El dominó del señor Presidente

Poco a poco, cual fichas de dominó, han ido cayendo las fantasiosas promesas de campaña del presidente López Obrador. Hoy, las ofertas electorales con las que arrasó en las urnas, están convertidas en un conjunto de quimeras fantasmagóricas que lo presiona todos los días.

En su extensa campaña para buscar obsesivamente la Presidencia de México, uno de los temas centrales explotados políticamente por el tabasqueño, fue la presencia del Ejército en las calles; indebida desde cualquier arista, según lo reiteró en numerosas ocasiones el entonces candidato.

No pasó mucho tiempo para que, ya en el poder, López Obrador entendiera que sin el apoyo de las Fuerzas Armadas le sería muy difícil gobernar. Entonces, no sólo cambió radicalmente su virulento discurso, sino que se dedicó a beneficiar a la cúpula castrense con privilegios que hoy están a la vista de la sociedad. La construcción del aeropuerto en la Base Aérea de Santa Lucía, es un ejemplo.

Las poderosas Fuerzas Armadas está cobrando muy caro las múltiples ofensas que les profirió Andrés Manuel López Obrador, entre ellas, señalarlos de “violadores de derechos humanos”; más de una ocasión insinuó que eran las responsables de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Es evidente que la nomenclatura de los militares tiene bajo control a AMLO.

Así que no extraña que, ante la fallida estrategia de seguridad oficial y la inoperancia  de la Guardia Nacional (que nada tiene de civil), el Ejecutivo haya decretado este lunes que las Fuerza Armadas realicen tareas de seguridad pública durante cinco años. En palabras llanas, López Obrador decidió militarizar al país. Otorga a la milicia, esa que tanto denostó, un poder muy peligroso.

Otra oferta utópica del Presidente que también se derrumbó, fue la creación de empleos. Con su enfermizo deseo de reñir con los empresarios, el mandatario ha sido incapaz de generar los puestos de trabajo que la población precisa. Aunque se aferra, sin razón, a considerar a sus becarios en los puestos laborales, los resultados, en este renglón, también han sido decepcionantes; y la pandemia ocasionada por el covid-19 ha sido la puntilla en el tema del empleo. Este martes, el IMSS informó que en abril pasado se perdieron 555,247 empleos formales. Una auténtica catástrofe nacional.

Y otro ofrecimiento del entonces candidato morenista, consistió en el crecimiento de la economía a tasas de 4% anual promedio. Todo mundo conoce la historia del engaño: El PIB no creció, por el contrario, el año pasado cayó 0.1%. Además, hubo baja de calificaciones a Pemex y al país.

Hasta en la lucha anticorrupción -su estandarte de gobierno-, se ha visto desacreditado. Ahí está el siniestro expriista, Manuel Bartlett Díaz, premiado con la dirección de la CFE, quien fue exhibido de poseer un “imperio inmobiliario”, y su vástago de lucrar con la venta a sobreprecio de ventiladores médicos al IMSS y a ciertos gobiernos locales. Ambos, son claro ejemplo de lo que solapa AMLO.

Más en la cacareada transparencia, también ha dado fuertes traspiés el inquilino de Palacio Nacional. Diversos organismos de la sociedad civil han denunciado que varias dependencias gubernamentales han asignado sospechosamente, de manera directa, contratos millonarios.

Desde luego, hay que subrayar que también falló en la venta del avión presidencial, ese que “ni Obama tenía”; ahí sigue la aeronave, sin volar y costando millones de pesos a los contribuyentes.

Como se ve, la cada vez más desgastada y menos convincente retórica del señor Presidente, no alcanza a cubrir el escandaloso incumplimiento de todo aquello que, durante el proceso electoral, prometió a sus millones de seguidores. Tal vez a ello se debe en fechas recientes, el uso recurrente y desesperado de distractores que, en los hechos,  han sido balas de humo.

Y el presidente López Obrador da pie a severas críticas con yerros infantiles, como el de imponer en el SAT a personal de su ayudantía. O fingir que no sabe del aumento en las agresiones a las mujeres durante el aislamiento social, o peor aún, arremeter en contra de los médicos en plena crisis sanitaria que ha cobrado muchas vidas de los profesionales de salud, y tildarlos prácticamente de mercenarios que sólo piensan en “enriquecerse”.

Falta mencionar el penoso servilismo adoptado por la administración morenista hacia los Estados Unidos, que no es diferente al asumido por los gobiernos del PRI y PAN. Muestra de ello es el ignominioso papel que desempeñó el gobierno Obradorista con los migrantes centroamericanos acatando las órdenes de Donald Trump. López Obrador dijo que respondería con firmeza cualquier ofensa de proveniente de la Casa Blanca, pero también entendió que no puede patear el pesebre y hoy se comporta dócil, de forma idéntica a los que él llama “gobiernos neoliberales”.

Andrés Manuel López Obrador fue hecho en CU, es cierto, pero también en el PRI, por eso su gen está presente en las decisiones que toma. Es entendible, por lo tanto, que no haya cambio respecto al partido donde se adoctrinó. Lo que él no termina de entender, es que el México que “gobierna” no se parece en nada al de sus años priistas, esa es la causa de que todas sus promesas se estén cayendo estrepitosamente una tras otra; insistimos, como fichas de dominó.

@BTU15

*Nota del editor: Imagen en portada: captura de pantalla*