La realidad rebasa los deseos del Presidente

Bastaron dos semanas para que la realidad alcanzara inexorablemente al presidente López Obrador. La diferencia entre la retórica que generosamente se desborda en las campañas electorales y lo que se vive en el día a día al ejercer el poder, es abismal. Incluso, el todopoderoso presidencialismo tiene sólidos límites, fronteras infranqueables en los recursos materiales, en las capacidades humanas del mandatario y de sus colaboradores, pero sobre ellas, destacan las que impone el statu quo.

Así hemos visto como la nomenclatura del Poder Judicial se enfrenta decididamente al mandatario, pues éste pretende disminuir sus amplios sueldos y vastas prerrogativas mediante la nueva Ley de Remuneraciones. Al tocar esos intereses, Obrador pateó el avispero. Los señores virreyes están dispuestos a ceder en cualquier cosa que pida el Presidente, excepto en cuestiones de dinero.

Y así quedó comprobado de manera plena mediante el comportamiento de Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, hoy flamante secretaria de Gobernación. Doña Olga prometió renunciar a su jugosa pensión de 258 mil pesos mensuales cuando llegara al Palacio de Cobián. Pero la señora mintió. La semana pasada anunció que donaría el sueldo como titular de la Segob cuyo importe es de 108 mil pesos. Es decir, se decantó por conservar el ingreso de mayor importe. La austeridad, está visto, no se incluye en las virtudes de la burocracia dorada.

Desde luego que López Obrador también se ve obligado a soportar los yerros imperdonables de gente cercana a él o de ciertos morenistas que son un lastre para el tabasqueño. Ahí está la perla de Paco Ignacio Taibo II y su misógina y vulgar frasecita: “Se las metimos doblada, camarada”. A pesar de la condena social al nativo de España, ahí está, al frente del Fondo de Cultura Económica.

También está presente el talante autoritario de un personaje impresentable que nada aporta a México, por el contrario, ha vivido cómodamente a expensas del erario: Felix Salgado Macedonio, increíblemente, nombrado por Morena como presidente de la Comisión de Defensa Nacional en el Senado. El guerrerense, de escándalos memorables, amenazó con desparecer los poderes en aquellos estados que no se ajusten a las políticas en materia de seguridad impulsadas por el Ejecutivo federal.

Pero los yerros del equipo obradorista parecen intensificarse a medida que la presión social los tiene bajo la lupa. La arrogancia los devora y provoca que exhiban sus vastas limitaciones como funcionarios. Así es posible escuchar disparates como el de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, quien durante su comparecencia el viernes pasado ante Comisiones en el Senado, llamó a la iniciativa privada a bajar los altos salarios de sus empleados para que se ajusten a los del servicio público. Una aberración inexcusable que provocó el escarnio en redes sociales hacía Sandoval Ballesteros, quien pretendió negar sus dichos bajo la excusa de que se trataba de una “fake news”. No obstante, la existencia de video y audios la dejaron como mentirosa.

Mas los disgustos que debe soportar el presidente López Obrador no se generan únicamente entre los miembros de su Gabinete. Está latente el tema del muro que insiste en construir Donald Trump en la línea fronteriza entre México y Estados Unidos, asimismo, el asunto de los migrantes centroamericanos que, a pesar del optimismo del Canciller Marcelo Ebrard, no deja de ser un problemón latente, donde Trump y compañía tienen mucha injerencia. De facto, el gobierno obradorista carece de la fuerza necesaria para oponerse a las imposiciones migratorias de EE.UU.

Es necesario agregar a todas las preocupaciones presidenciales mencionadas, la de los recursos para cumplir el cúmulo de promesas realizadas durante su campaña. Quienes votaron por AMLO esperan ansiosamente que cumpla. Los “ninis”, los adultos mayores, aquellos jóvenes que anhelan, ahora sí, poder ingresar a la Universidad, las familias que ya no soportan los incrementos constantes en los  precio del gas LP y las gasolinas, que frenen el alzan de los alimentos y que los salarios mejoren, son algunas de las deudas del mandatario para los que le otorgaron de manera apabullante, el voto.

Sin embargo, queda claro que Andrés Manuel López Obrador no es un superhéroe. Es, hasta hoy, un político carismático para algunos y simplemente un demagogo expriista para otros. En lo que no hay controversia, es en que el neo Presidente de México, no cuenta con los recursos para hacer efectivas todas sus ofertas electorales. Prometió que sólo con terminar con la corrupción y el dispendio –innegable- en el aparato gubernamental generaría los recursos suficientes para financiar lo prometido. Ya se vislumbra que no será posible. Máxime si la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México  en Texcoco se le complicó y terminar con el proyecto derivará en un costo altísimo. Los tenedores de los bonos emitidos para financiar dicha terminal, no van a ceder y pretenden, como inversionistas, obtener ventajosamente algo más que la inversión. Un entorno difícil si los precios del petróleo  van a la baja, si el crecimiento del PIB rondará el 2%, y no habrá nuevos impuestos ni aumento a los ya existentes. Por lo menos, eso prometió AMLO.

Por lo pronto, es lamentable que en el nuevo presupuesto se considere destinar menos dinero para áreas fundamentales como la ciencia y tecnología y restringir los aportes del erario para cultura. Es definitivo, la realidad está rebasando los buenos deseos del señor Presidente.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*