AMLO: buena intención, pésima estrategia

Al presidente López Obrador es necesario aplaudirle por la decisión para entrarle al gravísimo problema del huachicoleo y al robo del combustible desde las entrañas mismas de Pemex. Una auténtica cloaca que incluye trabajadores sindicalizados y a sus dirigentes, vigilantes, personal de confianza, mandos medios, y distribuidores, hasta llegar a la punta del organigrama de la empresa.

Es tan complejo el galimatías en la supuesta “empresa productiva” y tan profundas las raíces de corrupción y complicidades, que gobiernos priistas y panistas se abstuvieron de abordar el asunto. Todos conocían a la perfección la dimensión del “monstruo” y quiénes estaban involucrados con él, pero las deleznables protecciones a un negocio multimillonario estuvieron presentes por décadas.

No sólo es necesario, sino obligado que se investigue y procese a todos aquellos que participaron en el diabólico festín que prácticamente arruinó a la principal empresa del país. Un apetitoso botín que llenó de forma inmoral e ilegal los bolsillos de un número amplio de funcionarios y bandas delincuenciales, entre otros. De ahí la imperiosa necesidad de investigar a fondo el rompecabezas.

La voluntad de López Obrador para ir en contra del robo de combustibles, es correcta, resulta incontrovertible en su esencia. Lo criticable es la manera rudimentaria en que se está llevando a cabo. Exhibe en principio una pésima estrategia que ha derivado en desabasto en amplias zonas de la república mexicana. La anarquía está a la vista de todos. La irritación de la población, también.

Regiones como el Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Jalisco, y la propia Ciudad de México han resentido la escasez del carburante, pese a las negativas en coro del gobierno Obradorista. Si el mandatario adoptó la resolución de enfrentar el robo de gasolina, con todo lo que ello implica, debe llamar a las cosas por su nombre. Negar que una de las consecuencias –la principal- es la falta de suministro oportuno y suficiente en las gasolinerías, es absurdo y poco inteligente. “Decir que no hay desabasto, es una burda mentira. Millones de personas y miles de empresas dan testimonio de ello”, afirmó este martes el presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos en su cuenta de Twitter. El líder patronal sabe de lo que habla. Entonces, ¿para qué mentir?  

Y la táctica presidencial para combatir el criminal saqueo de los recursos nacionales, tiene el respaldo social, no puede ser de otra forma, los mexicanos están hartos de las corruptelas sistemáticas en el gobierno y la depredación del patrimonio nacional. No obstante, es obligación del Ejecutivo diseñar y aplicar las estrategias óptimas para evitar al máximo efectos perniciosos como los que hoy se padecen por la falta de combustibles en diversos puntos de México.

Tampoco es aceptable la carencia de información suficiente, ni que funcionarios obligados a proporcionarla evadan a los medios de comunicación para no afrontar los costos políticos o simplemente a causa de su desbordada ignorancia. Mucho menos que el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador no sepa cuándo se normalizará el desabasto:

“No lo quiero decir, ayer en una entrevista de televisión, desde luego que tengo información y tengo estimados, no lo quiero decir para no alimentar a quienes están dedicados a cuestionarnos y si digo un día, y por alguna razón ese día no se resuelve, ya pasó un día, ya pasó otro día”, respondió de modo ambiguo en la conferencia matutina de hoy.

Si AMLO pide ayuda de la ciudadanía para evitar compras de pánico, debe empezar por dar información precisa para evitar todo tipo de especulaciones. Los rumores en las redes sociales son alimentados justamente por la ausencia de comunicación veraz. Declarar por declarar, sólo para cumplir con la costumbre, en nada ayuda y por el contrario, deja materia para los manipuladores.

Desde luego, subrayamos que la intención de combatir al “cáncer” llamado popularmente huachicol, genera las simpatías del “pueblo sabio” y nadie debería oponerse -excepto, claro, todos los involucrados-; si los resultados son favorables habrá sido una jugada maestra de López Obrador a pesar de las vastas molestias y críticas que hoy genera, de lo contrario, el desgaste será muy alto y la factura por ello aparecerá tarde o temprano. Por lo pronto, hay riesgo de crisis en el horizonte.

LOS MIEDOS DE CARLOS ROMERO DESCHAMPS

En medio de las investigaciones del gobierno obradorista por el robo de combustibles, apareció un personaje siniestro: Carlos Romero Deschamps, el líder del Sindicato Petrolero. Sabedor de la cloaca que hay en Pemex, este beneficiario y protegido de los gobiernos priistas –en el sexenio de Peña Nieto, fue impuesto en el Senado- muy pronto mostró públicamente su abyecta docilidad al poder.

Romero Deschamps –eternizado en la dirigencia sindical- hace unas horas firmó un desplegado en su condición de secretario general del sindicato de Petróleos Mexicanos, donde manifiesta: “El Sindicato Petrolero se solidariza con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador en su valiente lucha contra la corrupción en Pemex”. El millonario dirigente tiene mucha cola que le pisen y sabe que se le puede venir el mundo encima, es decir: “El miedo no anda en burro”.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*