Francisco Toledo, una impronta excepcional

Hay personajes en el mundo que dejan una impronta esplendorosa e indeleble cuando dejan de existir físicamente. Francisco Toledo es uno de ellos. El talentoso artista plástico deja un vacío enorme en la sociedad mexicana, no sólo en el ámbito del arte y en Oaxaca, su tierra natal –aunque por una circunstancia de la vida, nació durante un viaje  de su madre al entonces Distrito Federal.

Al maestro Toledo se le va a extrañar tremendamente por su vasta creatividad, activismo en pro del arte, del respeto a las tradiciones de su pueblo, y por sobre todas estas virtudes, su inconmensurable calidad humana, su sencillez; la sencillez que traen en la sangre y el corazón los grandes hombres.

Por eso es que no sólo el arte está de luto, sino una sociedad ávida de seres humanos cuya magnanimidad ayude a construir un México mejor en todos los aspectos. Francisco Toledo se ganó a pulso el cariño de los oaxaqueños, pero también el del resto de la población sin diferencia de clases. El virtuoso artista conquistó con sus obras no sólo a sus connacionales, también al mundo.

El también activista social hacía obras en favor de Oaxaca, principalmente, y no le interesaba que todos se enteraran, las hacía por gusto, por convencimiento, por amor a su tierra y a sus semejantes. Nunca fue hombre de poses, de presumir los muchos y merecidos premios que le otorgaron merced a su genialidad que suplo plasmar magistralmente en su invaluable trabajo como artista de élite.

Su imagen desaliñada se volvió popular dentro y fuera de la república mexicana y sus obras alcanzaron altos precios en los mercados internacionales. Pese a esto, el muy famoso juchiteco jamás perdió el piso, no se adentró en los vulgares sótanos de apariencias ni en frivolidades. Era auténtico. Y así, la gente quiso cada vez más al excepcional pintor, grabador, ceramista y filántropo.

Describir y enumerar las muchas cualidades de Toledo, no es tarea sencilla por tan abundantes que son. Hombre de pocas palabras, esta aparente timidez contrastaba con la viva expresión que impregnaba en cada uno de sus trabajos artísticos. Tanto, que le fue relativamente fácil cautivar a los siempre implacables críticos en Estados Unidos y Europa. Y es que su talento era harto singular.

Con la naturalidad  de su comportamiento, solía decir que era un pintor que no incomodaba a nadie, y cuánta razón tenía; bastaba admirar sus pinturas o grabados para prendarse de ellos, aunque se fuese un neófito en la materia, entonces se encantaba uno de tanto sentimiento y virtuosismo expresado a través de una inagotable inspiración que siempre se ubicó en el umbral de la asombrosa genialidad.

Vaya que se añorará a Francisco Benjamín López Toledo, porque hoy, en un México que se ahoga en un océano de violencia y sangre sin precedentes, donde se han perdido valores fundamentales en la sociedad y estamos saturados de políticos mediocres, deshonestos y voraces, hacen falta hombres y mujeres de la talla del maestro Toledo que amen verdaderamente a su nación y no se queden en intenciones, sino que concreten sus sueños personales y hagan más por los demás.

Se fue el queridísimo maestro a los 79 años. Donde se encuentre, debe estar satisfecho por lo que dio desinteresadamente a los oaxaqueños, en especial a las comunidades originarias, pero también al resto del mundo. Descanse en paz, otro oaxaqueño ilustre, un mexicano extraordinario.

@BTU15

*Foto tomada de Facebook Francisco Toledo Oficial*