La barbarie en México, llegó al futbol

Mirar las imágenes de lo ocurrido la tarde de este sábado en el Estadio Corregidora de la capital queretana, producen al instante una indignación sin límites, pero también enorme tristeza.

Apenas el pasado 23 de febrero, en mi columna titulada El futbol en tiempos de pandemia (bit.ly/3tBI02G), escribí: “El balompié es, sin lugar a dudas, el deporte más popular sobre el planeta. En México es la actividad lúdica con más adeptos. La que apasiona, enloquece, hermana, entristece”.

Hoy, es absoluta e indisoluble la relación futbol-sociedad-. Así, es posible afirmar que se convirtió en un reflejo de esta última. La violencia que prevalece en el país, finalmente contaminó lo que parecía el último reducto para disfrutar algunas horas de sana diversión. Ayer, esto se derrumbó.

Ninguna justificación tiene la barbarie provocada por los trogloditas de las ridículamente llamadas barras, durante el encuentro entre Querétaro y Atlas. La perniciosa “moda” de tales grupos -en los hechos sumamente violentos per se-, fue importada de Sudamérica por algunos directivos de los equipos y hace tiempo se les empezó a salir de control. Existían indicios de ello que nadie atendió.

Las peligrosas barras, a excepción de una que otra, son, de facto, una partida de violentos, un conjunto de control patrocinado, sí por los equipos, pero con la sospecha de que el crimen organizado no sería ajeno a las directrices obedecidas por quienes dirigen a tales “aficionados”.

Es la realidad  de México, desbordado por la inseguridad y violencia, donde miembros de uno de los tantos cárteles que dominan el territorio nacional, fusilan a 17 personas a plena luz del día, se llevan los cadáveres y se dan tiempo para lavar la escena de la matanza; el país donde siete periodistas han sido asesinados en lo que va del año; donde hay miles de desaparecidos; donde las masacres ya no son novedad alguna. Los feminicidios son otra vergüenza y la polarización social es alarmante.

Precisamente en ese marco de fiereza, de la ira social contenida como en una olla de presión, saturada por diversos factores como la insoportable pandemia que se ha cobrado la vida de más de medio millón de mexicanos; de la devastadora pobreza en la que está sumida la mitad de la población; del hartazgo por los pésimos gobernantes que no han hecho otra cosa sino enriquecerse cada sexenio y convertirse, además, en una muy eficiente fábrica de pobres y corruptelas.

Sí, México vivió ayer una de los capítulos más oscuros y vergonzosos de su historia moderna. Una horda de salvajes agrediendo de manera impía ante la impotencia y terror del resto de los asistentes en el mundialista Estadio Corregidora. Testimonios que pronto dieron la vuelta y horrorizaron al mundo. El gobierno no acaba de salir de sus muchos y graves problemas cuando ya le cayó otro.

Como siempre que sucede una tragedia de alcances mayúsculos, la de ayer no está exenta del oportunismo deleznable de quienes buscan beneficiarse con ella. En especial la abyecta clase política que sale rauda a “condenar enérgicamente” lo sucedido en Querétaro, uno de los estado más bellos e históricos de la república mexicana, en lugar de tomar decisiones concretas y correctas.

Hay muchas especulaciones alrededor de las causas tras la barbarie. No hay que adentrarse en ellas si no hay elementos irrefutables. Lo en verdad urgente es que el gobierno de Querétaro investigue rápido y de con los culpables del corregidorazo y los lleve, a todos, ante la justicia. La gente no quiere chivos expiatorios. Quiere justicia y que no haya impunidad, como suele pasar.

Obvio, nadie está libre de culpa en la desgracia acaecida en el Corregidora. Ni el gobierno ni autoridades de Querétaro. Tampoco la Federación Mexicana de Futbol, ni los equipos profesionales. Incluso la noble afición que asistiendo a los estadios avala en cierta forma el actuar de las detestables barritas y la indolencia de los dueños de los equipos que no se dignan tomar decisiones drásticas para acabar de una vez por todas con esas lacras y que sólo privilegian las ganancias.

Cierto, el futbol está de luto, pero lo está también el país, igual que cuando desaparecieron los 43 normalistas, se derrumbó el Colegio Rébsamen y murieron 26 personas, o los muertos y heridos en el derrumbe en la Línea 12 de Metro; también cuando una mujer es asesinada o una madre llora a un hijo o hija desaparecida. Parece que el dolor forma irremediablemente parte del equipaje de cada uno del pueblo bueno y sabio, ante la ausencia de justicia y la sobra de impunidad.

La pregunta es si desafiliar al club Querétaro, imponerle una multa, o vetarlo por varios partidos, solucionará la violencia de los fatídicos barristas. Se precisa atacar el problema de raíz, no de incurrir en paliativos inútiles. Por lo pronto, nuestro futbol no sólo es bananero en la cancha, también en las tribunas. Siento una lástima absoluta en el domingo, al mediodía en que escribo esta colaboración.

STATU QUO

Se le viene encima otro tsunami al presidente López Obrador con la filtración de audios, donde el fiscal Gertz Manero charla con su mano derecha, Juan Ramos López, y evidencia su “mano negra” en la Suprema Corte de Justicia para ser favorecido en el caso que lleva contra la expareja de su hermano y la hija de ésta. El drama en el Corregidora no lo disminuirá.

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: BTU*