2021, de triste memoria; ¿2022, igual?

El año 2021 es ya triste memoria -igual que el 2020 donde inició la pandemia de covid-19 en nuestro país- y llegó a su fin dejando una estela de más de 300 mil muertos por esa dantesca enfermedad. La cifra es la que reconoce el gobierno, aunque la de expertos y científicos va en el doble. Ambas, muy lejanas del “escenario catastrófico” calculado en 60 mil por el diminuto Hugo López-Gatell.

A lo negativo del año que concluyó, hay que destacar los 32 mil 969 homicidios dolosos (Fuente: @TResearchMx) y las innumerables masacres en la república mexicana que no distinguió a mujeres, niños, bebés y ancianos. La barbarie criminal arrasó ante la incapacidad y negligencia de las autoridades alentadas por una sospechosa estrategia basada en abrazos y una que otra complicidad.

2021 dejó también más pobres en México. Las causas están a la vista de todos: pandemia y errores gubernamentales. Mucha improvisación, soberbia y falta de capacidad para gobernar de manera eficaz, conformaron un coctel pernicioso para la ciudadanía que en muchos casos perdió sus empleos, negocios, y fuentes de ingresos. La informalidad pronto se convirtió en urgente salvavidas.

Durante el año pasado hubo protestas en las calles y bloqueos al aeropuerto internacional de la Ciudad de México, por familias de los niños enfermos de cáncer, debido a la falta de medicamentos oncológicos. El grave desabasto de medicinas en los hospitales del sector público, que raya en lo criminal, persiste a la fecha y no se ve cómo pueda el gobierno solucionarlo en el mediano plazo.

Por tercer año consecutivo, el gobierno privilegió atención y recursos a sus bases electorales. Los programas sociales, luego de la paliza electoral a Morena en la Ciudad de México, fueron reforzados, ahí sí, de manera harto eficaz. La clientela del partido en el poder es generosa y tolerante, lo perdona prácticamente todo a cambio de 3 mil 100 pesos bimestrales o de algunas becas y ayudas.

Hoy en México cohabitan la pobreza lacerante, la violencia infernal y una polarización social que destruye el triunfalismo alardeado desde la palabrería oficial. Las enfermizas y siempre condenables vendettas políticas, no están ausentes, tampoco los asesinados que, desde sus tumbas, clandestinas o no, demandan justicia. Una justicia ubicada en una lejanía inalcanzable para el ciudadano común.

Con un escenario así, recibimos el año 2022, un año que, necesariamente, será de impostergables definiciones. Con un presidente que cada día pierde poder, es la sociedad quien debe tomar un papel más decisivo en el rumbo de la nación. La transformación que tanto se ha publicitado ha quedado en mera promesa de campaña, nada hay digno de señalar. México enfrenta retos enormes que demandan pronta solución con o sin el gobierno. Los que hoy ostentan el poder están de paso.

México sigue siendo el país con hambre y sed de justicia, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla, tal como bien lo señaló Luis Donaldo Colosio en su memorable discurso en el Monumento a la Revolución. En eso, nada ha cambiado, los aparatos del Estado siguen al servicio de políticos poderosos y distantes del ciudadano que los necesita.

La Fiscalía General de la República es un ejemplo de ese manejo discrecional. En la actualidad, igual que en el pasado, durante gobiernos del PRI y PAN, quien no se alinea con el régimen en turno o lo desafía abiertamente, corre el riesgo de ser intimidado, encarcelado, incluso asesinado. El propio Colosio sufrió las consecuencias de querer cambiar para bien el establishment.

También la libertad de prensa enfrenta un alto riesgo en la República. Según Reporteros Sin Fronteras, México, junto con Afganistán, continúan siendo los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Por ello es pernicioso en extremo que la publicidad mañanera realizada en Palacio Nacional, incluya descalificaciones y agresiones de facto hacia medios y periodistas críticos.

Divididos no llegaremos a ningún puerto. La división alentada desde los niveles más altos del poder, es una bomba de tiempo que nadie desea estalle. Etiquetar por capricho a la población en “fifís”, “conservadores” y demás ocurrencias, es tan nefasto como referirse a los “adversarios” con el mote de “chairos” o “morenacos”. Respetar las naturales diferencias entre unos y otros es imprescindible.

De ahí que el rol de la sociedad debe ser sin excusas, más participativo. La apatía es una de las peores enfermedades de la democracia. Lo que nos parecía ajeno y lejano, no lo es más. La inseguridad y violencia nos empezó a tocar a todos en mayor o menor medida; la inflación golpea la economía de las familias, en especial de los sectores más vulnerables. El desabasto de medicamentos en los hospitales públicos afecta a casi todos los pacientes. Esa fue la realidad de México en 2021 y así inicia el 2022. Que la apatía no sea un lastre inmovilizante del cual se beneficien voraces vividores.

@BTU15  

*Nota del editor: foto en portada: BTU*