La revocación y la carabina de Ambrosio

Este domingo se realizará en México una consulta de revocación de mandato. Ejercicio inédito, aunque innecesario en el país. En palabras llanas, es otro de los muchos caprichos del señor presidente López Obrador, quien fue elegido para gobernar seis años. Además, está fuera de la normatividad, pues sólo aplicaría, en todo caso, al próximo mandatario. La ley no es retroactiva.

Pero la realidad es que, a querer o no, el día 10 de abril marca un parteaguas en la historia moderna de la nación azteca. La dichosa revocación es, en sentido estricto, un acto morenista para satisfacer el ego descomunal del jefe del Ejecutivo y medir, al mismo tiempo, luego de más de medio sexenio, el voto disponible de Morena rumbo a las próximas elecciones de junio en seis estados.

Resulta evidente que el poder de Andrés Manuel López Obrador en la tarea presidencial ha menguado. Es algo natural, pues el poder se desgasta día a día y esto se acentúa conforme se ejerce. Empero el tabasqueño aceleró este proceso a través de las muchas y variadas confrontaciones con diversos sectores sociales: mujeres, empresarios, padres de niños con cáncer, críticos, intelectuales, periodistas, artistas, y todo aquel que ose disentir de él, quienes son considerados “enemigos”.

Y no es sólo lo anterior, al adelantar la sucesión presidencial, el máximo líder de Morena se dio un balazo en el pie y exacerbó el referido desgaste. Sus “corcholatas” andan muy distraídas, desatadas, ya en campañas, disputándose la rentable candidatura del partido rumbo al 2024.

Desde hace muchas semanas toda la maquinaria oficial a las órdenes del presidente López Obrador, se puso en marcha para difundir y apoyar ese ejercicio, sin importar, en muchos casos, violar la ley electoral. Así vimos al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, publicitando la revocación, usando para ello recursos del Estado, como lo fue viajar en un avión de la Guardia Nacional.

También otra funcionaria dócil en extremo, conocida por su amplio servilismo hacia el señor presidente, como lo es la jefa de Gobierno de la capital de la República, Claudia Sheinbaum, promueve sin pudor alguno la mencionada revocación de mandato, en franco desacato a las normas del INE que lo prohíben expresamente. Así, es total la cargada en favor del presidente y su capricho.

¿Qué gana México con la revocación de mandato? Con el presidente actual, nada absolutamente nada. Es una práctica que sirve únicamente hoy a los intereses y proyecto político de López Obrador, incluyendo los sueños guajiros de una reelección. ¿A los 53 millones de pobres cómo les beneficia esto? No mejorarán sus deplorables condiciones de vida. A la sociedad en general no se le garantizará la seguridad que tanto se anhela. Tampoco a los millones de mexicanos que no encuentran un trabajo formal y digno y que, a dura penas, sobreviven en la informalidad.  

Mucho menos va a frenar milagrosamente la alta inflación que devora los exiguos ingresos del pueblo “bueno y sabio” por el alza incontrolada de alimentos, gas LP y medicinas, entre otros productos de primera necesidad. Menos aún se corregirá el lesivo desabasto de medicamentos y la pésima atención en los hospitales del sector público que cada día están peor en el servicio.

Lejos de unir y terminar con la cada vez más peligrosa polarización social, sea cual sea el resultado de la multimencionada revocación de mandato, la profundizará más. Enmascarada como una propuesta democrática, la acción ordenada en Palacio Nacional es, asimismo, un distractor más de los muchos y muy graves problemas que padece México. Inseguridad, violencia, pobreza, desabasto de medicinas, sistema educativo mediocre y corrupción gubernamental, azotan a la población.

Así que, como dijo ilustre líder morenista palatino: que no nos vengan con que la revocación de mandato es la revocación de mandato; es más bien tan útil, como la carabina de Ambrosio.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla*