José José: más gavilán que paloma

En 1971, el gobierno del populista Luis Echeverría (PRI), reprimió en la Ciudad de México una marcha estudiantil en lo que se conoce como “El Halconazo”, lo cual dejó, se calcula, unos 22 muertos, 50 heridos y un número indeterminado de desaparecidos. Un año antes, José Rómulo Sosa Ortiz iniciaba su etapa de esplendor con la magistral interpretación de  El Triste en el festival de la OTI, donde jueces abyectos lo relegaron inmerecidamente al tercer lugar en una amañada votación cuestionada abiertamente por el público en general, críticos, y medios de comunicación.

José nació en la colonia Clavería de la capital de la República en el año 1948, siendo de esos seres predestinados a la gloria y al cariño incondicional del público, merced a su privilegiada voz, a las estupendas canciones que interpretó a lo largo de una extensa trayectoria musical plena de éxitos y también a una vida llena de abusos que lo llevó a tocar fondo y a perder sus facultades vocales.

Pero los ídolos son así. La mayoría de ellos “maldecidos” en mayor o menor medida por la turbulencia que genera la fama, el dinero, las mujeres y los excesos. No obstante, hasta pareciera que tan malos hábitos están necesariamente ligados al éxito arrollador de esas figuras; vicios  que, por cierto, a sus admiradores les tiene sin cuidado y, por el contrario, en muchos casos, les celebra.

Al menos dos generaciones tuvieron el privilegio de disfrutar la plenitud artística de Pepe Pepe, como cariñosamente le llamaba su público fiel. Pero los nuevos mexicanos se fueron cautivando también con las baladas de ese chilango irredento que paseó su virtuosismo por toda América Latina. El “Príncipe de la canción” se agregó a esa casta de consentidos de las grandes masas, como en su tiempo lo fueron Pedro Infante, Jorge Negrete; Mario Moreno “Cantinflas” y Juan Gabriel.

La celebridad que obtuvo desde muy joven José José, fue inversamente proporcional a su tormentosa vida privada, particularmente en lo referente a cuestiones afectivas. Sus matrimonios Con Kiki Herrera Calles, Anel (madre de dos de sus hijos) y el último con Sarita (con la que procreo otra hija), siempre estuvieron, y estarán, en el ojo del huracán.

Mas dos cosas están fuera de toda discusión: la extraordinaria calidad del intérprete y la condición de ídolo popular, acrecentada con su muerte. Sin embargo, la obra del “Príncipe” es vasta y de mucha calidad, lo cual hará posible extender su legado, hecho que seguramente permeará a los adolescentes que inexorablemente se van adentrando en los terrenos del romanticismo.

El extenso catálogo musical de Pepe es tan generoso que resulta imposible decantarse por algún tema en particular –al menos para este comentócrata-, empero destacan, además de El Triste; Almohada; La nave del olvido; Gavilán o paloma; Amar y querer; Lo que no fue no será; Mientras llueve; Volcán; Ya lo pasado, pasado; Preso; 40 y 20; Si me dejas ahora; O tú o yo, entre otras.

Se fue un grande y su partida deja una impronta profunda en sus fans, pero al mismo tiempo, a querer o no, en lo social, en un México que hoy da la impresión de caerse a pedazos por la violencia, la inseguridad; por tanto demagogo y tanta pobreza, por tanta corrupción e impunidad y sobre todo, por una voraz clase política que resultó más nociva que sus predecesoras.

Habrá quien diga que la muerte del gran José José es una trivialidad, y deberán respetarse esas opiniones, aunque estamos seguros que serán escasas. El oriundo de Clavería siempre supo que la gente, “fifís” y “chairos”, lo tenían en sus preferencias musicales y su cariño. Y es verdad, en esto, el pueblo “bueno y sabio” no se equivoca, sabe perfectamente a quien darle la categoría de ídolo.

Cierto, José Sosa fue durante su existencia, tormenta, tornado y volcán, hasta que físicamente se apagó este sábado para convertirse en una leyenda, en un inmortal de la canción romántica con la cual muchos nos enamoramos o nos refugiamos del desamor, que le entramos a la bohemia por puro gusto y echamos tragos con los amigos en una cantina con el trío cantando rolas del buen José.

Hasta pronto, admirado Pepe, gracias por el talento y tantas horas de placer único con tu maravillosa voz. No hay duda, en este mundo fuiste más gavilán que paloma. Que descanses en paz donde quiera que te encuentres.

@BTU15

*Nota del editor: Foto: especial Internet*