Guerrero y la “Noche de fuego”

México es una nación esplendorosa, plena de grandeza, país inigualable. Su vasta cultura es base de la inconmensurable magnificencia que posee. Un pasado glorioso forjado durante siglos de historia por el trabajo certero, talento y carácter indómito de sus habitantes que nunca se arredran.

Años de cultura de los pueblos originarios se plasmaron en el modo de vida y convivencia. Surgieron entonces los llamados usos y costumbres. Así permanecen verdaderas joyas invaluables de lo que en la actualidad es México cuya impronta podemos admirar propios y extraños en gran parte de la República, particularmente en el sureste y sur del territorio nacional.

Empero ciertos aspectos de tales usos y costumbres desde hace tiempo no solo se quedaron en una práctica inaceptable por su inmoralidad, ilegalidad y la abierta agresión a los derechos humanos de integrantes de sus propias comunidades. Como la venta de niñas y matrimonios forzados. Es preciso, sin embargo, alejarse del análisis simplón e injusto con objeto de etiquetar a los pueblos indígenas donde se realiza dicha actividad, como pueblos salvajes. Nada más engañoso.

Guerrero, Oaxaca y Chiapas tienen regiones que aún registran casos de la venta de niñas para unirse en matrimonio con hombres que les duplican, triplican o cuadruplican la edad. La pobreza es un factor que incide directamente a que las familias acepten ceder a sus hijas menores intentando paliar la pobreza lacerante que las ahoga, especialmente en la alta montaña; Guerrero es ejemplo.

Viene al caso mencionar que el pasado septiembre, se estrenó la película Noche de Fuego (Tatiana Huezo). La cinta bastante bien lograda, con un guion muy interesante y una fotografía realmente espectacular, elegida para representar a México en la edición 94 de los Premios Óscar, narra la historia de tres niñas amigas precisamente en la Sierra Alta de Guerrero donde viven en un entorno dominado por el narco, en medio de una marginación y pobreza asfixiante, sujetas a ser raptadas por los criminales para comercializarlas como simple mercancía. Es película, pero no ficción.

La realidad supera al filme basado en la novela Prayers of the Stolen, de la escritora Jennifer Clement. Guerrero está dominado por los diversos cárteles del crimen organizado. El Estado no puede con ellos, es incontrovertible. Ahí está el lamentable y doloroso caso de los 43 estudiantes normalistas desparecidos en Iguala, cuyo caso, hoy totalmente politizado, permanece irresoluto. Pero es una muestra absoluta del poderío criminal y la incapacidad y negligencia del gobierno.

Guerrero es una realidad lacerante de un estado que ha sido saqueado desde la época de la colonia. También durante décadas, políticos del hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) se repartieron su riqueza; hicieron fortunas con Acapulco, se adueñaron de todo, especialmente en la época del presidente Miguel Alemán Valdés.

Se concentraron en su imperio acapulqueño, le exprimieron hasta el último peso y dólar. Pero se olvidaron del resto de la entidad. Entonces, la pobreza, miseria, hambre y delincuencia terminaron de florecer en un campo propicio, en ambiente ad hoc que suele ser extraordinariamente fértil para los cacicazgos. La población quedó como objeto de tercera, sobreviviendo lastimosamente.

Realmente los distintos gobiernos, sin importar su color, no tienen interés mayor en rescatar del atraso en todos los sentidos a los guerrerenses. El único interés es verlos como activo electoral; individuos que mediante el sufragio les "regalen" un puesto público desde el cual puedan hartarse de dinero, hacer toda clase de “negocios”, total, que Guerrero aún no se lo acaban.

Para dimensionar con claridad el tamaño del drama en Guerrero, basta remitirse a la más reciente Medición de Pobreza 2020, publicada por el Coneval este año, la cual señala que el 66.4% de la población está en condición de pobreza, es decir, 2 de cada 3 habitantes. Y la tragedia empeora porque el 25.5% padece pobreza extrema. En medio de la pobreza, del hambre, la violencia, el narcotráfico y una condenable indolencia monumental del gobierno, Guerrero se hunde más.

El hermoso estado del sur, no es una sola “Noche de fuego”, es la perenne desdicha de una de las regiones más bellas e históricas de la república mexicana. Las ofensivas visitas demagógicas de los gobernantes en nada los ayuda. Padecen de una ceguera convenenciera que los colocará en un lugar ignominioso de la historia. Guerrero es, incluso con sus muchas penurias, parte importantísima de la grandeza de México. Grandeza de la que carecen aquellos que han dejado en el olvido a ese trozo de Patria.

Por eso, cuando se niega la realidad, lo que está a la vista de todos, como lo hizo el presidente de México, el mes pasado en una visita a la Montaña de Guerrero, donde se salió por la tangente al afirmar que el tema de la venta de niñas y prostitución no es la regla en la región, incurrió en el mismo abyecto hecho de no admitir lo que es una vergüenza mayúscula para toda la nación. Nada cambia, pobre país.

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*