En la 4T abundan los fifís

Pocos días bastaron para que el pueblo bueno y sabio tuviera la primera muestra de que en la autollamada cuarta transformación nada sería diferente respecto a los gobiernos que la precedieron en el poder. César Yáñez, hombre cercanísimo a Andrés Manuel López Obrador, se casó con Dulce María Silva Hernández, también de los afectos del tabasqueño, en una boda plena de suntuosidad.

A la fastuosa ceremonia, celebrada en Puebla y amenizada por Los Ángeles Azules, entre otras agrupaciones musicales, acudió como testigo el entonces presidente electo López Obrador. Hasta ahí todo estuvo bajo control. La gota que derramó la bilis de AMLO fue que el fiestón apareció en la portada de la revista Hola donde, además, le dedicaron muchas páginas al evento.

El costo de tal frivolidad para el novio fue demasiado alto, pues quedó relegado de los aprecios del ya para entonces presidente de México. El acto de Yáñez fue la génesis de la incongruencia que en adelante sería el sello del movimiento obradorista. Sí, en la 4T abundan los fifís.

O cómo se pueden considerar, de acuerdo a las descripciones presidenciales, a integrantes del movimiento obradorista que poseen inmensas fortunas. Un ejemplo es el expriista y actual director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, a quien, con su familia, le atribuyen un “imperio inmobiliario” conformado por 23 lujosas residencias en zonas de alta plusvalía.

Qué decir de los millonarios líderes sindicales enquistados hoy en Morena y protegidos por una senaduría. Napoleón Gómez Urrutia, es un ejemplo. Pero también Armando Guadiana Tijerina, un empresario nada pobre de la industria minera, dedicado a la comercialización del carbón en el norte del país. Sí, carbón, ese que contamina de manera brutal el medio ambiente.

Personajes de la 4T que nada tienen de austeros y sí muy proclives a darse la buena vida. Esto no tiene nada de malo, lo criticable es la incongruencia que se da entre los sermones del presidente López Obrador y el comportamiento de varios de sus empleados y simpatizantes morenistas.

El caso más reciente fue cortesía de la secretaria de Turismo de la Ciudad de México, Paola Félix Díaz, quien viajó en avión privado a Guatemala para asistir a la boda del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto y la consejera electoral Carla Humphrey, en lo que fue otra boda fifí. Sólo debido a que la balconearon en redes sociales, “renunció” la funcionaria. Pero está visto que la afición de los servidores públicos morenistas por la buena vida, al igual que priistas y panistas, está en su ADN. No hay diferencias, nada más que en el actual gobierno, lo execrable es la hipocresía con la cual se conducen. El gatopardismo morenista está a la vista de todo mundo.

La propia jefa de Gobierno de la Ciudad de México, incurre en comportamientos que, según su jefe y padre político bien pueden adjudicarse a fifís y conservadores. Así la captaron tomándose selfies en el autódromo con el piloto mexicano de Fórmula 1, Sergio ‘Checo’ Pérez. Además, promocionó su gobierno en varios espectaculares a lo largo del circuito. La F1 es uno de los espectáculos más elitistas que hay en el mundo y a él asistieron varios integrantes de la 4T, como Mario Delgado.

Y no es que se quiten la máscara los morenistas que se casan en medio del lujo y derroche o que asistan fascinados a eventos fifís propios de los millonarios y la malvada clase media aspiracionista, más bien jamás se la han quitado. Únicamente simulan, se esconden en apariencias burdas e insostenibles. Dicen pertenecer a la izquierda pero cobran, se visten, gastan, comen, viajan y se divierten como auténticos potentados de derecha. Ninguna autoridad moral los sostiene. Su congruencia, esa que tanto pregonan en los sermones mañaneros, es absolutamente farisaica.

Así, aunque se desgarren las vestiduras, los fifís de la 4T existen, son muchos y no se esfuerzan por esconder sus gustos exquisitos, su frivolidad y la urticaria que les provoca escuchar la palabra austeridad, en particular si ésta es republicana. Los propios hijos de su máximo líder, el real, no el de parapeto, gustan de la dolce vita. Al menos así lo ha mostrado José Ramón López Beltrán, el hijo mayor del presidente, quien ya alguna vez presumió en redes sociales, sus vacaciones en el exclusivo, Aspen, Colorado, Estados Unidos, al lado de su esposa Carolyn Adams.

Si los recursos para darse gustos son bien habidos, nada hay por criticar. Lo que es condenable desde cualquier arista, es precisamente la doble moral, el cinismo y la hipocresía de un discurso falaz que en los hechos se derrumba y no resiste la mínima prueba de honestidad.

STATU QUO

El comportamiento indecente, grosero y vulgar, propio de las más abominables hordas, que los diputados morenistas y sus lacayos dispensaron a Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, durante su comparecencia en San Lázaro, mostró no sólo la falta de argumentos sino la indigencia política de los legisladores del partido en el poder. La torpeza y agresiones verbales de los morenistas colocó a Córdova, que no se arredró, como víctima y lo consolidó ante la opinión pública. 

@BTU15   

*Nota del editor: imagen en portada: Revista Hola*