Evo Morales, otro lastre para AMLO

El gobierno del presidente López Obrador atraviesa uno de sus momentos más turbulentos y definitorios. Esto ha incidido en una drástica caída de la, hasta hace unas semanas, alta aprobación a la tarea del mandatario. El Economista publicó este martes un nuevo estudio demoscópico donde el  58.7 de encuestados avala el trabajo del Ejecutivo federal. La tendencia negativa pareciera no detenerse en el corto plazo  y podría ubicarse pronto en 50.0, lo que significaría que las simpatías hacia el huésped de Palacio Nacional dejarían de ser mayoritarias y  estarían equilibradas.

A principios del pasado octubre, las encuestas colocaban al presidente en un nivel de aceptación cercano al 70%, gracias a su labor gubernamental. La mejor calificación fue otorgada en el rubro de honestidad. La gente en general, le reconoce ese valor a AMLO, lo cual le reditúa excelentes notas.

Pero la población parece haber agotado la paciencia para tolerar yerros e imposiciones de la “cuarta transformación”. El culmen de tal desasosiego se habría dado luego del desastroso operativo militar en Culiacán que exhibió sin cortapisas a un Estado en franca atonía sujeto a la voluntad de la delincuencia y que dejó profundos daños en la credibilidad del gobierno lopezobradorista.

Tras del “culiacanazo”, llegó la masacre a mujeres y niños de la familia LeBarón que vino a confirmar la indefensión en que se encuentra la mayoría de los mexicanos y el fracaso de la estrategia oficial en materia de seguridad.  Entonces ya no hubo manera de hacer un control de daños en la administración encabezada por López Obrador. Simplemente no había cómo.

Y siguió el escándalo en el Senado de la República con la cuestionada elección de Rosario Piedra Ibarra como nueva titular de la CNDH. La imposición de la militante morenista y amiga del presidente, contribuye, de manera burda, al apoderamiento y control de los órganos autónomos, hecho que no pasa desapercibido, en modo alguno, por los ciudadanos.

Si bien todo lo anterior ha sido un conjunto de auténticos obuses para la imagen del presidente López Obrador, el otorgamiento de asilo al hoy expresidente de Bolivia, Evo Morales, en nada abona al prestigio del morenista, por el contrario, se agrega a lo negativo que le ha impactado en semanas recientes.

Cierto que México tuvo una admirada política de asilo que lo condujo, incluso, a liderar en América Latina durante la época negra de los golpes de estado en el continente. La tradición se recuerda con énfasis durante la dictadura española y los miles de refugiados aceptados por el general Lázaro Cárdenas. Así que, la facultad, no es nueva, ni exclusiva del gobierno Obradorista, no hay que rasgarse las vestiduras. Lo criticable, tal vez, radica otra vez en la forma en que el presidente y su equipo toman las decisiones y las ejecutan. Como lo han hecho con las falaces consultas a modo.

Evo Morales no es un impoluto ni adalid de la democracia. La OEA documentó el fraude en las elecciones donde el boliviano pretendía reelegirse por cuarta vez. Los cuasi 14 años en el poder le parecieron pocos, igual que suele pasar con los dictadores que llevan en el ADN la ansia demencial de perpetuarse en  el poder a base de trampas, locuras y cuanta ocurrencia les ilumina.

Desde luego que las formas en que echaron a Morales son igualmente criticables. Quitarle la presidencia mediante una “sugerencia” de los militares, es inaceptable. No obstante, la inconformidad social no se gestó de un día para otro, existen antecedentes de protestas que el entonces mandatario no atendió de manera adecuada o simplemente, al mejor estilo de los autócratas, ignoró. Los populistas suelen dar atole con el dedo al pueblo y simular que lo escuchan, cuando en realidad sucede lo contrario mientras se adueñan de los países y destruyen la democracia.

Evo Morales, está muy distante de ser un Estadista ejemplar y hoy paga las consecuencias de su soberbia, miopía política y afanes autócratas. Resulta, por lo tanto, indefendible, Pretender victimizarse por ser indígena y moreno es un cuento chino que nadie cree. Benito Juárez era de esas características físicas y trascendió como el mejor presidente que ha tenido México.

Más allá de la controversia si AMLO debió o no conceder asilo a Morales, lo incontrovertible es que la decisión –temeraria- lo coloca nuevamente en el ojo del huracán ante la opinión pública, donde un sector muy importante considera la determinación del morenista como una desesperada cortina de humo para intentar cubrir los gravísimos problemas que padece México.

Por lo pronto, en la cacareada “austeridad republicana”, el asilado boliviano vivirá cómodamente en esta grandiosa nación a costa del erario, cortesía de los sufridos contribuyentes.

Mientras eso sucede, esperaremos a ver cómo reacciona el tuitero Donald Trump ante la decisión “soberana” del presidente Andrés Manuel López Obrador. Hay  otra piedra en el costal del Ejecutivo.

@BTU15

*Nota del editor: Foto en portada: tomada de @evoespueblo*