Clase media y feministas abandonan a AMLO

Tal parece que luego de la tunda propinada a Morena el pasado 6 de junio en la Ciudad de México, que le hizo perder la mitad de las alcaldías y municipios estratégicos circunvecinos, poco o nada le enseñó al presidente Andrés Manuel López Obrador. La clase media fue, principalmente, quien decidió no votar por el partido en el gobierno que ha incurrido en una serie de errores catastróficos.

Igual que en las naciones desarrolladas, la clase media es el motor de la economía. La que asiste a las universidades, la que mediante hipotecas adquiere casas y se esfuerza por tener un nivel de vida satisfactorio, todo ello mediante estudio y trabajo, nadie le regala nada, especialmente el gobierno.

Históricamente se ha demostrado que es precisamente en ese grupo de la sociedad donde han tenido su génesis movimientos trascendentales en México. El más reciente, que significó un parteaguas, tanto en lo social como en lo político, fue el estudiantil de 1968. Por cierto, reprimido brutalmente por órdenes del entonces presidente emanado del PRI, Gustavo Díaz Ordaz.

Dolido en extremo por la debacle en las últimas elecciones en el área metropolitana de la capital de la República, que había sido su enclave, López Obrador arremetió en contra de la enjundiosa y pensante clase media. La tachó de “aspiracionista, individualista y sin escrúpulos morales”. Ahí rompió de forma definitiva con ese sector de la población. Cometió entonces otro error estratégico.

Pero hay otra colectividad con la cual desde hace tiempo el presidente choca y menosprecia: las mujeres mexicanas. Sin importar que en la República las mujeres conformen una mayoría de 64 millones 540 mil 634 (51.2% INEGI), el mandatario no termina de comprender el enorme poder que representan en todos los aspectos. Ellas son la escencia de las familias, y en ese sentido su influencia en la educación, cultura y economía, entre otros factores, incluída la política, resulta decisiva.

Así que López Obrador se tropieza con la misma piedra de la obsecación, la arrogancia y miopía política al descalificarlas desde el púlpito mañanero un día despues de las marchas en la Ciudad de México y otras capitales del territorio nacional para demandar el derecho inalienable al aborto y exigir que cese la violencia, la barbarie en contra de ellas. México es un país donde se cometen 10 feminicidios diariamente, según diversas organizaciones civiles. Es enorme la magnitud del agravio.

Y el agravio se repite y se profundiza por la soberbia y ofensiva retórica del señor presidente.

“Me da mala espina, porque si tratara de un movimiento realmente transformador lo que se busca es tener la simpatía del pueblo” (…) desconfío sobre su autenticidad, porque no se puede ser revolucionario, no se puede buscar una transformación, luchar por la justicia, siendo un rebelde sin causa”. Quizás el presidente ignora, convenientemente, que durante los dos primeros años de su administración (2019 y 2020) se registraron 946 feminicidios en cada uno de ellos, la cifra más alta desde que se tiene registro, ¿no es esa una causa suficiente para que las mujeres se manifiesten?

Desde luego que no podía faltar la consabida descalificación a temas que le incomodan o de plano le disgustan. Así que López Obrador no dudó en tildar las protestas de mujeres como un mero asunto de conservadores que tiene como propósito afectar a su gobierno: 

“Hay que ver qué es lo que está detrás, porque hace unos dos años, cuando empezó el movimiento feminista muchas mujeres participaron, pero se empezaron a dar cuenta de que se habían convertido en feministas conservadoras sólo para afectarnos a nosotros, sólo con ese propósito”.

Es la estrategia obradorista, pretender negar lo evidente, descalificar lo obvio. Tal cual lo ha hecho sistemáticamente con el desabasto de medicamentos, con la fallida estrategia de seguridad, con las masacres, con el más de medio millón de muertes por un desastroso plan para enfrentar la pandemia de covid y, como colofón de una extensa cadena de errores, mantener al nefasto subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, viviendo cómodamente a expensas del presupuesto.

Nada que sorprenda de un Andrés Manuel López Obrador que sigue en campaña y obsesionado en meter con calzador a su consentida Claudia Sheinbaum en el ánimo del electorado. Que insiste en menospreciar y agraviar a las mujeres; también, montado en su vendetta hacia la clase media; en permitir que desde su equipo de trabajo, cierto abyecto funcionario vea a los niños enfermos de cáncer como auténticos y sumamente peligrosos complotistas.

Rumbo al 2024, el señor presidente está sembrando vientos con el trato que, erróneamente, dispensa a los movimientos feministas y a la estratégica clase media. Como lo hemos referidos en otras colaboraciones, son precisamente los clasemedieros, esos tan denostados hoy por el mandatario, quienes se pueden convertir en su Waterloo, y las mujeres podrían sumarse a ello.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla*