Año nuevo: ola de impuestos y calamidades

El año nuevo llegó con un cúmulo de aumentos en impuestos y otras imposiciones fiscales. A las acostumbradas alzas tributarias que el gobierno aplica bajo el gastado pretexto de que sólo se trata de ajustes inflacionarios, como sucede cada enero en el pago del predial y agua, por citar un par de ejemplos, se agregó el incremento en el IEPS, que a querer o no, impacta a un amplio sector social.

Ante la falta de un liderazgo federal contundente, diversos gobernadores aprovecharon para irse por la libre y despacharse con sendos aumentos. Puebla es uno de estos vergonzosos casos, tal como lo documentó el semanario Proceso (bit.ly/2ujqxBi). Baja California no se quedó atrás en el ruin comportamiento y en el último día de 2019, avalaron nuevos impuestos, según lo dio a conocer Animal Político (bit.ly/2ulOM1T). Por coincidencia, ambos Ejecutivos locales son de Morena.

Incluso, la Ciudad de México aplicará también cuatro nuevos impuestos en el 2020 (bit.ly/39CDwy4). La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, pertenece a Morena.

Pero no sólo los gobernadores de Morena, el partido del presidente López Obrador, han mostrado una condenable voracidad a la hora de hincarle el diente a la ciudadanía. Los panistas mostraron el cobre; en el muy violento Guanajuato y Aguascalientes, igualmente hubo incrementos impositivos.

Y es tan indefendible y dañina la ola de aumentos para el “pueblo bueno”, que el propio presidente López Obrador, consciente del costo político que implica, y ante las elecciones del 2021, intenta deslindarse del agandalle de los mandatarios estatales, que parecen mandarse solos.

“No es cierto que tengan que aumentar los impuestos porque se les redujo el presupuesto. Nosotros no podemos reducir el presupuesto, porque el presupuesto se entrega, se distribuye de conformidad con la ley de coordinación fiscal”, afirmó en la mañanera del pasado viernes.

“… estados que están subiendo impuestos o que están cobrando por predial o por cualquier impuesto local esgrimiendo que no tienen presupuesto porque no se les entregó o se les redujo el presupuesto que les correspondía por ley y no es cierto”, subrayó el tabasqueño.

Pero mientras son peras o manzanas, la cruda realidad para millones de mexicanos es que, entre la subida de impuestos y la creación de otros, aunado a la escalada de ajustes –hacia arriba, por supuesto- en productos habituales para un amplio sector de la sociedad –refrescos y cigarros, incluidos-, no se han hecho esperar.

El cacareado aumento de 20% al salario mínimo, así como entró en vigor, asimismo desapareció con tanta alza a los precios en productos populares. Marcas como Bimbo, Lala, Alpura, Nestlé, Sabritas, Gamesa, Modelo, Barcel y Tía Rosa, entre otros, ya lo concretaron. Igual que en años anteriores.

De acuerdo a la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), el aumento salarial para el año en curso, -el más grande en los últimos 40 años, según el discurso oficial-, prácticamente servirá para nada, en virtud de que:

 “Sus efectos tendrán un bajo impacto en el consumo, debido a la actualización del impuestos como IEPS a gasolinas y diésel, medidas que se verán reflejadas en el bolsillo de los mexicanos por la elevación de los costos de suministro de los productos de primera necesidad, que tenderán a elevar sus precios”.

Vaya que resultó certero y lapidario el pronóstico de la ANPEC. Los aumentos en los gravámenes decretados por el gobierno federal (el Congreso, dirá AMLO) y los estatales, se convirtieron en un aniquilador del ahora ya inservible incremento al salario mínimo. El Tsunami de alzas oficiales y de la iniciativa privada, no hacen sino impactar de lleno como un misil poderoso la economía de la enorme mayoría de los mexicanos, que cada vez se sienten más decepcionados del régimen actual.

No obstante, el tema económico no es la única pesadilla de la población. La inseguridad se mantiene como el primer dolor de cabeza para quienes habitan en la república mexicana. El 2019 concluyó como el año más violento del que se tenga memoria, con una estrategia de seguridad inútil que tuvo –y sigue teniendo- como eje principal, la ineficaz y ridícula repartición de abrazos y chanclazos.

A pesar del estrepitoso fracaso gubernamental en el combate a la delincuencia, 2020 pareciera, de acuerdo a los ríos de sangre observados en los primeros días del año, que no será diferente. En Guanajuato la vida no vale nada y es territorio de los criminales; Tamaulipas no canta mal las rancheras, mientras que en la Ciudad de México y el fatídico Estado de México, los delincuentes encuentran un paraíso para cometer toda clase de fechorías, mientras las autoridades poco hacen.

Para desgracia de los ciudadanos, tal como se ven las cosas, no hay un horizonte promisorio, al menos no en el corto y mediano plazo. Con cero crecimiento del PIB el año pasado, la inseguridad y violencia en constante aumento, más un gobierno temeroso, servil y dependiente de su vecino del norte en casi todos los aspectos, el panorama es bastante pesimista. Qué tristeza.

@BTU15  

*Nota del editor: Foto en portada: especial Internet*