Las “benditas redes sociales” y doña Beatriz Müller

Como “benditas redes sociales” ha calificado en reiteradas ocasiones el presidente López Obrador a esos populares medios de comunicación digitales. Incluso, el pasado viernes, durante su conferencia mañanera y a propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa, aceptó que “las redes ahora permiten que todos participen y den su opinión”. Al referirse a los bots, y cuentas falsas que se usan para atacar, subrayó que “desde luego, es preferible esos excesos a que no haya libertad”.

Lo anterior viene a colación por el mensaje en Twitter de la esposa del mandatario, doña Beatriz Gutiérrez Müller: “Hace un año abrí esta cuenta con el único fin de verificar mi propia identidad con relación a más de una veintena de cuentas apócrifas. Aquí la dejo. Ánimo @TwitterSeguro @TwitterLatAm con la limpieza de #bots, ganan pero pierden”. El tuit también es del viernes último.

No es difícil imaginar qué provocó la decisión de la cónyuge del  señor presidente. Agresiones, insultos, descalificaciones, amenazas, intimidaciones, fake news y odio, mucho odio. Las “benditas redes sociales”, es cierto, son una herramienta muy efectiva que terminó, de algún modo, con el cerco y las tentaciones de censura provenientes del gobierno. No obstante, en su faceta más oscura y peligrosa, se convirtieron, asimismo, en una especie de moderna inquisición; autoerigido, muchas veces, en despiadado tribunal injusto y depredador, impulsado por los más aviesos intereses.

Resulta ocioso buscar una justificación para los ataques en contra de Gutiérrez Müller. Sencillamente porque la virulencia carece de justificación. Por más que la señora no sea precisamente poseedora de un carisma que subyugue, o que a muchos disguste que se haya atrevido a grabar la canción Estás aquí, con Tania Libertad y Armando Manzanero, o que en una entrevista para la Universidad Autónoma de Nayarit, haya tenido un lapsus al referirse al poeta Amado Nervo, como “mamado Nervo”, tampoco cuando en la campaña, en otra entrevista junto a Tatiana Clouthier, hizo una seña obscena (“caracolitos”).

screen-shot-2018-04-26-at-7.55.25-pm.png
Imagen: tomada de Nación 321

Subrayamos: en este México, donde la violencia domina y aterroriza a la sociedad, no cabe más barbarie en ninguna de sus formas. Y la violencia en las “benditas redes sociales” es inaceptable.

Pero es obligado reflexionar en que las agresiones –injustificables, insistimos- se han exacerbado en gran parte por el discurso tóxico de Andrés Manuel López Obrador desde que era candidato presidencial, intensificado ya como titular del Ejecutivo. “Fifís”, conservadores y tecnócratas son algunas de las etiquetas impuestas a diario por el presidente a sus adversarios y críticos.

Acusar, descalificar, señalar y vilipendiar, son, lamentablemente, verbos que tiene a la mano el mandatario y que usa cuasi todos los días para azuzar a las hordas y boots en contra de quienes lo critican y cuestionan. De este modo, las multicitadas “benditas redes sociales” están convertidas irremediablemente en la más despiadada arena política y social. Hoy, paradójicamente, todos estos perniciosos factores han hecho que la esposa del presidente López Obrador claudique en Twitter.

Un alto en la ruta del odio es impostergable. Detenerse a analizar las consecuencias que ya origina la batalla campal en las redes sociales es urgente. A nadie beneficia el daño social que, como la más letal de las enfermedades, en un encono aniquilador, invade a quienes apoyan o no a López Obrador.

Verdaderamente asusta constatar la ferocidad de unos y otros en la defensa y ofensa cuando se trata no ya de la figura presidencial, sino de Andrés Manuel López Obrador en sí. Los odios están a flor de piel y dejan su impronta en el miserable nivel del debate que se realiza en las “benditas redes”. No es esto lo que México precisa en horas de crispación social saturado de violencia.

Dividir a los mexicanos en “chairos” y “fifís” es desastroso. Colaborar a ello desde la plataforma presidencial, es un error mayúsculo por decir lo menos. El discurso del mandatario debe atemperarse, serenarse en todos los sentidos, y esto no quiere decir que deba quedarse callado, pero sus respuestas deben ser con argumentos, libre de exabruptos e insultos. El tabasqueño tiene el oficio político para hacerlo. No hay necesidad de vulgaridades ni hacerle el juego a provocadores.

Beatriz Gutiérrez Müller hubo de abandonar Twitter a causa de la muy peligrosa intolerancia que se adueñó de esa plataforma. Llevar a un ciudadano a rendirse, aunque sea la esposa del presidente, ante tanta violencia, no es sano para democracia alguna. Sin embargo, doña Beatriz recibió indebidamente, como bumerang, los efectos de lo alentado por su marido en las retóricas “mañaneras”. La señora se convirtió en el blanco predilecto para desquitarse de AMLO.

STATU QUO

A propósito de “redes sociales”, éstas sirvieron para promover, mediante el hashtag #FueraAmlo, la #MarchaDelSilencio realizada ayer en la Ciudad de México en contra del presidente López Obrador. Algunas otras se llevaron a cabo en diversos lugares de la república mexicana. La más numerosa fue en la ciudad capital donde miles de inconformes con la tarea del mandatario caminaron desde el Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución pidiendo su renuncia.

Dada la profunda polarización social, en Palacio Nacional no debe minimizarse la protesta y mucho menos descalificarla. Las inconformidades cada vez son más. 

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*