Casas de empeño, mecanismo de financiamiento de los mexicanos

  • Más de 13 millones de mexicanos usan anualmente las casas de empeño
  • Usuarios de casas de empeño no se limitan a trabajadores informales
  • Las joyas de oro son las más usadas en servicios prendarios, por el valor y porque es fácil de revender por las casas de empeño

Uno de los mecanismos más importantes por los que se financian las personas y empresas en México son las casas de empeño, los préstamos de familiares y amigos, y los proveedores, señaló el doctor Pablo Cotler Ávalos, director del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Y aunque 13 millones de mexicanos -un 17% de la población adulta del país- recurren al empeño como fuente de financiamiento, no existen estudios que analicen cómo opera este mercado y cómo se entrelaza con los otros mercados financieros; por lo que Cotler decidió iniciar la investigación Las casas de empeño en México; trabajo en curso que realiza con la colaboración de su colega el Dr. Irving Rosales Arredondo, y del Lic. Rodrigo Carrillo, asistente de investigación.

Para elaborar el documento se partió de las preguntas de investigación: ¿es correcto pensar que sólo acuden a las casas de empeño personas que no están incluidas financieramente?; ¿es cierto que cobran tasas de interés muy por encima de lo que cobra la banca? y ¿qué tan cierto es que sólo se recurre a estos establecimientos en caso de caídas súbitas del ingreso o de incrementos inusitados en el gasto?

Al comenzar sus indagaciones, los investigadores encontraron que para obtener el dinero que les permitirá afrontar una urgencia –que sin saber cuál, posiblemente sea comprar la despensa, medicinas o pagar la colegiatura- una importante fracción de los mexicanos, con o sin cuenta bancaria, se financia con préstamos familiares, su primera opción; y por medio de casas de empeño, su segunda fuente de financiamiento.  Pero no sólo se trata de urgencias, pues seguramente también será similar para todos aquellos que reciben un ingreso que día a día fluctúa, como sucede en el sector comercio o servicios.

De las personas que recurren al empeño de prendas, el 65% tiene ingresos inferiores a los cinco mil pesos mensuales, el 33% tiene seguridad social y el 48% tiene cuenta en algún banco. Como puede observarse, los usuarios de las casas de empeño no se limitan a trabajadores informales o sin acceso al servicio financiero formal.  Con un préstamo promedio de mil 600 pesos, la cartera de préstamos de las casas de empeño es equivalente al 5% de la cartera de crédito al consumo del sistema bancario.

Los artículos más utilizados en los servicios prendarios son las joyas, particularmente las de oro, por la cuales las casas de empeño prestan por lo general el 80% de su valor, y que  son las más fáciles de revender si el pignorante no recuperó la prenda. Aunque en promedio el 75% de las cosas empeñadas son recuperadas.

Los contratos establecen claramente el monto prestado, el valor de la prenda que se deja, el tiempo máximo a pagar el préstamo y el costo monetario del préstamo. No existe la morosidad ni tampoco el anatocismo (cobrar intereses sobre los intereses de mora derivados del no pago de un préstamo).

La fórmula para calcular la tasa anual total debe ser distinta a la que se aplica a los productos bancarios. Si bien hay préstamos a plazos que van de uno a 150 días, en promedio, las casas de empeño cobran un interés anual que oscila entre 52 y 88%.  En este sentido,  sus tasas de interés están dentro del rango que cobra la banca comercial para tarjetas de crédito con líneas menores a los seis mil pesos.

 Además de ofrecer préstamos, a las casas de empeño acuden aproximadamente cinco millones de personas para comprar bienes. Pero no sólo porque ahí les salen más baratas, sino también  van por que pueden comprar joyas y otros objetos que pueden ser usados como activo de ahorro y futura forma de adquirir préstamos. 

Al mostrar la evolución del precio del oro durante los últimos 16 años, Cotler señala que muchas personas  hubieran ganado más comprando oro que depositándolo en un banco. Más aún, el valor de los préstamos a conseguir sería mayor.

Luego de mostrar más cifras, Cotler concluye que “la estrategia de inclusión financiera que sigue el gobierno va a tener un impacto limitado pues no es claro que los productos financieros que ofrecen los bancos para las poblaciones de bajos ingresos sean necesariamente superiores”.

Pedro Rendón/ICM

*Fuente: Universidad Iberoamericana-02-01-2017*