La renuncia de Germán Martínez al IMSS, un golpe a la 4T

La crisis del IMSS no se refleja sólo en el pésimo servicio que presta a los derechohabientes, en las demoras para realizar estudios o análisis de laboratorio, en la escasez de medicamentos y en la ineficacia y malos tratos de los burócratas que tiene como empleados, entre algunas de las ancestrales y nocivas deficiencias que han socavado rápidamente el prestigio del organismo.

Quizá el mayor peligro latente es el que presenta la frágil situación financiera del Instituto. Las pensiones son una bomba de tiempo. Este rubro demanda cada vez más recursos. Con una población envejeciendo velozmente, la cual precisa atención médica y todo lo que ello conlleva, con enfermedades crónico-degenerativas que se han tornado en pandemias y  la obesidad con sus lesivos efectos, el IMSS, de facto, es un ente anquilosado en varias de sus áreas neurálgicas.

No es posible que un paciente deba esperar semanas para que le hagan análisis, o meses para una cirugía. Incluso, que pacientes deban acudir a clínicas muy lejanas a su domicilio para solicitar el servicio médico. La realidad cotidiana es que la actual infraestructura del Seguro Social va en sentido contrario a las necesidades imperiosas de sus 68 millones de derechohabientes.

Para mejorar sustancialmente la calidad del servicio médico público a niveles de los países nórdicos, como lo prometió el presidente López Obrador el pasado 15 de abril, es indispensable ampliar el presupuesto para ello. En esa pretensión, el IMSS, como columna vertebral de tales servicios, debe recibir más dinero del erario para garantizarlo. No obstante, hoy, con la “austeridad republicana” el jaloneo por controlar las asignaciones federales del Instituto llegaron a un punto de quiebre entre Germán Martínez, su director hasta este martes, y el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa.

German Martínez, expresidente nacional del PAN y uno de los tantos neomorenistas beneficiados por el tsunami obradorista, ni seis meses aguantó la grilla y los misiles provenientes de la Secretaría de Hacienda; este martes, mientras AMLO visitaba por sexta ocasión el fatídico estado de Veracruz, se conoció la renuncia de Martínez Cázares al IMSS; los motivos causaron harto revuelo.

“Quiero decirlo lo más claro que puedo y debo: algunos funcionarios de la Secretaría Hacienda tienen una injerencia perniciosa en el IMSS y ponen en riesgo la vocación igualitaria, de justicia y, concretamente, de prestación de servicios de salud que tiene el Seguro Social”, acusó el funcionario en su carta de renuncia. El destinatario de la “injerencia”, es el secretario de Hacienda.

Sabido es que, el titular de  Hacienda, al manejar los dineros públicos, de facto es un  supersecretario, y su cercanía con el presidente por ese motivo, le da una influencia especial respecto al resto de los secretarios de Estado. Pero en el caso de Carlos Urzúa Macías, hombre de fiar para López Obrador, la presión que recibe para proveer los recursos que exige su jefe con objeto de cumplir los muchos compromisos que prometió en campaña, lo tienen en el ojo del huracán.

Politólogos, analistas y columnistas, desde hace tiempo consideran que la permanencia de Urzúa en el cargo pende de un hilo y la mayoría de ellos cree difícil que pueda cumplir el año al frente de Hacienda. Este periodo podría acortarse si Urzúa Macías se atreve a oponerse a cualquier demanda presidencial. Ser la voz discordante y contradecir al mandamás de Palacio Nacional al hacerle notar la imposibilidad de contar con todos los recursos para hacer realidad los programas sociales, bajó de la subsecretaría de Egresos, de Hacienda, al economista Gerardo Esquivel, por eso lo colocaron en Banxico, asegura la vox pópuli. Ante el carácter intolerante de AMLO, no lo dudamos.

López Obrador, intentó minimizar el pleito entre German Martínez y Carlos Urzúa a causa del control presupuestario del IMSS y de la centralización de compras, hecho que exhibe sólo una de las varias disputas que hay al interior del enclave morenista. Recordemos la de Monreal y Yeidckol.

Entrevistado al respecto durante su gira por la entidad veracruzana, el presidente dijo no compartir los puntos de vista expresados por German Martínez en su carta de renuncia. Sin embargo, aseguró que no hay rompimiento con él, pero aclaró que “hay muy buenos servidores públicos para sustituir a quienes no están conformes”, así que la preocupación no parece estar en el ánimo del tabasqueño, o de plano es bueno para fingir no estar enterado de las luchas intestinas en su equipo de trabajo.

Por lo pronto, un funcionario de primer nivel y político notable, no dudó en arrojar la toalla. Una baja relevante que alegrará a varios, pero es innegable que muestra a la opinión pública las fracturas, malquerencias, intereses personales y de grupo  en el primer círculo del jefe del Ejecutivo.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: imss.gob.mx*