Claudia Sheinbaum, una candidata quimérica

Sí, México está preparado para que una mujer llegue por vez primera a la Presidencia de la República. Hay mujeres talentosas y preparadas en la política y en otros ámbitos sociales. En una nación con atavismos ancestrales respecto hacia la mujer, una lucha férrea durante bastantes décadas las tiene posicionadas para acceder al poder en cualquier momento.

En la coyuntura actual, nada tersa, la sociedad está polarizada a niveles extremos nunca vistos en la era moderna. Un país que se ahoga en la sangre de miles y miles de sus ciudadanos por una violencia e inseguridad que el Estado ha sido incapaz de erradicar.

Y en ese ambiente donde priva la inseguridad y barbarie, las mujeres son víctimas de toda clase de agresiones sin que, tampoco ahí, el gobierno haga lo mínimo para garantizarles seguridad. Por eso es que la denodada lucha de las mexicanas cobra mayor mérito al ubicarse en el umbral del máximo puesto político en la República. Es la hora para que las mujeres arriben a Palacio Nacional.

No obstante, hay algunas políticas que parecieran estar dispuestas a dejar pasar la inigualable oportunidad. Como la señora Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Incondicional del presidente López Obrador, la mandataria capitalina se mimetizó de su jefe.

Basta con echarle un vistazo a las conferencias mañaneras de ambos. Las afirmaciones y posicionamientos de Sheinbaum son una calca de las emanadas del atril palaciego. La ex esposa de Carlos Ímaz, uno de los pillos exhibidos por haber recibido dinero de Carlos Ahumada, está mareada, desubicada. Le hizo daño que López Obrador la destapara como su “corcholata” favorita, incluso, que la ande placeando durante las giras del tabasqueño.

La doctora Sheinbaum insiste en mantener atada firmemente su carrera a la de su protector y padre político. De por sí la jefa de Gobierno no es precisamente la más carismática ni la más inmaculada de las funcionarias morenistas y su “adicción” y obediencia a ciegas a las directrices de López Obrador la colocan en una posición poco favorable ante el electorado de la capital de la República.

Bajo la sumisión a las órdenes de López Obrador, Sheinbaum carga responsabilidad por la muerte de 19 alumnos y siete adultos por el derrumbe del colegio Enrique Rébsamen durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando ella era la delegada de Tlalpan. La serie de irregularidades en la edificación y funcionamiento del plantel escolar, no pudo pasarle desapercibida.

Pero el colapso en la Línea 12 del Metro, el pasado mayo, que dejó 27 personas fallecidas y más de 80 heridos, también implica a Claudia Sheinbaum. Nadie cree en una inocencia absoluta, por más acrobacias que se ejecuten en la Presidencia para lavarle el rosto. Así lo considera la opinión pública.

Con esos “pecados”, la predilecta del presidente está montada en una quimérica ruta para contender en 2024 por la Presidencia, y no es por falta de capacidad, sino que a ella en particular no le alcanza su capital político porque es una gris funcionaria convertida hoy en el ignominioso eco de las diatribas mañaneras a las cuales gran parte de la sociedad repudia y condena.

A tan pesados lastres, se adiciona el insuficiente trabajo realizado por la mandataria capitalina, particularmente en materia de seguridad. El atentado en contra de su jefe de Policía, Omar García Harfuch, en plena Lomas de Chapultepec es una muestra; también lo es la serie de ejecuciones. El pasado 29 de octubre, un hombre fue asesinado en la Calzada de Tlalpan a plena luz del día por dos sicarios que viajaban en una motocicleta. En otro caso similar, otro automovilista fue ejecutado al mediodía mientras conducía en avenida División del Norte; los autores del crimen huyeron a bordo de una moto. En julio del 2020, cuatro hombres que viajaban en un automóvil de lujo fueron asesinados con más de 70 de disparos, en la zona de Santo Tomás Ajusco.

Los anterior es una lista mínima de la inseguridad cotidiana imperante en la capital del país, donde el narcomenudeo sentó sus reales, y los asaltos en el transporte público, calles, comercios y casas son asunto cotidiano, como lo son las extorsiones desde los penales de la Ciudad de México.

Con tales credenciales, que López Obrador haya lanzado a una aventura utópica a su “corcholata” consentida y, sobre todo que le haga creer que tiene posibilidades de sucederle en la Presidencia, es una especie de engaño cruel. Doña Claudia Sheinbaum no será la primera presidenta de México. No le alcanza, aún con todo el apoyo del tabasqueño. No ha sido una buena gobernante.

El pulso social al respecto fue manifestado el pasado sábado, cuando presumió en Twitter que estaba viajando por carretera a Guanajuato, para asistir al Cervantino; que al día siguiente iría a la toma de protesta de la gobernadora de Baja California y el lunes a la de Colima. La tunda en las benditas redes sociales fue implacable. La fustigaron, entre otras cosas, por andar en campaña en lugar de poner su atención en realizar un gobierno eficaz. Claudia Sheinbaum no salió bien librada entre la ciudadanía.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*