Carlos Urzúa, otro que los manda a volar

Sucedió lo esperado. Era cuestión de tiempo. Carlos Urzúa no estuvo dispuesto a soportar ya las enormes presiones y caprichos originados en Palacio Nacional; este martes finalmente renunció a la Secretaría de Hacienda. Prácticamente todo mundo sabía que esto sucedería más temprano que tarde, el dilema era la fecha. Desde hacía semanas se especulaba con la dimisión de Urzúa Macías.

Urzúa, matemático y doctor en Economía por la Universidad de Wisconsin en Estados Unidos, es un hombre cercano –hasta ahora- al presidente López Obrador, fue su secretario de Finanzas del 2000 al 2003, cuando el tabasqueño se desempeñó como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal.

Hace apenas cinco días que el poderoso jefe de los senadores morenistas y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), Ricardo Monreal Ávila, declaró a un medio impreso (bit.ly/2Jsf0n9) que no habría cambios en el gabinete en al menos un año. El pronóstico del zacatecano pocos lo creyeron. Las presiones del Ejecutivo para que Hacienda le provea de vastos recursos para intentar cumplir con sus muchas promesas de campaña, son del dominio público.

A las exigencias monetarias de López Obrador, se sumaron en contra del hoy exsecretario, las profundas grillas en el gabinete. En el afán de secundar dócilmente la voluntad del mandatario, no son pocos los funcionarios del primer nivel que raudos apoyan sin condiciones al señor presidente en sus determinaciones, no obstante sepan y estén conscientes de que éstas son erróneas.

De ahí la inquina que se fue construyendo en rededor de Carlos Urzúa, cuyo imperdonable pecado consistió en haber osado cuestionar la voluntad presidencial en materia hacendaria. Así lo denunció en su muy dura carta de renuncia:

“Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”, acusa Urzúa. Es posible, entonces, confirmar que tales decisiones se habrían adoptado sobre las rodillas, sin bases sólidas y con el estómago. ¿Así sucedió con las estancias infantiles, los programas “sociales”, el aeropuerto en Texcoco, el Tren Maya, la refinería en Dos Bocas, incluso con el tema de la Policía Federal?

Pero al entorno tóxico en que laboró poco más de siete meses Carlos Urzúa, hay que agregar uno de los factores que han caracterizado a la gestión morenista: la imposición de servidores públicos ignorantes, incapaces e inexpertos en puestos clave del gobierno federal.

“Me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”, es decir, el hoy exsecretario de Hacienda no tuvo la libertad de conformar un equipo de trabajo que lo apoyara en la complicada tarea que se le encomendó. Por cierto, existe coincidencia entre politólogos, oposición, académicos y la opinión pública, que uno de los “personajes influyente” aludidos por don Carlos, es el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza, entre otros.

De las tres renuncias en el equipo lopezobradorista: Germán Martínez, director del IMSS, el 21 de mayo; Josefa González Blanco Ortiz Mena, secretaria de la Semarnat, el 25 del mismo mes y la de Carlos Urzúa, esta última es la de mayores consecuencias, pues el peso tuvo una depreciación (sí, depreciación) al pasar de 19.20 a 19.45 por dólar y la Bolsa cayó alrededor de 2%.

En materia económica realmente los daños por la salida de Carlos Urzúa fueron leves. Pero los verdaderamente importantes se produjeron en el exterior, debido a que los mercados internacionales recibieron una señal de que hay indecisiones en el rumbo de política hacendaria, lo cual se adiciona a las disminuciones en las calificaciones a Pemex, la CFE y el propio gobierno.

Al presentar al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, como nuevo titular de la dependencia -el mismo al que “regañó” por declarar al Financial Times que no se autorizaría la refinería de Dos Bocas-, el presidente López Obrador, fiel a su costumbre, minimizó la dimisión de Urzúa. “Él no está conforme con las decisiones que estamos tomando y nosotros tenemos el compromiso de cambiar la política económica que se ha venido imponiendo desde hace 36 años… hay a veces la incomprensión, o dudas, titubeos, incluso al interior del mismo gobierno, del mismo equipo…”.

Un punto coincidente entre las abruptas salidas de German Martínez y Carlos Urzúa del equipo de López Obrador, es la virulencia de las acusaciones e inconformidad en contra de la forma en que se están tomando decisiones gubernamentales. Ello es una consecuencia, la causa, como se ve, es el autoritarismo, improvisación y falta de conocimiento en la conducción del país.

Por lo pronto, el retiro de Urzúa tampoco es bien visto en México, pues se considera como un indicio de que el rumbo económico del país no va por el mejor camino, además de confirmar las intrigas y disputa del poder al interior del gabinete, un gabinete con una larga curva de aprendizaje, como la definió acertadamente el expriista y hoy neomorenista, Ricardo Monreal.

@BTU15  

*Nota del editor: foto: lopezobrador.org.mx*