Al diablo Fitch Rating; pero la CNTE, no

Las presiones hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador, tanto internas como externas, se intensificaron desde hace días. A pesar de la habilidad política y del enorme apoyo popular con el que cuenta, el mandatario empieza a resentir los efectos de gobernar un país tan complicado como lo es el nuestro. Por eso se ha refugiado en lo que es su fortaleza: los encuentros con el “pueblo”.

Al tabasqueño parece haberle hecho mella la lucha que emprendió en contra del huachicoleo, especialmente los 118 muertos y  las decenas de heridos en Tlahuelilpan. Sin duda fue un duro golpe anímico. Más cuando los “profesionales” del huachicol han redoblado esfuerzos para continuar saqueando los ductos de Pemex y robando pipas con gasolina. Una batalla que será ardua y larga.

El desabasto de hidrocarburos aún prevalece en algunas entidades de la República. Esto ha generado cierta animadversión y confrontación de AMLO con algunos gobernadores de la oposición. El de Jalisco es uno de ellos. No obstante, todo indica que la proveeduría de combustibles se está normalizando, al menos en los grandes centros económicos, como la ciudad capital y el EdoMex.

No bien se apaga totalmente el fuego por la escasez de gasolinas y diésel, cuando otro problemón se le vino encima a López Obrador: el bloqueo de la CNTE a las vías férreas en Michoacán. Las pérdidas económicas por el plantón de los maestros, quienes apoyaron en la campaña al líder morenista, son cuantiosas; los organismos empresariales estiman en 50 millones de dólares diarios el costo por la obstrucción, amén de la imagen anárquica que se envía al exterior. Ni a base de billetazos –como le gusta a los líderes de la Coordinadora- han logrado que se liberen las vías.

Bastaron sólo dos meses de la gestión lópezobradorista para que la dirigencia de la  CNTE mostrara los colmillos y sus ambiciones. Es sabido que la Coordinadora está convertida en un negocio muy lucrativo para sus cabecillas y no están dispuestos a enmendarse. Desde luego que, está visto, lo menos importante para ellos es la educación de millones de alumnos. Su prioridad es el dinero.

Y falta prácticamente todo el sexenio, en el cual, el Ejecutivo federal deberá lidiar con tan perniciosos chantajistas. La factura por el “apoyo” electoral será una de las más cuantiosas que le cobrarán al presidente López Obrador. Ya los empoderó, ya les dijo que no habrá represión. Les otorgó, de facto, una patente de corso; entonces pueden violentar el estado de derecho cuando quieran obtener más recursos, mayores prestaciones, otros bonos y más plazas laborales.

Pero las malas noticias suelen llegar en grupo. La calificadora Fitch Ratings anunció este martes la disminución  -en dos escalones- a las notas de los bonos de Pemex y las colocó en perspectiva negativa, dejándolas al borde de perder el grado de inversión. En la víspera, el gobierno presentó un plan para intentar hacer menos onerosa la carga fiscal de la empresa productiva del Estado.

No obstante, el antecedente que más peso tuvo en la decisión de la calificadora -a la que descalificó el Presidente-, pareciera el fracaso de la visita a Nueva York, que realizaron funcionarios de Hacienda y Pemex para tratar de convencer a inversionistas y ganar su confianza respecto a la petrolera mexicana. Misión en la que evidentemente fallaron. La confianza es difícil obtenerla sólo con palabras, se requieren proyectos viables acompañados de políticas gubernamentales creíbles y el respeto irrestricto a las inversiones, pero sobre todo, que se garantice el estado de derecho que, hoy en México, es sumamente débil.

Claro que los inversionistas no tienen amigos, no tienen naciones favoritas. Tienen intereses económicos, sólo eso. Y en esa lógica buscan primordialmente seguridad y rentabilidad para sus capitales. Se entienden, por lo tanto, los temores de lo que está pasando con la empresa más grande del país, que de hecho está en quiebra y la ruta para recuperarla tiene muchas incógnitas.

Imposible hablar de seguridad y de aplicación total de leyes en México cuando miles de contenedores están, de hecho, secuestrados por el capricho de unos anarquistas, afectando la planta industrial y el libre tránsito. Así no es posible generar confianza. Todos los sabemos.

Desde luego que le asiste la razón al presidente López Obrador cuando asegura: “Pemex fue una empresa saqueada durante el periodo neoliberal, de las empresas más saqueadas del mundo; de las empresas con más corrupción en el mundo. Y se esmeraron estos tecnócratas corruptos en destruir a Pemex”. Nadie puede refutar con hechos lo contrario. Ahí está, incluso, el caso Odebrecht y las ominosas protecciones a funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Sí, habla con la verdad el mandatario en este penoso asunto de Pemex. En lo que diferimos es en lanzarse en contra de la empresa calificadora. No hay necesidad de chocar con ella, pues no va a suceder nada, es decir, la disminución ahí queda, y sólo se podrá revertir con hechos, con acciones que demuestren la recuperación de Petróleos Mexicanos. Los mexicanos esperamos eso.

@BTU15

*Foto: BTU*