2017, a borrarlo de la memoria

En la postrimería de 2017, es ineludible reflexionar sobre algunos acontecimientos que resaltaron en el año. Como los devastadores sismos de septiembre, las constantes amenazas del  desequilibrado Donald Trump, el apabullante gasolinazo al iniciar el año, un dólar que ha superado los 20 pesos en su cotización, la inmundicia llamada Odebrecht y muchos gobernadores ladrones.

La estridencia llenó amplios espacios en los medios de comunicación. En la televisión, ni se diga. Una ola abrumadora de abominables “churros”, donde se privilegia la violencia y se exaltan temas como el narcotráfico, o se adora la “cultura del chisme” en programas vulgares. Todo ello dominó la infausta programación de las principales cadenas. Una decadente industria televisiva.

Pero las estrellas del circo en el año que termina son los integrantes de la cada vez más repudiada clase política nacional. Aunque, desde luego, hay filias y fobias —dependiendo de los intereses de cada quien—, los políticos representan, junto con los criminales que asolan al país, lo más indeseado por la sociedad mexicana. Personajes siniestros como Javier y César Duarte, Roberto Borge, Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Guillermo Padrés Elías y el matrimonio Abarca son algunos de ellos.

Y en la cadena de sucesos, resulta evidente el futuro incierto de la nación mexicana bajo la conducción del actual gobierno priista, como lo fue, en su momento, la docena trágica de administraciones panistas o los ineficaces, corruptos y demagogos gobiernos de la pretensiosamente llamada izquierda. Sombríos saqueadores acechan desde los puestos públicos.

Pretender un recuento sucinto de lo que sucedió en este año que agoniza no es tarea sencilla. Escándalos de la nomenclatura que “conduce” los destinos de más de 120 millones de mexicanos estuvieron a la orden del día. Desde aquellos que no supieron “ler” correctamente, o se tropezaron con las palabras “volvido” y “abrido”, hasta la inmoralidad de la alta burocracia que se asigna descaradamente sueldos exorbitantes, bonos descomunales y aguinaldos abusivos.

Mas no sólo vimos los oprobiosos comportamientos políticos. Hubo señalamientos a la jerarquía de la Iglesia católica por su modo de vida, que poco tienen  que ver con la humildad y austeridad que predican; incluso, varios curas fueron vinculados en actos de pederastia. Lo bueno para la feligresía y la sociedad en general es que el probo cardenal don Norberto Rivera Carrera ya se va.

Aun en lo deportivo, el alboroto no estuvo ausente. Al legendario capitán de la Selección Mexicana de Futbol, Rafael Márquez, autoridades estadunidenses lo implicaron en supuestos nexos con miembros del crimen organizado. Un caso por demás sospechoso, donde los voraces medios de comunicación se regodearon a placer con el michoacano, acusado por fatídicos “testigos protegidos”.

Mientras admiro desde la ventana de la pequeña oficina donde escribo esta última columna del año las esplendorosas flores de Nochebuena en el jardín de la casa vecina, me pregunto cómo será el lujoso departamento en Polanco de la maestra Elba Esther Gordillo ahora que “coincidentemente” Nueva Alianza —el partido fundado por ella— se alió con el PRI rumbo a las elecciones del 2018.

La curiosidad también me lleva a reflexionar si acaso celebrarán las fiestas de Navidad y fin de año  las miles de familias damnificadas por los sismos de septiembre pasado en Chiapas, Oaxaca, Ciudad de México, Morelos y Puebla, dado que muchas de ellas aún duermen en casas improvisadas de cartón, plásticos y otros materiales, donde viven toda clase de penurias gracias al desdén, burocratismo oficial y la rapiña política.

Por supuesto nada que ver con la manera en que lo harán seguramente los señores ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los imparciales consejeros del INE —en especial su ecuánime pero discriminador presidente—, o los 628 eficaces legisladores que integran el Congreso de la Unión, entre otros austeros y congruentes elementos de la alta burocracia mexicana.

No obstante, ni siquiera esto último sorprende. Los eternos abusos y descaros de quienes ostentan el poder son una constante, en no pocas ocasiones permitidas por la indolencia y muy corta memoria social. Ello permite que políticos —o vividores de la política— que no gozan precisamente del mejor de los prestigios vuelvan una y otra vez a ocupar puestos públicos u operen protegidos por sus mesías, como Marcelo Ebrard o el funesto Ángel Aguirre Rivero, en cuya administración desaparecieron los 43 normalistas en Iguala, y que ahora pretende ser diputado federal.

En fin, 2017 se marcha dejando una estela de calamidades a muchos mexicanos: poder adquisitivo pauperizado, 53 millones de pobres, alta inflación, el año más violento de las últimas dos décadas, un gobierno sumamente cuestionado por su trabajo, un proceso electoral oneroso e injustificado cuyo costo es soportado indebidamente por los hombros de los contribuyentes, y el peligroso descrédito de las instituciones. ¡Ah!, y el tema de los 2 mil millones de dólares que según el New York Times ha gastado en publicidad el gobierno de Peña Nieto para controlar a los medios lo guardaremos para abordarlo en enero, cuando finalicen las vacaciones invernales.

Por lo pronto, enviamos a todos nuestros queridos lectores una felicitación enorme por las fiestas navideñas y de fin de año. Que la pasen en grande con sus seres queridos. Nos vemos en 2018.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*