La porra “fifí”

Un solo aficionado más no cabía. Los boletos incluso se agotaron en pocas horas el día que se pusieron a la venta; la eficaz reventa hizo su agosto y los cotizó muy caros. La inauguración del nuevo estadio que albergará al equipo de béisbol Diablos Rojos del México, se esperaba con ansia desde hacía meses por los seguidores del equipo propiedad del millonario y filántropo Alfredo Harp Helú.

Y el día llegó. Éste sábado era un día de fiesta en la  Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixuca, al oriente de la Ciudad de México. Recién había entrado la primavera, quizás ello colaboraba al ánimo festivo de los asistentes. La inauguración estaría nada menos que a cargo del presidente López Obrador, aficionado de hueso colorado al llamado rey de los deportes, lanzaría, además, la primera bola.

Cuando el mandatario, vistiendo la chamarra de los Diablos, acompañado por Harp Helú y otras personas allegadas al empresario oaxaqueño, así como funcionarios del gobierno capitalino y federal caminaron sobre el césped para dirigirse a los micrófonos y hacer la declaratoria inaugural, inició el abucheo. Las rechiflas, insultos, silbidos y gritos de reprobación hacia López Obrador se escucharon en el reluciente y hermoso inmueble ocupado al tope por 20 mil 813 espectadores.

Aún así, el tabasqueño saludaba con la mano hacia la tribuna y esbozaba una sonrisa. Trataba de restar importancia a las ofensas. De hecho, el jefe del Ejecutivo no está acostumbrado a un clima hostil desde que llegó a la Presidencia; en sus numerosas giras de trabajo los aplausos, porras y selfies son parte del ambiente con el que es recibido. Los baños de pueblo se preparan ad hoc.

“No voy a hablar mucho, porque hay algunos de la porra de el equipo “fifí, pero la mayoría de la gente está a favor del cambio”, espetó el presidente López Obrador cuando tomó la palabra. La rechifla entonces se tornó más intensa. El pueblo bueno, al igual que ha sucedido con otros mandatarios, le dejó un amargo recuerdo al huésped de Palacio Nacional. La vox pópuli, vox dei, se dejó escuchar sin ambages.

Por eso es que lo sucedido durante la apertura del estadio Alfredo Harp Helú, no puede pasar desapercibido. Es una manifestación espontánea de que no todo es miel sobre hojuelas para el señor Presidente. De que, a pesar de los 30 millones de votos obtenidos (53%) para ganar de manera incontrovertible la contienda electoral en julio pasado, está el otro 47% que no sufragó por él.

López obrador es un tipo obcecado al que le cuesta muchísimo escuchar y admitir errores. Pero no se puede negar que es inteligente, audaz y muy perseverante. Y si el abucheo del sábado le dejó una advertencia, es seguro que desde ahora ya tiene confirmada la inexistencia  de luna de miel con un amplio sector de la sociedad. Incluso, no son pocos quienes habiendo votado por él, dicen estár arrepentidos, particularmente burócratas que fueron despedidos abruptamente con burdas maneras de las dependencias oficiales.

Y lo del sábado no es un hecho aislado. La víspera, hubo un aviso de la inconformidad popular, cuando en el aeropuerto de Acapulco, previo a participar en la Convención Bancaria, López Obrador fue increpado por un grupo de mujeres que lo abuchearon y le gritaron “fuera, fuera” debido a la cancelación del apoyo a las estancias infantiles. Él sólo les hizo una señal de que las veía.

Cierto, es un hecho irrefutable, la popularidad del presidente López Obrador está al máximo, pero hay acciones de su gobierno que irremediablemente lo colocarán más temprano que tarde en un descenso de la misma. Retirar el apoyo a las mencionadas estancias infantiles ha sido uno de los errores más graves en que ha incurrido. Ni la cancelación del aeropuerto en Texcoco –ya de por sí injustificable- parece haberle causado tanto daño político. Las madres, tal parece, no se lo perdonarán.

Tildar de “fifís” a quienes osan discrepar del Ejecutivo, no es precisamente la estrategia más inteligente. En los supuestos “fifís” de la porra causante del abucheo el sábado último, había empleados, obreros, familias, jóvenes, mujeres, niños y adultos mayores. Y no, para nada integran las filas fifistas, según la definición peyorativa de Andrés Manuel López Obrador, son, insistimos, las voces del pueblo, ése que, efectivamente, pone y quita. Así, no sólo es inadecuada sino grosera la descalificación presidencial y abona directamente a la muy peligrosa polarización social.

LOS RETRASADOS MENTALES EN EL SENADO

Para la senadora por Morena, Eva Galaz Caletti, los reporteros que cubren la fuente en el Senado de la República son nada más que “retrasados mentales”. La andanada de críticas hacia la boquifloja y torpe legisladora coahuilense no se dejó esperar y la obligó a disculparse vía redes sociales:

“En relación con el exabrupto que tuve durante la conferencia de prensa… no hay excusa para justificar mi comentario, ofrezco mis sinceras disculpas”. Posteó en su cuenta de Twitter @galaz_eva, el jueves pasado. Qué tal con el exquisito comportamiento de ciertas morenistas, Jesusa Rodríguez, entre ellas, por supuesto.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*