AMLO: portazos y faltas de respeto

Cuando el presidente de México sale de su cómoda burbuja plena de aduladores y de mítines que tanto le gustan, las cosas se le complican. El primer antecedente de ello ocurrió el 23 de marzo del 2019, cuando fue abucheado por el público durante la inauguración del estadio de béisbol Alfredo Harp Helu, en la capital de la República.

Acostumbrado a sentirse aplaudido y venerado por algunos sectores de la sociedad, al mandatario le afecta de manera drástica que lo cuestionen. Su enorme ego es lastimado a niveles superlativos. Por eso le arman baños de pueblo controlados. Tiene necesidad urgente por la adulación, de sentirse el centro de cuantos lo rodean y de que éstos aplaudan y a todo digan, sí señor.

Es el ADN de un López Obrador, que lo conecta con sus seguidores y lo mantiene con una popularidad extrañamente alta. No obstante, para que esa conexión se dé, el tabasqueño requiere sentirse en su ambiente, arropado por quienes creen en él, que se genere una interminable cauda de aplausos y vítores; eso le satisface.

Pero todo cambia para el titular del Ejecutivo si algunos factores de esa ecuación son alterados por fuerzas exógenas. Como lo sucedido en Huauchinango, Puebla, el domingo último, donde afectados por el huracán Grace dieron “portazo” para entrar al auditorio donde se encontraba el presidente López Obrador y reclamarle por qué no los consideraron en el censo para recibir apoyos oficiales. Incluso, un hombre llegó hasta el mandatario y lo increpó de manera poco cortés. Una acción que no debió suceder; fallaron quienes cuidan al presidente y lo pusieron en riesgo.

La reacción de AMLO fue de enojo, lo pudimos ver en las imágenes que se transmitieron en medios de comunicación y redes sociales. Apeló al respeto y finalmente pudo medio controlar la embarazosa situación, sin embargo, la salida apresurada del recinto, custodiado por elementos del Ejército, describe el gran enojo que la irrupción del “pueblo bueno” originó.

Para intentar un control de daños, López Obrador justificó que la gente entró por la fuerza al auditorio en Huauchinango, porque “ya quieren vernos”. Empero la realidad es otra. Quienes creyeron en el proyecto obradorista –que no de Morena- empiezan a ser menos tolerantes con los errores y “olvidos” del señor presidente. Y conforme transcurra el sexenio, lo serán menos.

Y la percepción social de que al jefe del Estado mexicano se le pueden parar enfrente y reclamarle, va in crescendo. Él mismo ha socavado de manera rápida su credibilidad por tantas promesas hechas y que hoy le es imposible cumplir. Crecer el PIB al 4% anual; regresar a los militares a sus cuarteles; no permitir aumentos de precios; combatir la inseguridad y violencia, y disminuir la pobreza, son algunos de los ofrecimientos de campaña que quedarán en eso: meras y utópicas ofertas.

Un hecho más que pinta con perfección la fuerza que ha perdido Andrés Manuel López Obrador y el temor a ser confrontado, es lo sucedido con la senadora panista Lilly Téllez en días recientes.

“El violador serial de la Constitución: el señor presidente López Obrador… vendrá al senado la próxima semana; es preciso hacerle frente”, señaló en su cuenta de Twitter la legisladora sonorense el pasado viernes a propósito de la visita que debería hacer el presidente al Senado este jueves 7 para entregar la Medalla Belisario Domínguez a la también senadora, Ifigenia Martínez, de Morena.

Bastó que AMLO anunciará el lunes siguiente: “una legisladora convocó a que me falten al respeto ahí en el Senado (…) no puedo exponer la investidura presidencial y no voy a ir a que se me falte al respeto y se haga un escándalo, imagínense…”, para que los ejércitos de bots y fanáticos azuzados desde Palacio Nacional se lanzaran en contra de Lilly Téllez para injuriarla y amenazar de muerte a su hijo. Pero en esas cosas que tiene la política, “les salió el tiro por la culata”. Victimizaron a la senadora y las agresiones en redes sociales provocaron solidaridad y el repudio hacia los agresores y sus jefes palatinos.

No le quedó de otra al inquilino de Palacio que echar reversa y salir en defensa de la “irrespetuosa” senadora. En la conferencia mañanera de este miércoles, López Obrador se dirigió a sus fans:

“Aprovecho para decirle a todos los que simpatizan con nosotros de que cuidadito con hacerle daño a otra persona por pensar distinto, hay que respetar. No me gusta la palabra ‘tolerancia’, me gusta más la palabra ‘respeto’.

“Esto también lo digo porque la senadora Lilly Téllez se queja de que está siendo acosada. Pues está mal que se haga eso. Somos libres, cada quien puede expresarse, manifestarse; y podemos tener diferencias, pero sin agresiones”.

Hizo bien el presidente en llamar al orden a sus porros de las “benditas” redes sociales. Aunque no corrige el profundo agravio. Todo se hubiese evitado si López Obrador va al Senado y no rehúye la crítica fundamentada, ni las consabidas protestas. No se puede trascender en la historia si la decisión es dejarse amedrentar por los opositores en el Congreso. En su momento, hasta Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto dejaron el miedo a un lado.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*