Félix Salgado Macedonio y Franz Kafka

En el clásico de Franz Kafka, La Metamorfosis, un hombre despierta, sin causa explicable, convertido en un monstruoso insecto. En el caso de México, la sociedad amaneció un día con la sorpresa de que un repugnante agresor sexual es el candidato del partido oficial a la gubernatura de Guerrero.

Nada que sorprenda, por más inmoral, condenable e insostenible que sea dicha aberración, en un país donde el surrealismo todos los días palidece frente a la “realidad” que impone el gobierno obradorista. Fuera de este asombroso México, nadie entiende cómo Félix Salgado Macedonio, envalentonado por el apoyo antimoral del presidente de la República, no está en la cárcel por las diversas acusaciones de violación, sino que, por el contrario, se dedica a amenazar al INE.

Las bravuconadas del senador con licencia que aspira, aún con su nada decoroso historial de escándalos y pillerías, a convertirse en virrey de la entidad guerrerense, son una clara agresión a la ya de por sí socavada democracia nacional. Pretender victimizarse es una treta miserable, cuando existen acusaciones judiciales que no han sido investigadas conforme a los mandatos legales.

México necesita con urgencia políticos sin cola que les pisen –lo cual, en principio, parece una utopía-. En el tema de Salgado Macedonio, la cola es muy extensa. Es, además, un vividor de la política en el sentido más amplio de lo que esto significa. Su falta de respeto a la autoridad es añejo. En septiembre del año 2000, siendo diputado federal (plurinominal) por el PRD, fue exhibido, bajo influjos del alcohol –o quizás de otra cosa-, intentando agredir a policías del Distrito Federal.

Hoy, envalentonado por el decidido e irreflexivo apoyo palaciego, este trapecista de la política se resiste a reconocer y aceptar los mandatos de la autoridad electoral que decidió retirarle la inmerecida candidatura a gobernador. Él, junto a Mario Delgado Carrillo, la obediente marioneta que impusieron en la dirigencia de Morena, montaron un circo a base de plantones para presionar al INE y también al muy desprestigiado Tribunal Electoral del Poder Judicial de La Federación, con objeto de que corrijan la decisión del Instituto Nacional Electoral que tanto irritó al presidente.

Bajo un extravío máximo y en el colmo de la desvergüenza, Salgado dispara toda clase de sandeces hacia quienes, de conformidad con la normatividad electoral, lo bajaron de la candidatura.

Este domingo, en un mitin ante sus seguidores en Chilpancingo, Félix Salgado Macedonio tuvo otro de sus dislates verborreicos al asegurar que si no le es devuelta la candidatura “no habrá elecciones en Guerrero el próximo 6 de junio”; asimismo, acusó al INE de ejercer violencia política en su contra y pidió la desaparición del Instituto. No hay duda, cobijado por su amigo y líder real de Morena, el siniestro personaje azuza de manera muy peligrosa a sus fanáticos en contra del organismo.

Por ende, la democracia existe sólo si las instituciones y organismos del Estado favorecen a quienes pertenecen a la autollamada cuarta transformación, lo demás es etiquetado en el mismo costal de los complots imaginarios, de los conservadores, de los enemigos del gobierno y demás febriles sospechas que atormentan a quienes pretenden cambiar y regenerar a esta agobiada nación.

Denostar y arremeter en contra del árbitro electoral es un búmeran. Zaherir a los consejeros Lorenzo Córdova y Ciro Murayama con todos los instrumentos presidenciales, es indigno y sumamente peligroso para los equilibrios que, en teoría, existen en el país. El apoyo no es para ninguno de los dos. Se trata de la defensa inexcusable del INE, un organismo autónomo que, a pesar de las fallas que puede tener y de los abusos de ciertos funcionarios en el ámbito de sueldos y prebendas, constituye, per se, un logro dentro de la exigua democracia que prevalece en México.

Tan necesario y apetitoso para los fines aviesos del quienes ostentan el poder, el INE se convirtió en un apetitoso botín deseado por todos los partidos políticos y la clase gobernante en general. De ahí que en cada sexenio y desde la Presidencia, se coloquen a empleados obedientes, y si son leales y prosélitos el perfil es perfecto. En la voluntad y afanes del presidencialismo absoluto, no priva otra idea sino aquella de la obediencia ciega, en esto, el INE ha desobedecido, no se ha plegado a los caprichos del jefe del Ejecutivo. Así que los ataques desde la Presidencia, no son gratuitos.

Félix Salgado Macedonio encarna lo más oscuro y radical de los peligros en ciernes hacia la democracia mexicana. La sociedad no debe permanecer callada ante la intromisión autoritaria que pretende doblegar, al más puro estilo de las dictaduras, al réferi de las próximas elecciones. Permitirlo será un grave retroceso del que tal vez el país no pueda recuperarse, pero sí, arrepentirse.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*