Congreso: el circo de siempre

Coincidió con el día sábado la instalación de la LXIV legislatura del Congreso. Un fin de semana donde la ciudadanía poco quiere saber de los desfiguros de la clase política. Y la razón es inobjetable: nada cambió respecto a las anteriores ceremonias. El Palacio Legislativo de San Lázaro se convirtió una vez más en la sede de un bochornoso vodevil. Insultos, exabruptos, vulgaridades, intercambio de acusaciones y una muy generosa dosis de mentiras y promesas que, por supuesto, nadie cree.  

Quizá la única morbosa novedad fue ver como la otrora poderosa bancada del PRI, convertida hoy en ignominiosa chiquillada legislativa, era sometida –al menos verbalmente- por diputados y senadores de Morena. Los papeles se invirtieron; gobierno y alta militancia priista se lo ganaron a pulso. Hicieron de la administración actual una de las peores de que se tenga memoria –y ya es mucho decir-, la corrupción ha sido la bandera monumental de Enrique Peña Nieto y su equipo.

En el pedestre circo que se presentó en la Cámara de Diputados, presenciamos, desde la ausencia de las más elementales formas de cortesía política –si es que aún las hay- pasando por las innecesarias agresiones a los oradores en turno –como la aplicada a la señora Claudia Ruiz Massieu, y los afanes febriles de exhibicionismo de don Emilio Álvarez Icaza, quien oportunamente fue aplacado con elegancia por el presidente de la Cámara baja, el expriista Porfirio Muñoz Ledo.

La nueva recomposición del Congreso cambió radicalmente el equilibrio de las fuerzas políticas en el Senado y la Cámara de Diputados. No obstante, las formas aldeanas de “nuestros” legisladores para comportarse a la altura de lo que exigen los ciudadanos, permanecen inamovibles. En los 628 legisladores que integran el nuevo Congreso, hay mexicanos brillantes, de probidad sin mácula, pero lamentablemente también se colaron individuos de la peor calaña. Trepadores y rufianes que llegan al cargo sin mérito alguno y otros más que carecen del más básico conocimiento legislativo.

Un cambio en México es urgente e indispensable. La podredumbre gubernamental durante años, cortesía del PRI y PAN, tiene postrado a este país en el subdesarrollo, en la pobreza –excepto la voraz clase política-, en la falta de justicia y en un mediocre e insuficiente sistema público educativo. Al respecto, es necesario subrayar que en la nueva legislatura, existen integrantes de esas perniciosas administraciones, que en la actualidad, y bajo el manto protector de Morena, pretenden evadir la responsabilidad. El cambio de camiseta, aunque lo pretendan, no los exculpa.

Por lo pronto, el triste espectáculo presenciado en San Lázaro, confirma el temor respecto al comportamiento de la fracción morenista, la cual, como aplastante mayoría, parece conducirse igual que cuando era minoría. La pregunta es si esa será la constante durante los tres y seis años, respectivamente de las legislaturas. Diputados y senadores del partido en el poder –cuasi- deben entender que no necesitan de conductas tercermundistas para hacer sentir su fuerza, pues ésta la tienen de modo legal y político. Un mejor proceder en los recintos legislativos muestra grandeza.

Así como la población merecidamente castigó sin misericordia al PRI por su pésimo y lesivo gobierno, relegándolo al sótano político, esto debe servir como ejemplo a los morenistas, instalados ya en el Congreso. México está harto de “políticos” vividores, estridentes y silvestres que nada aportan al desarrollo del país y por el contrario, se han convertido desde hace décadas en auténticos parásitos viviendo espléndidamente del dinero público. Ahí, es urgente el cambio, de a de veras.

Por lo pronto, el sábado reciente no vimos ninguna diferencia entre los viejos tiempos del priismo y panismo y los que iniciaron. Abundaron la indigencia política –como bien lo describiera Octavio Paz- y la idolatría y servilismo al hombre del poder en turno. Se supone que el Poder Legislativo es independiente, y debe permanecer lejos del oprobioso sometimiento al Ejecutivo. Un Legislativo fuerte, y autónomo de la figura presidencial, colaborará decididamente a construir una mejor democracia y una Nación que por fin salga de la explotación y aguda pauperización crónica.

No basta que Morena haya echado al PRI-gobierno de Los Pinos, lo cual en sí es buena noticia; ahora esto debe traducirse necesariamente en acciones concretas que beneficien a los ciudadanos, en especial a los más vulnerables que, prácticamente, son uno de cada dos. De este tamaño es la necesidad de millones de mexicanos. Y la exigencia no radica exclusivamente en lo económico, sino también en el apremio de tener una mejor educación, mejor importación de justicia, que en verdad exista una distribución de la riqueza, ya que en México la brecha de la desigualdad es profundamente desgarradora.

Otro México se vislumbra con la llegada de López Obrador a la Presidencia; puede ser para bien o para mal, eso, en principio, dependerá de él y de que haga valer correctamente sus múltiples promesas de campaña. Es la oportunidad histórica que no debe desperdiciar. Mas el trabajo inicia desde el Congreso con una tarea legislativa seria y eficaz; no hay lugar para conductas circenses ni frivolidades que sólo muestran la pobreza de quienes la realizan. El Senado y la Cámara de Diputados deben ser lugares donde se privilegien el respeto, el debate, las ideas y la democracia.

STATU QUO

Otra muestra más de la pulverización del Estado de derecho en la república mexicana es el linchamiento de personas. La ineficacia de las autoridades es condenable igual que la estupidez de la turba de salvajes que las lleva a cabo. Nada justifica esa barbarie. ¿Y el gobierno? 

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: Cámara de Diputados*