AMLO: economía en picada y aranceles en puerta

El panorama económico se le complica cada vez más al presidente López Obrador. Como si no bastara la amenaza trumpista de imponer aranceles a las exportaciones nacionales, so pretexto de que el gobierno lopezobradorista nada hace por frenar la migración centroamericana –y de otras naciones- con rumbo a la unión americana, este lunes el Banco de México (Banxico) dio a conocer los resultados de su Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, correspondiente al pasado mayo; los resultados son poco halagüeños.

Los expertos consultados por Banxico, ajustaron a la baja por octavo mes consecutivo, su proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2019, al reducirlo de 1.52% en abril a 1.32% en mayo. Esto, muy lejano al pretendido crecimiento del 4% anual promedio ofrecido por AMLO.

Obcecado en cumplir con sus programas sociales, los fondos para lograrlo cada vez se escasearán más, al menos así lo vislumbran los economistas encuestados por el banco central. Los factores detrás de ello son varios, pero el de mayor relevancia e impacto es uno: López Obrador está regalando dinero público que no se está generando previamente, recursos del erario que ningún impacto tienen en la productividad de la economía mexicana. El disgusto social por esta pifia presidencial sigue creciendo; en tanto, miles de empleados gubernamentales son despedidos.

De hecho, ya se empieza a resentir en el mercado doméstico la contracción del consumo en ciertos sectores, lo cual resulta lógico cuando la cantidad de desempleados, cortesía de las dependencias federales, inhiben el gasto. La cantaleta en Palacio Nacional de que con el combate a la corrupción México se encaminaría a un estado de gracia y prosperidad nunca antes vista, se desgastó rápidamente hasta volverse increíble. Decisiones erróneas han impactado en la credibilidad del presidente. Los inversionistas y casas calificadoras no terminan de digerir la cancelación del aeropuerto en Texcoco, que envío una pésima señal al exterior, además de la cifra millonaria que hubo de pagarse por la suspensión de la obra. Los daños y costos, al final los paga el “pueblo bueno”.

Junto al despilfarro del erario en los llamados “programas sociales”, interpretados por muchos como ofensivos programas electoreros, está la necedad del Ejecutivo federal de llevar a cabo el cuestionado proyecto del aeropuerto en Santa Lucía, e iniciar otro, inviable a todas luces: el Tren Maya. Junto a la decisión de construir una costosísima refinería en Dos Bocas, Tabasco, cuya funcionalidad está en entredicho, el conjunto de obras demanda cuantiosos recursos.

México es un país donde los recursos económicos no sobran, pero sí las personas en condiciones de pobreza y de pobreza extrema. La desigualdad es un demonio apocalíptico presente en el territorio nacional. Tan sólo por estos contundentes motivos, el presidente tiene la obligación constitucional y moral de cuidar al máximo el dinero de todos habitantes, de no tirarlo por la coladera en dádivas. Bien lo asevera Joseph E. Stiglitz, el premio Nóbel de Economía 2001, en su libro La Gran Brecha: “La desigualdad no es inevitable, ni es consecuencia de leyes inexorables de la economía. Es cuestión de políticas y estrategias”, y lamentablemente para los mexicanos, parece que en el actual gobierno las políticas y estrategias no son precisamente las mejor pensadas antes de aplicarlas.

Aún se desconoce si Donald Trump, el soberbio, peligroso y patán mandamás de la Casa Blanca, aplicará aranceles a los productos mexicanos que ingresen a su imperio. Aunque el optimismo del presidente López Obrador y su “avezado” equipo negociador, considera que el “peliteñido” reconsiderará su amenaza, en Estados Unidos se considera un hecho que el próximo lunes entraría en vigor la medida unilateral que, si bien afectará a los consumidores de aquella nación, los daños a la planta productiva, empleo y economía nacional serán particularmente lesivos.

Hay tiempo para que, por el entorno inextricable que acecha a México, López Obrador analice profundamente y, en su caso, modifique, posponga o cancele los proyectos del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto en la base militar de Santa Lucía. También, es el momento para dejar de regalar dinero de los contribuyentes a quienes solo estiran la mano, como los dichosos ninis. Si hay austeridad, que ésta sea real; es engañoso y condenable que se le resten recursos a las estancias infantiles, a las universidades públicas, a los centros de investigación, a las becas de los estudiantes en el extranjero, para dilapidarlos en quienes no aportan al país y a la sociedad.

Y por supuesto que no nos referimos a los adultos mayores, quienes tienen todo el derecho a recibir asistencia gubernamental, pues muchos de ellos carecen de pensiones y otros las tienen, sí, pero son insultantes y exiguas, incluso, menores que lo que se entrega a los beneficiarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro (3,600.00 pesos mensuales).

Como se ve, si Donald Trump, persiste en su acción unilateral y gandalla de aplicar aranceles a la mercancía mexicana que entre a EE.UU., aunada a la violencia, incertidumbre política y falta de estado de derecho pleno, que prevalecen en la república mexicana, la perspectiva económica y política de AMLO cambiará radicalmente. Los costos para su imagen presidencial –muy alta aún- se reflejarán necesariamente en el corto plazo.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: especial internet*