“Alto a la violencia y el encono”; un delicado llamado a misa

Los llamados a misa no obligan;  a la asamblea religiosa asiste quien lo desea. Lo mismo sucede con tantas convocatorias de diversos grupos sociales e instituciones del gobierno. Las más de las veces, clamar porque en el país se ponga freno a la violencia, encono, polarización y división, no es sino un comportamiento que sólo busca atraer los reflectores mediáticos, simular que se trabaja, pues.

Quizás por ello, en los últimos días, y en plena efervescencia electoral, el caudal de buenas intenciones pareció desbordarse, por ejemplo, el Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Los Derechos Humanos (CNDH),  apareció raudo este lunes para exhortar, a través de un “conmovedor” comunicado dirigido a:

“Todos los actores involucrados en el proceso electoral, en especial a los líderes de los institutos políticos y grupos participantes, a que se comprometan con la legalidad y el respeto de los derechos humanos y, con base en la responsabilidad del papel que desempeñan y la trascendencia de preservar la democracia en el país, desincentiven y prevengan entre sus simpatizantes y seguidores la comisión de actos violentos de cualquier índole y medio”.

El deseo ahí queda, como una quimera que se pierde en el entorno terrorífico de sangre, muertos, brutalidad cotidiana e inseguridad que el gobierno –en sus tres niveles- ha sido incapaz de frenar. Las decenas de aspirantes a ocupar un puesto de elección popular, alcaldes y exalcaldes, que han sido asesinados desde que inició el proceso electoral son, dolorosamente, una muestra irrefutable.

Hoy es lamentable –por decir lo menos- que el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, salga a decir  tardíamente “hago por lo tanto un llamado respetuoso a todos los actores políticos para que el contraste y el debate no se conviertan en encono, división y mucho menos, incitación a la violencia contra partidos, candidatos o instituciones”. Un tibio llamado en un país víctima de la anarquía en amplias zonas y donde el estado de derecho es poco menos que inexistente.

Para el titular de Gobernación, “El único límite a la libertad de expresión en democracia debe ser la ley y los derechos a terceros”. Y coincidimos plenamente con ese concepto. Así debería ser. Pero basta con que el señor secretario cualquier día eche una mirada a los diarios o a los noticiarios, o si prefiere revisar las cifras oficiales de la incidencia delictiva que registra el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública –dependiente de la Segob- para que compruebe el desastre que impera en México por el infierno de la inseguridad y la falta de aplicación de las leyes.

A nadie convence la retórica demagógica que desde el oficialismo insisten en recetar a la ciudadanía:

“El Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto condena enérgicamente las agresiones hacia candidatos y rechaza de manera categórica los llamados, cualquiera que sea su origen, a la violencia o a violentar las leyes electorales, así como cualquier insinuación respecto a que desde el Ejecutivo Federal se pretenda interferir para inclinar la balanza en favor o en contra de candidato, partido o coalición alguna. En este sentido, asume plenamente sus obligaciones y responsabilidades, y actúa para preservar el estado democrático de derecho y aplicar la ley a quienes la transgreden con violencia”, enfatizó Navarrete Prida en su perorata dominguera.

Surge una pregunta natural, ante el panegírico mensaje del secretario de Gobernación: ¿es suficiente sólo condenar las agresiones hacia los actores políticos, a eso se concreta el trabajo gubernamental? Ni las familias afectadas ni la sociedad están conformes con las condenas oficiales, no hay solución alguna en ellas. No deja de ser palabrería vacua. Lo que se requiere son acciones efectivas, prever y garantizar seguridad no sólo a quienes participan en la dinámica política sino a la población en general. Hechos son amores, dice la sabiduría popular, y hasta hoy la inseguridad y violencia en México no ha podido ser combatida, por el contrario, se desbordó como nunca antes.

Por su parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano, advirtió, hace diez días, que México atraviesa una crisis de desconfianza, en la que los mexicanos viven en un ambiente de temor constante que atenta contra la dignidad de las personas, infunde terror, y genera más violencia. (El Universal https://bit.ly/2rIh813). “No bastan las buenas voluntades”, fustiga el clero en su estudio “Los desaparecidos nos faltan a todos”. Así es, hace falta decididamente algo más que utópicas intenciones.

Si durante la actual administración, las miles de muertes violentas, las docenas de comunicadores ejecutados, los políticos asesinados, los sacerdotes masacrados, y sobre todo, los incontables ciudadanos de a pie que todos los días son agraviados en su persona, bienes o familia, no son suficiente motivo para implementar una estrategia eficaz para terminar con esos demonios, entonces ninguna palabra superficial y rutinaria será capaz de hacerlo.

@BTU15    

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*