Carlos Lomelí Bolaños, el superdelegado “incómodo”

Al inicio de semana, tres noticias rondan en Palacio Nacional; una, la firma del decreto por el presidente López Obrador para poner fin a la condonación de impuestos, lo cual es recibido en general con agrado por la población. Los abusos, corruptelas y maquiavélicas componendas dejaron millonarias ganancias para funcionarios, exfuncionarios y despachos de abogados, entre otros.

Otro tema es el del superdelegado morenista en Jalisco, Carlos Lomelí Bolaños, quien este lunes fue señalado por la organización civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), de integrar, junto con familiares y colaboradores cercanos, una red de empresas que venden medicamentos a gobiernos. Esas compañías ya han recibido contratos de la actual administración federal por un monto de más de 164 millones de pesos, asegura la investigación de MCCI.

Una de las banderas que hizo triunfar de manera abrumadora a López Obrador en las elecciones presidenciales, fue la promesa de terminar con la corrupción gubernamental y los “acuerdos” para favorecer a familiares, amigos y compadres. Por eso el asunto de Lomelí Bolaños es un misil a la credibilidad del mandatario si es que no toma medidas drásticas al respecto.

Desde luego, el prestigio del superdelegado, de acuerdo con la información contenida en la investigación de MCCI, no es precisamente un ejemplo de probidad.

En el año 2008 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló a una de sus empresas, Lomedic, por presuntos vínculos con el desaparecido cartel de los Amezcua Contreras, conocidos como Los Reyes de las Metanfetaminas; cuatro años después la eliminaron del listado. Nueve años más tarde, en 2017, la misma dependencia estadounidense ubicó a otra de sus compañías, Servicios Educativos y de Negocios, esta vez por estar presuntamente relacionada con la organización criminal operada por Raúl Flores Hernández, vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación, detalla el documento de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

Si el Presidente ya le quitó a su compadre, Miguel Rincón, presidente de Bio Pappel Scribe, un contrato para proveer papel destinado a la elaboración de libros de texto gratuitos, el antecedente obliga al tabasqueño a mirar con lupa las maniobras con las que se estaría beneficiando a Carlos Lomelí Bolaños, el superdelegado incómodo. Hacer distingos va en contra del discurso oficial. Por su parte, el señalado sólo atinó a tuitear: “Rechazo los señalamientos que, sin fundamento, difunden en contra de mi persona. Reitero: ninguna de las empresas en las que tenga participación interviene ni intervendrá en licitaciones gubernamentales”. Pero las pruebas son demoledoras.

Finalmente, el tercer tema, comentado sotto voce dentro y fuera de la sede presidencial, es la encuesta de Consulta Mitofsky publicada este lunes  por El Economista (https://bit.ly/2LWCjdk), que muestra un declive en la aprobación ciudadana hacia el trabajo presidencial; la medición coloca en 59.9 la calificación de los encuestados, mientras que hace un mes se ubicaba en 64.6.

Y a casi medio año de asumir el poder, AMLO enfrenta las consecuencias de algunas “travesuras” del equipo que le rodea. Tal vez por eso el titular del Ejecutivo empieza a perder la poca paciencia al ver que, contra su filosofía, no todo es honestidad valiente en la llamada Cuarta Transformación. Sólo el hartazgo presidencial y, quizá, frustración, pueden explicar la “regañada” de López Obrador a beneficiarios de los programas sociales en Chiapas. 

López Obrador puede ser acusado de todo, excepto de corrupto o deshonesto. Pero, a pesar de sus convicciones, no puede meter las manos al fuego por quienes le rodean. Los proyectos políticos y ambiciones de todos aquellos que se sumaron al plan Obradorista, no necesariamente coinciden con su jefe; hoy, la mayoría está con él porque así le conviene, porque los otros partidos no representan, al menos en el corto plazo, una opción segura y rentable.

Los abusos y voracidad de integrantes de la 4T, han tenido que ser denunciados por los medios de comunicación, esos que no le agradan al Presidente y son vilipendiados en las “mañaneras”. El disgusto presidencial es enterarse de que la corrupción también es parte de varios colaboradores en los que depositó enorme confianza. Pronto se desgastó la honestidad valiente.

Por cierto, llama la atención otra encuesta acerca de la actividad del presidente, la de El Heraldo de México, (https://bit.ly/2VPVR7B) un diario cuya importancia y trascendencia periodística está muy lejana de aquella primera versión fundada por la familia Alarcón. El periódico, sospechoso de censurar algunas colaboraciones de sus columnistas, destaca una aprobación para AMLO de 70 por ciento, es decir, 7 de cada 10 encuestados lo califican de manera positiva.

Cada medio tiene sus intereses. No hay duda de que muchos están tratando de sobrevivir ante el recorte de publicidad oficial. Los despidos están a la orden del día, mucha gente talentosa está sin trabajo. Así que una forma de tratar de quedar bien con la nueva administración es llenarla de loas y hacer uso de las encuestas tendenciosas. La pregunta, por lo tanto, es: ¿a quién le creen, a la encuesta de El Economista, o la de El Heraldo? Ahí queda la inocente, pero justificada duda.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: @DrCarlosLomeli*