El grave error de apoyar a dictadorzuelos

Las relaciones entre mexicanos y cubanos son muy estrechas. Los fraternales lazos que unen a los dos pueblos son indisolubles. En el trato de los gobiernos no ha sido así. Los altibajos son parte de una diplomacia coyuntural que se ajusta a los intereses de cada gobierno. En el caso de México, alineado las más de las veces con las disposiciones de Estados Unidos, basta recordar el ignominioso “comes y te vas” aplicado por el entonces presidente Vicente Fox a Fidel Castro en el año 2002.

El régimen cubano, sujeto a un terrible bloqueo estadunidense que cumple ya 60 años, ha pauperizado a niveles inhumanos la calidad de vida de la población cubana. A excepción de la nomenclatura que se adueñó del poder en la isla, la cual vive espléndidamente, sin carencias, el resto de sus connacionales sobrevive en medio del hambre que destruye y de una pobreza aniquilante, bajo el yugo de una brutal dictadura que asfixia todos los días y socava la esperanza.

Pero el hambre es la mejor ansia de libertad. Así vimos en semanas recientes las protestas de miles de cubanos hartos de ser sometidos por los mercaderes de una revolución cubana que se perdió en el pantano del autoritarismo, la ambición y voracidad de sus líderes. Trastornado, Fidel Castro se eternizó en el poder hasta que su cuerpo claudicó. Ejerció una implacable dictadura donde los derechos humanos fueron pisoteados, donde las voces disonantes enmudecieron a punta de atrocidades. Es el comportamiento habitual de los dictadorzuelos que llevan a sus pueblos a la ruina en todos los aspectos. Lo hicieron Chávez y Maduro en Venezuela.

Miles de cubanos han huido de Cuba, de los represores castristas. En el país caribeño no existe el respeto a los derechos humanos. Los déspotas gubernamentales hacen bien su tarea. Quien osa discernir de la “verdad oficial” o se atreve a criticar los febriles “apostolados” de los hermanitos Fidel y Raúl, hoy representados al pie de la letra por su títere Miguel Díaz-Canel Bermúdez, son acosados, intimidados y acallados. Los cubanos, en pleno siglo XXI, viven anclados al pasado, con las condiciones retrógradas impuestas por una cúpula repudiada y aplaudida únicamente por otros regímenes igual de autoritarios y condenables. En democracia no se aplaude, ni celebra, menos se apoya a esa clase de dictaduras. Quien lo hace avala de facto un cúmulo de horrores y barbaridades.

Así que es absolutamente reprobable el apoyo del gobierno obradorista a un puñado de tiranos que tiene a su pueblo postrado en la miseria en todos los sentidos. No se puede objetar la ayuda humanitaria a los cubanos, empero sí las abyectas loas a unos sátrapas que inmoralmente se apropiaron de la república cubana. Es la forma como debe entenderlo Andrés Manuel López Obrador. México no recobrará su prestigio, respeto y liderazgo en América y el mundo respaldando a dictadorzuelos bananeros, por el contrario, se une a la fila de tan despreciables autócratas.

Resulta, por lo tanto, execrable que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard presuma una reunión con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez P. y le manifieste “¡Nuestra solidaridad con Cuba en momentos difíciles está presente; el refuerzo de nuestra relación bilateral y cooperación, en marcha!” Sería conveniente que, en todo caso, manifieste condena por la falta de libertades en la isla y la opresión. No hacerlo, evidencia al gobierno que representa como proclive a las dictaduras.

Los “momentos difíciles” que alude Ebrard, están originados sí, por el inmoral bloqueo de Estados Unidos, pero básicamente por el pésimo gobierno cubano y los que han hecho de su permanencia en el poder un jugoso negocio personal. Este grupo no debe tener consideración alguna, por el contrario, debe ser presionado por la comunidad internacional para que deje la presidencia de Cuba y encaminar esa nación por un camino democrático y de libertad. Esto urge a los cubanos.

Hoy, tan reprobable es el aislamiento impuesto por la unión americana al territorio cubano, como la actitud antidemocrática sembrada por Fidel Castro y continuada por su “hermanito” Raúl, delegada, en apariencia, en Díaz-Canel, lo que no es sino en los hechos el manejo de un gran negocio con fachada de un putrefacto e inservible comunismo que nadie compra hoy día.

Hay sólo dos opciones para el gobierno de López Obrador: brindar apoyo total a los autoritarios que hoy abusan y reprimen a la población cubana, exhibiéndose en esta línea ante los ojos del mundo, con lo que ello significa o atreverse a dar apoyo al pueblo cubano y trascender, más no a la despreciable caterva de absolutistas que navegan envueltos en la hipócrita bandera de víctimas del imperialismo. No obstante, México es, y seguirá siendo, hermano del pueblo cubano, a pesar de sus gobiernos.

@BTU15   

*Nota del editor: imagen en portada: captura de video*