AMLO: las vicisitudes de ser Presidente

La semana que terminó no fue precisamente un dechado de satisfacciones para el presidente electo. Una serie de acontecimientos le recordaron su condición de mortal. El miércoles, en Huatulco, hubo de esperar cinco horas a bordo del avión que lo traería a la Ciudad de México. Los motivos fueron la tremenda lluvia que cayó en la urbe capitalina y la saturación del Aeropuerto Benito Juárez.

Al día siguiente, el hijo menor de AMLO, Jesús Ernesto López Gutiérrez, se fracturó la tibia y peroné mientras jugaba en un parque. El pequeño fue atendido en el exclusivo hospital privado Médica Sur. La atención en el centro médico “fifí” desató una avalancha de críticas en contra del tabasqueño por aquello de la austeridad republicana. Sus detractores lo acusaron reiteradamente de incongruente.

El sábado último otra demora aérea surgió; esta vez en el aeropuerto de Ciudad Obregón, Sonora, donde López Obrador se vio obligado a esperar casi tres horas a que despegara el vuelo comercial rumbo a la capital de la República, debido a una tromba que azotó el oriente del Valle de México y al crónico congestionamiento de la vetusta terminal aérea de la capital mexicana.

Desde luego que las tres situaciones estuvieron fuera del control de AMLO. No obstante, las demoras en los aeropuertos señalados se ubican en el  entorno de un tema en el que se ha obsesionado: la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la CDMX. Tal vez las extenuantes esperas que le tocaron en la semana que concluyó, le permitan una reflexión realista más allá de la esfera política; total, las campañas electorales concluyeron y él ya ganó la Presidencia.

Bien sabe López Obrador que ahora vivirá de manera permanente bajo el escrutinio público, y así sucederá durante todo su gobierno; en particular de todos aquellos que sólo estarán a la espera de algún dislate o un hecho que involucre a sus cercanos. Así es la política y la politiquería en nuestro país, donde usualmente de forma furiosa se privilegian más los chismes y la denostación del adversario que la crítica constructiva. Al líder morenista esto no debe sorprenderlo y debe prepararse.

Otro tema que en los últimos días parece complicársele rápidamente al próximo Presidente, es el de incrementar la edad –de 65 a 68 años-  para otorgar los apoyos del Programa Pensión para Adultos Mayores del Gobierno de la República. El sector afectado ya ha externado protestas y se dice engañado por la promesa electoral del “Rayito de Esperanza”; al respecto, grupos opositores en el Congreso, aprovechan para hacer bastante ruido con este asunto que amenaza con crecer.

Y rumbo a la ascensión oficial de don Andrés, continúan acumulándosele materias cuya solución parece extremadamente compleja. Como la de la probable asistencia -aún no confirmada- del presidente de los Estados Unidos a su toma de posesión el 1 de diciembre. Donald Trump no ha tratado nada bien a nuestro país ni al gobierno actual, además, se ha ensañado con nuestros connacionales que trabajan en aquella nación y con los migrantes en general. Así que éstos se oponen a que el republicano acuda a la ceremonia del cambio de poder. Otro negrito en el arroz.

Se supo que una coalición binacional de migrantes prepara una carta que hará pública para manifestar el rechazo a la presencia del mandatario estadounidense, incluso, señalaron que habrá protestas en todo México si es confirmada su visita, máxime que en Texas empezaron a construir una valla metálica en la frontera. En este torbellino de presiones, humillaciones y malos tratos norteamericanos, donde el “peliteñido” insiste en que nuestro país debe pagar por un absurdo e ignominioso muro, al tiempo que se llevan a cabo desfavorables negociaciones para renovar el TLCAN, AMLO parece haber claudicado de antemano ante el inobjetable poderío gringo, pues afirma una y otra vez, que no se va a pelear con la unión americana por el muro, ya que él prefiere amor y paz. Es decir, también soportaremos las ofensas y vejaciones en un gobierno de “izquierda”.

Bien describió Alan Riding en su libro Vecinos Distantes (Joaquín Mortiz/Planeta 1985), la dispar situación entre ambos países: “En los últimos 150 años, México ha podido conocer y sentir el poderío estadounidense: en el siglo XIX, perdió la mitad de su territorio a manos de su vecino del norte; en el siglo XX, se ha vuelto dependiente, en términos económicos de Estados Unidos”.

Hoy nada ha cambiado, por el contrario, la dependencia de México respecto a Estados Unidos se ha incrementado a niveles de docilidad: casi la totalidad de las exportaciones nacionales van a ese territorio; ni hablar de las millonarias remesas enviadas por nuestros connacionales, y, además,  buena parte  del turismo proviene de aquellos lares, esto, sin abundar en la idolatría por la superficial “cultura” estadounidense de no pocos mexicanos. En pleno siglo XXI, la relación de EUA hacia México es sumamente perversa, igual que los son y han sido sus líderes.

Quizás en el fondo AMLO tiene razón: no hay argumentos para hacer frente al imperio del Tío Sam; el poderío militar, económico y tecnológico de EE.UU., lo imposibilita, tal como ha sucedido desde tiempos ancestrales. Así que mejor la filosofía del amor y paz; una especie de escudo genérico ante las severas críticas sociales por la inacción. Aquí no habrá consulta, sería otra batalla perdida. 

@BTU5  

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*