La asombrosa inteligencia en el TEPJF

México es una nación esplendorosa, llena de grandeza; lo sabemos todos. También lo reconoce y admira el mundo. El pero es que en él suceden, lamentablemente, las aberraciones más sorprendentes. Podemos mencionar, a manera de ejemplo, que siendo una de las naciones con mayor desigualdad y donde prácticamente uno de cada dos habitantes se ubica en nivel de pobreza, tenemos, paradójicamente, mexicanos cuyas fortunas los colocan entre los más ricos del planeta.

Así de surrealista es este México nuestro, donde los poderosos, los integrantes de la nomenclatura viven espléndidamente en el otro México que se han creado para su absoluto beneficio. Desde su mundo de opulencia miran con desdén lo que sucede a una población hartada, saqueada, lastimada.

Y esa caradura de quienes tienen la obligación irrestricta de procurar el bienestar social, ofende por el cinismo mayúsculo con el cual tratan las apremiantes necesidades de millones de ciudadanos. Hace unos días, el presidente Enrique Peña Nieto se atrevió a decir que somos proclives a “auflagelarnos”, ignorando, precisamente, la existencia de 53.4 millones de pobres y 9.4 en pobreza extrema; las miles de muertes violentas; asimismo, los millares de víctimas por desaparición forzada; las terribles cifras que han dejado los feminicidios; incluso, los más de 40 periodistas asesinados durante su sexenio y los 47 candidatos ejecutados en el actual proceso electoral.

Pero las ofensas y dislates oficiales no son monopolio de la casa presidencial. Así es posible escuchar las demagógicas declaraciones del jefe de Gobierno sustituto de la Ciudad de México, José Ramón Amieva negando la presencia del crimen organizado en la capital o al secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, tratando sistemáticamente de minimizar el gravísimo problema de inseguridad que azota al país y el irrefrenable deterioro del endeble Estado de derecho.

Más la soberbia ola de agravios y “desatinos” de la alta burocracia, desde hace tiempo se extendió sin que nada lo impida. Este jueves, los mexicanos recibimos otra señal de ello. La magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Janine M. Otálora Malassis, “reveló” uno de los más fantásticos hallazgos de que se tenga memoria en la presente administración: “el signo que está marcando el actual proceso electoral es el de la violencia, ya que manos criminales están actuando de manera premeditada y deleznable para decidir por la vía de la violencia quiénes deben o no deben estar en la boleta electoral”.   

A la señora presidenta de ese Tribunal, es necesario y urgente precisarle que la barbarie referida proviene desde antes de que iniciara dicho proceso, acentuándose en el desarrollo del mismo. Es evidente que los barones del crimen organizado han desarrollado tanto poder ante la incapacidad, negligencia y corrupción del gobierno, que hoy es imposible meterlos en cintura. Sus vastas  estructuras criminales siguen intactas en plena operación. La mediática detención de líderes del narcotráfico, está visto, no afecta en lo mínimo a esas perniciosas organizaciones criminales.

Un Estado que es incapaz de brindar seguridad a sus gobernados e intenta escudarse tras excusas banales en lugar de actuar y brindar resultados positivos, es indigno de considerarse como tal. Por el contrario, se exhibe como un poder aldeano. Por ello, son inaceptables y absolutamente condenables los pretextos y retórica de burócratas como la presidenta del TEPJF y de su jefe. En lugar de soltar perogrulladas, deben actuar para solucionar lo que critican.

“Desde aquí hacemos un llamado a las más altas autoridades de seguridad y procuración de justicia de los tres órdenes de gobierno de todo el país para que refuercen las acciones que garanticen la paz y la integridad de los diversos candidatos a cargos de elección popular, así como de todas las familias mexicanas”. Un auténtico e intrascendente llamado a misa de la señora Otálora.

Desde luego que los dichos de la magistrada presidenta del Tribunal Electoral, son innecesarios, vertidos más con el afán de quedar bien, y lo son en el sentido de que el gobierno federal conoce a detalle la atrocidad que arrasa con el orden y la paz social a consecuencia de la violencia e inseguridad alentada por la falta de aplicación de las leyes. México es hoy, para pesar de la sociedad mexicana, uno de los países más peligrosos del mundo. Si alguien en el aparato oficial tiene la osadía y desfachatez de ponerlo en duda, sólo tiene que remitirse a las cifras de la incidencia delictiva del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que ya acumulan en los cinco primeros meses del año, nada menos que 760 mil 916 delitos denunciados. ¡Qué tal!

STATU QUO

La mejor noticia de la semana: por fin, el próximo jueves llega la ansiada veda electoral. Un oasis en medio de las infaustas campañas electorales y el bombardeo de los no menos despreciables spots que atormentan a las audiencias. Bienvenido ese remanso de paz y el fin de tanta estridencia.

@BTU15