Jiménez Espriú y la fanfarronería

Javier Jiménez Espriú reapareció de manera plena en el escenario político con la bendición de Andrés Manuel López Obrador, y sin mácula –al menos no conocida- como la de muchos oportunistas que sin tardanza ni pudor se colgaron de la plataforma del tabasqueño en cuanto fue posible vislumbrar su aplastante triunfo. El ingeniero Jiménez Espriú no es un novato en política.

El próximo secretario de Comunicaciones y Transportes tiene una amplia experiencia como académico de la UNAM donde ocupó importantes posiciones que necesariamente derivan de la operación política en la institución. Se desempeñó como secretario general administrativo; en la Facultad de Ingeniería ocupó diversos cargos, siendo Director de la misma de 1978 a 1982. Incluso, de 1997 a 2007 formó parte de la Junta de Gobierno de la máxima casa de estudios del país.

Fue subsecretario de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico (1982-1988) de la SCT; subdirector comercial de Petróleos Mexicanos (1990-1992) y director general de la Compañía Mexicana de Aviación (1994-1995). Como se aprecia, Javier Jiménez, dista mucho de ser un bisoño ignorante.

No obstante, quien hasta hace poco lucía como un inobjetable y eficaz colaborador de AMLO, parece de pronto haber perdido el piso y la mesura que le caracterizó. La obcecación con la que se opone a la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), en Texcoco, y el apoyo contumaz al proyecto aeroportuario de la base militar de Santa Lucía en lugar del primero, genera un amplio abanico de suspicacias: una de ellas, su innegable relación con el contratista José María Riobóo para beneficiarse del posible desarrollo en Tecámac. A eso da pie tanta necedad.

Una muestra fehaciente de los yerros en que ha incurrido recientemente el “transformado” ingeniero Jiménez Espriú, es lo ocurrido el jueves pasado durante un recorrido en la zona aledaña a donde se construye el NAIM, cuando él y sus acompañantes ingresaron a una mina en Tezoyuca y la apoderada legal les pidió abandonar el lugar por tratarse de propiedad privada. La reacción de don Javier sorprendió a propios y extraños, al amenazar de facto a la mujer que los corrió:

“Yo soy el ingeniero Jiménez Espriú,  seré el secretario de Comunicaciones y Transportes a partir del primero de diciembre, dígale a este señor, al dueño de la empresa, que lo voy a citar para que me muestre todas las autorizaciones que tiene para explotar este banco”, le espetó a la dama.

Desde luego que el comportamiento del próximo titular de la SCT, está fuera de lugar. Aún no es funcionario de la administración federal, por lo tanto, carece de atribuciones para realizar algún acto de tipo oficial, mucho menos citar a persona alguna para que exhiba documentación oficial. El dislate del usualmente amable y correcto Jiménez Espriú no se explica sino en el afán de quedar bien con su jefe, al que debe la oportunidad de estar hoy en primer plano de la política nacional.

La capacidad y experiencia de quien dirigirá Comunicaciones y Transportes no admite controversia.  Es más, desde nuestro punto de vista, es una de las incorporaciones más valiosas en el equipo del presidente electo. Sin embargo pareciera que las presiones en el totalmente politizado asunto de la construcción del Nuevo Aeropuerto en Texcoco, comienzan a hacer mella en la ecuanimidad del caballero Jiménez Espriú. El cambio de conducta, en este caso, no ayuda.

A Javier Jiménez Espriú no le va el incurrir en actos de fanfarronería, simplemente no le quedan. Y no le sientan porque a diferencia de “políticos” patanes como Gerardo Fernández Noroña, él es un hombre decente que no necesita caer en provocaciones ni delirantes protagonismos de ninguna especie. Los argumentos sólidos y convincentes siempre deben estar en el bolsillo de todo político y funcionario respetable. De lo contrario se corre el riesgo de ser colocado en el mismo costal de lo que antes se criticó a ultranza: el influyentismo y el abuso del poder.

Quizás el tema de la consulta, que se convirtió ya en un laberinto, tiene nervioso al futuro secretario de la SCT y al propio López Obrador, pues aún se desconocen las preguntas de la misma, y de acuerdo a encuestas recientes de varios medios de comunicación, la mayoría de los interrogados al respecto considera positivo que continué la construcción del Nuevo Aeropuerto en Texcoco. Aun así, Jiménez Espriú debe reflexionar en su actitud y colaboración con AMLO, pues antes de instalarse en Comunicaciones y Transportes, su gran prestigio -labrado durante muchos años- se erosiona rápidamente y pudiera quedar dañado de manera permanente. Así que, a serenarse ingeniero.

STATU QUO

La Ciudad de México está atrapada en un infernal abismo de inseguridad que se profundizó durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera Espinosa -hoy, senador de la República-; en esa época sentaron sus reales diversos grupos criminales, la inseguridad alcanzó máximos históricos, el transporte colectivo se volvió una pesadilla y Mancera tuvo la demencial ocurrencia de construir una línea del Metrobús en el esplendoroso e histórico Paseo de la Reforma.

Pero la peor decisión de Mancera Espinosa fue haber dejado como sucesor a un burócrata lerdo e incapaz: José Ramón Amieva Gálvez, quien no puede con la tremenda violencia y delincuencia que azota a la capital del país. Los atracos, extorsiones, secuestros, asesinatos y narcomenudeo, son cosa de todos los días, si no, que le pregunten a la actriz Betty Monroe, quien ha sufrido dos hechos violentos en menos de año y medio. Así la anarquía y falta de gobierno en la CDMX.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: @JimenezEspriu*