Diplomáticos “patito” en la 4T

Una de las cosas por las cuales México llegó a ser respetado en el mundo, fue por su diplomacia, una de las mejores en el planeta. Enviar diplomáticos de carrera a las distintas representaciones se reflejó en una tarea de alto nivel. Hubo, sí, políticos premiados o castigados con embajadas, pero fueron los menos. Incluso, grandes intelectuales honraron esa noble labor con trabajo de primer orden, como el ilustre Octavio Paz, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990.

Desde hace algunos sexenios, eso cambió para mal. Embajadas y consulados se convirtieron en apetitoso botín para vividores de la política y arribistas que, sin experiencia alguna para ocupar tan dignos e importantes puestos, reciben jubilosos la imposición que el presidente en turno manda. La degradación se exacerbó en el actual gobierno obradorista. Improvisados, serviles, vulgares, y “trapecistas” políticos, entre otros, conforman la nueva clase de “diplomáticos”.

Los ejemplos son vastos. Isabel Arvide Limón, una periodista proAMLO, pasó de las mañaneras a ocupar el puesto de cónsul en Estambul. La señora carece de la mínima experiencia en el área diplomática. No obstante, vive a costas del erario, porque así lo dispuso el presidente.

Se premia pues, la “lealtad a ciegas”; la sonoridad de serviles loas a pifias terribles. También, tiene su recompensa no estorbar para que Morena se haga de gubernaturas. Ahí está a la vista de todo mundo el ignominioso nombramiento de Quirino Ordaz Coppel, exgobernador priista de Sinaloa, como embajador en España. Un desatino tan grande y ofensivo que el gobierno español tardó cuatro meses en otorgar el plácet. Así de cuestionable la forma en que se realizan dichos nombramientos.

Otra priista premiada, es Claudia Pavlovich Arellano, exgobernadora de Sonora, quien disfrutará de una generosa “recompensa” -pagada por los contribuyentes-, al frente del consulado en Barcelona, España, una de las ciudades más bellas y confortables de la madre patria. Casualmente, tanto en Sinaloa, como en Sonora, Morena, el partido oficial, obtuvo sin obstáculo ambas gubernaturas.

Laura Esquivel, reconocida escritora, va como embajadora a Brasil, el gigante de América. La autora de Como agua para chocolate, no obstante, carece de experiencia en la diplomacia. No hay duda de su capacidad artística, empero se requiere algo más que virtudes literarias para desempeñar con éxito ese relevante encargo. Y no se trata de cuestiones de género, sino de aptitudes para desarrollar con eficacia la tarea encomendada. La talentosa Laura, no tiene experiencia diplomática.

Un yerro inconmensurable, fue la propuesta para que Pedro Salmerón se convirtiera en embajador de nuestro país en Panamá. Un nombramiento fallido, afortunadamente. Hubo de ser el gobierno de la nación canalera quien rechazó al historiador -cercano a la familia presidencial-. Salmerón está señalado de acoso por alumnas del ITAM, donde se desempeñaba como profesor, y también por simpatizantes de Morena, como denunció en redes la feminista Estefanía Veloz.

No tardó en defenderlo el poder presidencial. En lo que fue grave dislate, un López Obrador enfurecido arremetió en contra de la canciller panameña, Erika Mouynes: “como si fuese la Santa Inquisición, la ministra o canciller de Panamá se inconformó”, dijo el tabasqueño que incurrió en tremenda ofensa a Panamá, todo por proteger indebidamente a Salmerón, el presunto acosador.

Sin digerir el sutil pero certero golpe del gobierno panameño, López Obrador volvió a equivocarse al nombrar a Jesusa Rodríguez como la nueva embajadora. Una actriz un tanto estridente y sin mérito alguno ni preparación para ocupar ese cargo. Sucedió que el rechazo en aquel país no se hizo esperar y la sociedad alzó la voz en su contra. La organización Alianza Panameña por la Vida y la Familia, entre otras organizaciones, manifestó su apoyo a la canciller Mouynes y deploró el nombramiento.

“Rechazamos la designación de la señora Jesusa Rodríguez, por representar todo lo contrario a los valores sobre los que se fundó nuestra Nación. No aceptaremos que a nuestro país se le envíe todo lo que estorba…”. Un lapidario concepto que pegó en el gigantesco ego al interior de Palacio Nacional y exhibe la forma cerril en que se regalan nombramientos a embajadores de utilería.

Tanta obcecación del mandatario mexicano por premiar a incondicionales y aplaudidores al más puro estilo del viejo PRI -donde se formó López Obrador-, pone en una vergonzosa situación a esta nación y lo convierte, en el desencuentro con Panamá, en el hazmerreír del mundo. Seguir repartiendo, como si fueran propiedad, embajadas y consulados confirma que nada ha cambiado en el actual régimen; las “cuotas y cuates” siguen vigentes, pero con mayor desvergüenza.

Y el gobierno panameño dejó muy claro que no desea impresentables en su territorio, ni intromisiones en decisiones que sólo corresponden a su pueblo. Así, el mandatario Laurentino Cortizo afirmó: “El presidente de México tiene el derecho de designar a quien él guste, pero Panamá es soberano de decidir a quién le dice sí y a quien le dice no”. Fin de la discusión.

Muy pobre papel de la administración obradorista. Para evitarlo, sólo debería voltear al Servicio Exterior Mexicano y olvidarse de personajes que nada tiene que ver con la diplomacia. No más diplomáticos de ficción, patito, para ser exactos. Los mexicanos no quieren eso.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*