El bebé Tadeo y la impotencia del gobernador Barbosa

                                                                       El Estado mexicano padece, como enfermedades crónicas, la rapacidad y la venalidad de los funcionarios.

El Ogro Filantrópico

Octavio Paz

La frivolidad, descaro y el disparate son características profundamente arraigadas en la clase política, especialmente en la mexicana. Las excepciones son conocidas por todos y pertenecen a épocas pasadas. En la actualidad parece que hay una competencia, consiente o no, por ganar el primer lugar en declaraciones ofensivas, desafortunadas y, en especial, plagadas de embustes.

Viene lo anterior a propósito del gobernador de Puebla, Miguel Barbosa Huerta, quien en otro de sus recurrentes lapsus mentales arremetió en contra de periodistas y activistas sociales, quienes lo han cuestionado severamente por el bebé encontrado sin vida dentro de un contenedor al interior del penal San Miguel, el pasado 10 de enero. El pequeño cuerpo tenía una incisión en el abdomen.

“Vuelvo a repetir (SIC) todos los que dijeron cosas van a silenciarse, porque así han actuado siempre, tengan cuidado también en el desempeño de la profesión, la noble profesión del periodismo que no sirva también para destruir escenarios, es mi respuesta”.

Pero los extravíos de Barbosa, un convenenciero neomorenista favorecido por el tsunami obradorista, a nadie sorprenden. En octubre del 2019 tuvo uno más de sus dislates, cuando, sin mencionar por su nombre a Martha Érika Alonso, gobernadora de Puebla y a su esposo Rafael Moreno Valle, fallecidos en un sospechoso accidente de helicóptero, dijo, refiriéndose a la elección del 2018: “yo gané me la robaron, pero los castigó Dios”, en clara alusión a los políticos fallecidos.

A finales de marzo del 2020, cuando la pandemia empezaba a pegar en México, Barbosa Huerta reiteró sus despistes.

“¿Quiénes están contagiados ahorita? (…) Son gente acomodada ¿sí lo saben o no? ¿Son ricos?, entonces sí tienen el riesgo. Si ustedes son pobres, no. Los pobres estamos inmunes”, (bit.ly/3KA9RZ2) blofeó el gobernador, quien escupió al cielo, pues la semana reciente informó haberse contagiado del SARS-CoV-2. La deducción, de acuerdo a su brillante teoría es simple: el padecimiento afecta a los acomodados como él que se ha enriquecido vía el lucro político.

Días antes, hubo otra “barbosada” con la cual el poblano refrendó su tremenda ignorancia:

“Que la vacuna ya se descubrió en contra del coronavirus, es un plato de mole de guajolote”. De ese tamaño es el inconmensurable analfabetismo en materia de salud y, en especial, de la gigantesca torpeza para desorientar y mentir a la sociedad poblana. (bit.ly/358Q2Yl).

Lo que Miguel Barbosa Huerta debe hacer, es trabajar en beneficio de sus gobernados y dejar de amenazar a quienes, con argumentos, lo critican por el grave y vergonzoso asunto del bebé. La palabrería barata, demagógica y vulgar muestra falta de inteligencia y oficio político, entre otras cosas. Todo ello, como bien lo describió Octavio Paz, en su espléndida obra El Ogro Filantrópico, hace que el Estado mexicano padezca enfermedades crónicas: la rapacidad y la venalidad de los funcionarios. Resultados verídicos es lo que demanda la población, no excusas ni amenazas.

El caso, que ya le dio la vuelta al mundo, cobró notoriedad gracias a la amplia difusión de “Reinserta”, una ONG dirigida por Saskia Niño de Rivera. El bebé de quien ahora se sabe se llamaba Tadeo, cuyo cuerpecito fue exhumado ilegalmente de un panteón de Iztapalapa en la Ciudad de México y hallado posteriormente en el contenedor de basura del mencionado penal San Miguel, es un hecho que horroriza y avergüenza no sólo en principio al gobierno de Miguel Barbosa Huerta, sino al país entero. Por ello es que debe ser investigado a fondo más allá de los berrinches del mandatario poblano. Muchas interrogantes se deben aclarar. ¿Quiénes y cómo extrajeron el cuerpo de Tadeo? ¿Quién y cómo lo ingresaron al penal? ¿Con qué objeto?

Muchas son las interrogantes, vastas son las complicidades. A responder y aclarar éstas debe enfocarse Barbosa. Arremeter en contra de comunicadores y organismos de la sociedad civil, es propio del autoritarismo y de gobernantes aldeanos. Resultados bien y sin dilación, es lo que, sin excusas burdas y ruines, está obligado a dar el titular del Ejecutivo en Puebla. Lo demás, es como dice su jefe, mera politiquería.

STATU QUO

El estado de salud del presidente López Obrador no es poca cosa. Es, sencillamente asunto de Estado. Por ello es de interés general. Los efectos de un posible percance mayor –no lo deseamos- traería consecuencias políticas, económicas y sociales. Intentar disfrazarlo no sólo es incorrecto, sino peligroso puesto que se presta a innecesarias especulaciones de todo tipo. Así que en Palacio Nacional están obligados a informar con oportunidad y veracidad acerca de la salud del mandatario.

Por cierto, eso de que el tabasqueño tiene un “testamento político”, estuvo fuera de lugar. Si llegara a faltar en lo que resta del sexenio, no es su voluntad la que se haría valer. En política sigue muy vigente aquello de “Muerto el rey, viva el rey”. Hay cosas imposibles de heredar.

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: Gobierno de Puebla*