Instituciones y conservadores, ¡que se vayan al carajo!

La cordura del presidente López Obrador empezó a fracturarse a medida que la oposición y críticos de todos los sectores sociales comenzaron a exhibir de manera más intensa los yerros de su administración y aquellas conductas “inapropiadas” de familiares y funcionarios de su gobierno.

Si bien jamás ha sido un prodigio del buen hablar, y las descalificaciones e insultos están a flor de piel, el tabasqueño ha sabido salir avante merced a su astucia política y enorme facilidad para cambiar los temas que le incomodan por otros superficiales no obstante su discurso incendiario.

A medida que su gestión va hacia el final, con un poder desgastado y graves disputas internas entre las diversas tribus morenistas concentradas en hacerse de la ansiada candidatura para el 2024, el mandatario padece ya inexorablemente lo mismo que sus antecesores: el debilitamiento de su autoridad y una soledad que conlleva, además, el inevitable decaimiento del liderazgo sexenal.

Por eso la exacerbación de la intolerancia presidencial, de la ira, de los ataques sistemáticos en contra del cada vez mayor número de críticos; también las arremetidas palaciegas hacia el INE, la UNAM, INAI, intelectuales, artistas, periodistas, organizaciones civiles y organismos internacionales.

Es evidente, la intolerancia del titular del Ejecutivo está en su máximo. Así que no deben extrañar las respuestas furibundas ni las descalificaciones del tabasqueño. Tal como lo hizo este viernes en Etchojoa, Sonora, cuando tratando –infructuosamente- por enésima vez de justificar la absurda contratación de 500 médicos cubanos dijo: “eso tiene a los conservadores muy enojados. Pues ¿saben? Que se vayan al carajo”. Así de pobre y lastimoso el argumento de López Obrador.  

Días antes, la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) dio a conocer mediante un reportaje (bit.ly/3yLnK30), que Carmelina Esquer Camacho, la hija del secretario particular de AMLO, adquirió una residencia en Houston, Texas, valuada en más de 400 mil dólares, ubicada en un fraccionamiento de reciente creación, no muy lejos de la casa en la que reside José Ramón López Beltrán, el hijo mayor del presidente, en la localidad de Cypress.

Alejandro Esquer Verdugo, el secretario del AMLO –y señalado de ser su operador financiero- es uno de los hombres más cercanos y de todas las confianzas del presidente. En esa lógica obradorista de premiar las lealtades a ciegas, la hija de Esquer, sin experiencia en el sector petrolero, fue impuesta desde mediados del 2019, al frente de Pemex Procurement International (PPI), la filial de Pemex en Houston y responsable de las compras en el extranjero. El sueldo mensual que percibe la afortunada es de unos 300 mil pesos, mucho más lo que gana el propio López Obrador.

Son las profundas incongruencias de la falsa austeridad que tanto se alardea en la propaganda mañanera y que probablemente tienen disgustado al ya de por sí intolerante huésped de Palacio quien aún no se recupera del misil que representó la “Casa Gris” de su primogénito, también en Houston. Esto ha provocado que AMLO se dedique a atacar a quien reveló ese modus vivendi.

Pero esas revelaciones, de las exquisitas residencias “fifís” en la cosmopolita ciudad estadunidense, no son los únicos frentes que tiene abiertos el jefe del Estado mexicano. Grupos de la sociedad lo traen a “mecate corto”, válgase la expresión popular, en el asunto del Tren Maya, por la devastación ambiental que están realizando para construir una de las magnas obras del señor presidente.  

Y qué decir de las dificultades en el aeropuerto de la CDMX donde las alarmas por la inseguridad en las operaciones aéreas son en extremo preocupantes. Mientras que el funcionamiento en el aeropuerto de Tecámac deja mucho que desear y las aerolíneas sólo han aceptado volar desde ahí, por las “suaves peticiones” oficiales. Aunque los usuarios siguen prefiriendo el de la capital.

Desde luego que no son todos los factores que tienen de pésimo humor a don Andrés Manuel López Obrador. La infernal inseguridad y violencia que priva en el territorio nacional es noticia todos los días dentro y fuera de nuestras fronteras. Por ningún lado se ve cómo la hilarante estrategia de los abrazos en lugar de balazos, pueda, ya no terminar, sino inhibir el dominio de los cárteles criminales.

No obstante los distractores que pretenden desviar la atención ciudadana, la realidad es imposible cambiarla. Para el pueblo bueno es prioridad contar con la debida seguridad que hasta hoy el presidente López Obrador no ha sido capaz de otorgar. Lo es también frenar la incontrolada escalada de precios que pauperiza los ingresos de la enorme mayoría de mexicanos. Esas son en verdad las prioridades de la población. Contratar 500 médicos de la dictadura cubana, es un terrible disparate y un fatuo distractor que nadie compra. Debieran mandarlos al carajo, aquí no hacen falta.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla*