La presuntuosa firma del T-MEC… peero

Cuando parecía que la semana reciente había sido muy afortunada para el presidente López Obrador, apareció el fatídico pero. Cinco agregados laborales serán designados por el gobierno estadounidenses, con el propósito de supervisar la implementación de la reforma laboral en el contexto del recién firmado T-MEC, acto donde el optimismo oficial se desbordó a niveles de éxtasis.

La firma del T-MEC significó un gran logro para el alicaído Ejecutivo luego del desastroso operativo del Ejército en Culiacán y que le costó unos 10 puntos en la aprobación ciudadana. A este pernicioso factor se sumaron el nulo crecimiento económico y la incontenible inseguridad que proyecta al 2019 como el año más violento del que se tenga memoria. Hoy, en el país, la violencia sigue como macabra rutina.

Marcelo Ebrard, a quien no pocos le atribuyen funciones de vicepresidente, está convertido en un eficaz apagafuegos de los caprichos trumpianos lo que a querer o no lo posiciona a la cabeza de la aún lejana sucesión presidencial. Pero en algo pecan de ingenuos don Marcelo y el equipo cercano de López Obrador: Donald Trump no es de fiar, así que no le importa que el lopezobradorismo ponga el grito en el cielo por el agandalle descrito, él quiere reelegirse, como sea.

Por lo pronto, Jesús Seade Kuri, subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte y negociador del citado tratado comercial, viajó este domingo a la unión americana con el fin de aclarar el espinoso tema de los inspectores laborales, un asunto que se vislumbra complejo, máxime luego de que el propio Seade resaltó junto a su jefe el miércoles último, durante la conferencia de prensa en la Cancillería, que, “se logró evitar la imposición de inspectores en materia laboral”. Por lo que sabe, esto es inexacto… y peligroso.

Debido a la ancestral dependencia que tiene México de los Estados Unidos -en lo económico, comercial, incluso social-, es prácticamente imposible que la administración de López Obrador oponga resistencia a la voluntad de nuestro vecino norteño, eso mantiene –y ha mantenido- la relación entre ambas naciones en una desigualdad perjudicial para todo lo que significa México.

Agustín Carstens, prestigiado economista, exsecretario de Hacienda y ex gobernador del Banco de México, describió, -no sabemos con certeza si lo hizo con todo el sarcasmo posible- la causa-efecto de la interacción entre EE.UU. y la nación azteca:

“Sólo hemos visto los cortos de una película; la película de suspenso empezó hace unos meses y la de terror todavía no la vemos”, dijo en diciembre de 2016, ante miembros del Instituto Mexicano de  Ejecutivos de Finanzas, a propósito de las amenazas de Donald Trump.

Hoy, Donald Trump nos exhibe una y otra vez esa película de terror, lo hizo durante el peñismo y ahora lo hace en el gobierno actual. No obstante las lisonjas que le dedica a su homólogo mexicano, en los hechos basta un tuitazo amenazador  –el arma favorita del republicano- para que el peso se devalué, la bolsa pierda terreno, los capitales huyan despavoridos y las inversiones dejen de fluir.

Por eso es de trascendental importancia que Ebrard Casaubon entre al quite una vez más e intente solucionar de la mejor manera la trama de los inspectores laborales. Para ello se requerirá operar muy fino, pues hay demasiados intereses laborales y políticos contenidos en el nuevo acuerdo comercial. Los poderosos sindicatos norteamericanos son un factor de mucha presión.

En colaboraciones anteriores hemos subrayado que no es la “mafia del poder”, ni “los conservadores”, “la prensa fifí”, los industriales, incluso el crimen organizado, quienes le pueden incendiar de manera definitiva la pradera al mandatario de México, son los estadounidenses con sus enormes intereses en la república mexicana y así lo han demostrado a través de la historia.

Recientemente existen muestras contundentes de cómo se las gastan allende nuestra frontera norte. Por ejemplo, la amenaza de imponer aranceles a las exportaciones nacionales destinadas a Estados Unidos, bastó para que el gobierno lopezobradorista doblará las manos y se convirtiera sin dilación  en extensión de la feroz policía gringa para detener con asombrosa eficacia el flujo migratorio proveniente de Centroamérica que busca llegar al territorio norte y cumplir el cada vez más utópico american dream.

Y quién no recuerda la abrupta partida de México hace unos cuantos días del expresidente boliviano, Evo Morales, sólo unas horas después de la visita del fiscal general de EE.UU. a López Obrador. Tal como se aprecia, hay ciertos “deseos” imperialistas que son inobjetables y fuera de negociación alguna.

Desde luego que el presidente López Obrador, reacio a las relaciones y atmosfera internacionales –con un año en el poder no ha salido del país- seguramente ya entendió que el discurso severo, amenazador y patriotero de su campaña nada tiene que ver con la realidad de la inextricable relación con la abusiva potencia que tenemos como vecino. Nadie lo objeta: los dichosos inspectores laborales que impondrán los “primitos”, es un atropello, sí, pero en ningún modo es novedad.

@BTU15   

*Nota del editor: Foto en portada: lopezobrador.org.mx*