electo debe entenderlo así.

Pero el asunto del NAIM, que se le complicó a López Obrador hasta llevarlo a un callejón sin salida que pretendió salvar con una “consulta” ilegal, tramposa y desprestigiada, también sirvió para exhibir una vez más el peligroso autoritarismo del tabasqueño. Sistemáticamente descalifica a todos aquellos que osan criticarlo; la intolerancia es, desde hace años, una de sus características como político. Aquello del amor y paz, es una utópica “filosofía” que le resulta imposible concretar.

Así vimos cómo en la semana que terminó, se confrontó nuevamente, con los empresarios, con los medios que lo cuestionan –a los que insiste en llamar despectivamente  fifís- y con periodistas que le incomodan. En días recientes, ante señalamientos de Carlos Loret de Mola, de los efectos negativos sobre el peso a causa de la incertidumbre por la posible cancelación de la nueva  terminal aérea, el futuro presidente acusó al comunicador de tener acciones del proyecto o en alguna de las empresas constructoras, cosa que el yucateco le refutó con ironía en su noticiario “Sin Anestesia”, de Grupo Radio Centro. https://youtu.be/p6iULMe9V9w

Las presiones hacia el mandatario electo van in crescendo, y la penosa “consulta” es apenas uno de los grandes dilemas en que se entrampó ante la opinión pública, en especial frente a los ojos de quienes votaron por él. Esto se agrega al misil que representó la fastuosa boda de su brazo derecho César Yáñez, presumida sin pudor alguno en la revista Hola y que hizo añicos el eslogan morenista de la austeridad republicana. Esa incongruencia dejó muy mal parado a don Andrés y compañía.

Y a la sobrecargada agenda de preocupaciones en la sede de Morena, se adiciona el hecho de que a la toma de protesta el 1 de diciembre, asistirán sujetos incordios que bajo el disfraz de jefes de Estado son auténticos tiranos con sus respectivos pueblos. Así es como mancillarán suelo azteca el despreciable dictadorzuelo Nicolás Maduro y el nada democrático Evo Morales. Ni aún en la elemental y obligada cortesía diplomática es posible justificar la presencia del abyecto Maduro.

Maduro es la antítesis de la democracia, de la libertad y del buen gobierno. Tiene manchadas las manos de sangre. De facto ha cometido un genocidio con el pueblo venezolano. El sólo anuncio de que estará en la república mexicana es una gravísima ofensa para los mexicanos y el repudio generalizado no se ha hecho esperar. Simplemente, Nicolás Maduro no es bienvenido en México.

Cuando falta un mes escaso para que AMLO jure como Presidente de México hay algunas señales del exterior –sin dejar de lado las domesticas - que no pueden ser obviadas de manera simplona e “ingenua”. Los mercados han reaccionado con algunas dudas sobre la política que seguirá el próximo titular de Ejecutivo en materia de inversiones; el peso también ha reflejado esa incertidumbre y en las últimas sesiones se ha depreciado a niveles de tocar casi los 20 pesos por dólar.

Un indicio más que no debe ignorarse es el hecho de que Donald Trump decidió enviar a un representante  a la ceremonia en que López Obrador asumirá formalmente el poder. El presidente estadounidense ratifica así que México no está en sus prioridades. Tampoco, quien pronto será su líder. A pesar de las palabras convenencieramente amables del republicano respecto a Andrés Manuel, en los hechos el peliteñido se comporta como tradicionalmente lo ha hecho el imperio gringo con nuestro país. Vamos a ver hasta dónde llega la aparente “cordialidad” trumpiana.

Nadie debe alegrarse por el poco terso escenario que le espera al líder de Morena en su gestión. Muchos son los retos que encontrará durante el sexenio, y habrá de echar mano de todo el oficio político para solventarlos. Sin embargo, deberá hacer gala de paciencia y evitar incurrir en los catastróficos errores de su intolerancia y aversión a la crítica. El juicio de la opinión pública va inexorablemente asido al ejercicio de la función pública. Desdeñarlo es pernicioso para todos.

Si bien López Obrador llega con un contundente e inobjetable capital político a gobernar México, debe olvidar el papel del rijoso candidato presidencial; su actuar debe ser el de un estadista capaz de llevar a cabo el cambio que esta nación precisa con urgencia. En el pasado debe quedar la descripción que, en el 2008, de él hizo la entonces presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta: “me extraña este tipo de comentarios de un político que consideré podía dar un salto a ser un estadista y que con sus comentarios, pues se rebaja a ser, pues un buscapleitos de taberna”.

Por supuesto, México precisa de un líder auténtico, no de alguien que se enfrasque en dimes y diretes y en la denostación como arma para responder a las críticas. Andrés Manuel López Obrador debe estar más allá de esas tentaciones autoritarias si aspira a emular a quienes ha puesto como sus ejemplos: Benito Juárez, Lázaro Cárdenas y Francisco I. Madero.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*

**Esta columna fue escrita el domingo a mediodía, antes de conocer los resultados finales de la encuesta del NAIM*