2019 un año no para olvidar, sí para corregir

El año que está por concluir se fue raudo, con enorme prisa por dejar atrás uno de los tiempos más angustiosos, estresantes y desgastantes de épocas recientes. Decisiones viscerales tomadas en la secrecía de Palacio Nacional que repercutieron en desempleo para miles de mexicanos, también en el aumento de la aniquilante violencia cotidiana y en una perniciosa polarización social, fue la constante del nuevo gobierno “izquierdista”, sometido a la vez por su abusiva contraparte estadounidense.

Al fin concluye un turbulento 2019, del que sólo una minoría puede hablar positivamente. Los llamados ninis, por ejemplo; quizás los afortunados jóvenes becarios de construyendo el futuro, incluso los adultos mayores y hasta ahí llegan los “aciertos” oficiales cargados de fuerte aroma electorero. En contraparte, la devastadora violencia se exacerbó a niveles demenciales y exhibió la incapacidad del gobierno para hacerle frente. El culiacanazo, es un ominoso botón de muestra.

La errática política económica impuesta por quienes hoy ostentan el poder, derivó en un crecimiento nulo del Producto Interno Bruto. Los números son irrefutables. Aunque allá, rumbo del zócalo capitalino, cual magos de circo estridente, aseguren tener otros datos.

Un año donde el autoritarismo y la alcahuetería gubernamental miraron sobre el hombro a buena parte de la ciudadanía. Funcionarios, al igual que en los regímenes del PRI y PAN, fueron exonerados de manera cínica e inmoral desde las más altas esferas del poder. Manuel Bartlett Díaz es la muestra más representativa de ello. Imponer a incondicionales sin merito o capacidad alguna en puestos clave de la administración, a pesar de las inconformidades sociales, fueron soslayadas una y otra vez con soberbia gigantesca, ahí está el caso de la nueva titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra.

Tocar el tema de violencia e inseguridad que tiene como rehenes a los mexicanos, es adentrarse en el inextricable camino de la incapacidad del nuevo gobierno que, luego de un año en funciones, no ha podido entregar resultados positivos para otorgar seguridad a la población, tal como lo mandatan las leyes. A cambio de las balas, el Ejecutivo recomienda a los horrorizados habitantes del país poner la otra mejilla, y obsequiar, cual hermanas de la caridad, muchos abrazos. Así la eficaz estrategia.

Pero un año basta para ver con claridad si el rumbo que elige un nuevo gobierno es el adecuado o no. Y la administración lopezobradorista, de acuerdo a cifras gubernamentales, no está llevando a esta nación por el mejor camino. Con cero crecimiento del PIB, la incidencia delictiva a niveles records, una austeridad mal entendida y aplicada, protección a integrantes del Gabinete, la absurda y muy costosa cancelación del NAIM en Texcoco, aunado todo ello a la incomprensible obsesión por realizar proyectos sumamente cuestionados –La terminal aérea en la base aérea de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas, Tabasco y el Tren Maya- exhiben a una gestión que no escucha al “pueblo”.

Organizar mítines a modo en la república mexicana para que el presidente satisfaga sus incontenibles necesidades de hablar y hablar, no tiene como consecuencia escuchar las verdaderas demandas del “pueblo bueno”. Son tácticas populistas al más puro estilo del anquilosado Revolucionario Institucional, y esto se explica en cierta manera al recordar que el hoy mandatario se formó precisamente en el partido tricolor con todo lo que esto significa.

No obstante, todo lo descrito se plasmará en la historia del año que está por fenecer. Ahí quedará irremediablemente escrito para bien o para mal. El capítulo anual se cerrará en una semana y no será posible reescribirlo. Aciertos y errores dejarán su impronta indeleble. Pero en el horizonte se vislumbra ya el año 2020 y se presenta la oportunidad irrepetible de corregir lo que deba corregirse.

 México es una nación extraordinaria plena de grandeza que merece un destino mejor al que le han procurado gobiernos voraces, corruptos, inmorales y demagogos cuyo “trabajo” generó durante sexenios 53 millones de pobres y la mediocridad en muchas áreas fundamentales para la sociedad, como el sistema de salud público, la deficiente educación que proporciona el Estado y, desde luego, la infernal inseguridad que se convirtió en el principal flagelo para los mexicanos.

Se puede avanzar hacia mejores latitudes, pero hay que bajarse del carruaje del endiosamiento y escuchar, escuchar sinceramente lo que la gente demanda. Adentrarse en el pantano de la adulación y el autoelogio conduce a perder la objetividad y es el génesis de pésimas decisiones. Ojalá el próximo año las resoluciones de quienes ostentan el poder sean objetivas y benéficas para los 120 millones de mexicanos y se tiren al cesto de basura comportamientos ruines.

Nadie en sus cabales desea que le vaya mal al gobierno, por el contrario, la sociedad desea navegar en un barco seguro, que la conduzca de forma armoniosa por la mejor ruta a un destino próspero, de paz y oportunidades para todos, sin excepciones. A México le urge salir de la mediocridad. 

Muchas gracias a los amables lectores que en 2019 dedicaron parte de su valioso tiempo para la lectura de “Andares Políticos”. El autor les desea feliz Navidad y lo mejor de lo mejor para el año próximo.

Nos leemos el próximo 6 de enero.

@BTU15    

*Nota del editor: Foto en portada: BTU*