Cuidado con los cuatro

Definitivamente las propuestas serias y viables no tienen sitio alguno en la inútil e incendiaria retórica de los cuatro candidatos presidenciales. Está visto que su capacidad se limita sólo a la agresión pronta, al insulto más bajo, a la descalificación a priori y a mentir de manera patológica.

Nada bueno espera a la sociedad cuando alguno de ellos arribe a Los Pinos. Porque aun así, la contumacia de la que ha hecho virtud ese cuarteto de políticos, se mantendrá; los enferma el poder y lo resiente la población. Y no es cuestión de pesimismo, se trata de objetividad.

El ungido del PRI, José Antonio Meade, a pesar de todo el apoyo oficial y los recurrentes ataques, a través de algunos lacayos de los medios de comunicación, en contra de sus competidores, no representa, efectivamente, sino la continuación de lo que históricamente el mañoso “dinosaurio” ha obsequiado de modo generoso a los mexicanos: corrupción, pobreza, atraso, saqueo, impunidad, funcionarios ladrones y una vergonzosa sumisión a los diferentes gobiernos estadounidenses.

López Obrador, por su parte, no puede ser llamado corrupto, pues nada se le ha comprobado al respecto. No obstante, es muy sospechoso que en sus equipos más cercanos pululen colaboradores que nada tienen de probos y él ni se entere (bueno, eso asegura). Ahí están René Bejarano, su secretario particular y operador político, exhibido y encarcelado por recibir ilegalmente un portafolio repleto de dinero cuando el tabasqueño fue mandamás en la Ciudad de México; también su entonces secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, quien apostaba enormes sumas de dinero (proveniente de quién sabe dónde) en las Vegas, igualmente paró en la cárcel. Imposible que en ambos casos su jefe no supiera, de ahí la suspicacia.

Actualmente AMLO está en la controversia por incluir en la lista de candidatos de Morena al Congreso a personajes de dudosa reputación, como Napoleón Gómez Urrutia “Napito”, quien tiene órdenes de aprehensión por supuesta malversación de recursos del sindicato minero y a Nestora Salgado, señalada por el delito de secuestro, aunque absuelta al no poder comprobarse el delito.

Ricardo Anaya Cortés, tampoco es la opción esperada por los votantes. Sus ambiciones –y traiciones, dirían algunos- son bastante peligrosas. El PAN quedó dividido luego de que Anaya se adueñó del partido y de la candidatura azul a la Presidencia de México. El tema de la compra-venta de una nave industrial  en Querétaro y acusaciones que lo involucrarían en lavado de dinero no lo dejan bien parado, menos el que su familia haya gozado de las comodidades en Estados Unidos, aun cuando el gobierno de ese país trate con la punta del pie a su contraparte mexicana y a nuestros migrantes.

Jaime Rodríguez Calderón, en tanto, se comporta como una desdibujada versión norteña del hablantín y poco ilustrado Vicente Fox. Sus disparates son una pobre mueca de un ex priista que ahora navega con una careta de candidato ciudadano que nadie cree. El “Bronco” carece de la autoridad moral para criticar a los políticos “tradicionales”; él se formó en el PRI, donde abrevó las “virtudes” de la vieja escuela tricolor con todo lo que ello significa. Tan nadie compra su discurso ñoño que está anclado en el último lugar de las preferencias electorales con un exiguo porcentaje.

No hay mucho de dónde elegir. El panorama es incierto en un país donde los políticos son  repudiados, y el hartazgo social,  la desesperación de millones de mexicanos a causa de los pésimos gobiernos pueden llevar a decantarse por el que dispare más mentiras, por el que prometa que ya cambió, por aquel que jure ser el salvador y curador de todos los males, incluso, por el que asegure no ser como los otros, aunque viva en la opulencia.

Mucho cuidado con los encantadores de serpientes que después se adueñan de la libertad colectiva y destrozan la democracia. Ahí están, como ejemplo de los que llegaron y luego se han eternizado en el poder: Nicolás Maduro; Daniel Ortega y Evo Morales por mencionar a algunos demagogos latinoamericanos que supieron engañar con astucia a quienes quisieron creer sus farsas. Y no hablamos de ningún candidato en especial. El cuidado es con todos, no importa de qué color vista.

Resulta ineludible acudir a las urnas con un voto suficientemente razonado. No podemos darnos el lujo, como sociedad, de errar al elegir a nuestro próximo presidente que llevará las riendas de esta gran nación por los siguientes seis años a partir del 1 de diciembre de 2018. Así que a cuidarse de los cuatro y a seguir muy de cerca sus propuestas – ¿las hay?- y promesas.

STATU QUO

El gobierno federal no puede alardear del estado de derecho en México, si impunemente descarrilan trenes para robar lo que transportan; si en pleno día, sicarios arman en Jalisco una balacera para intentar acribillar a un secretario estatal; si comandos asaltan tiendas departamentales, si el “huachicoleo” está a todo lo que da, o si algunos bancos son hackeados.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: INE*