Avaricia y lucro: enfermedad y muerte

Autor: Saúl Arellano

“Han cambiado los medios de que se vale el deseo de poder, pero sigue hirviendo el mismo volcán […] lo que antes se hacía por la voluntad de Dios, hoy se hace por la voluntad del dinero, es decir, por lo que hoy produce el sentimiento de poder más elevado y la mayor tranquilidad de conciencia” 

Nietzsche (Aurora)

John Rawls planteaba, tanto en su Teoría de la Justicia como en Liberalismo Político que uno de los grandes problemas que impiden la construcción de sociedades justas, es la existencia de monopolios sobre lo que llamó, “bienes primarios”. Estos bienes, dicho de manera general, son aquellos que dan acceso a otro tipo de bienes; por ejemplo, el dinero, quizá el “bien primario” por excelencia, en la concepción de Rawls, permite acceder a bienes y servicios indispensables para la vida digna.

De esta forma, una sociedad se estaría encaminando hacia condiciones de justicia, en la medida en que es capaz de evitar la formación de ese tipo de monopolios que, como consecuencia, impiden que las personas accedan a satisfactores indispensables para la realización de las libertades.

Michael Walzer critica a Rawls -en su famoso texto Esferas de Justicia-, esa y otras ideas, argumentando que el problema no es estrictamente la existencia de monopolios como el señalado, sino que éstos dependen a su vez de la existencia de condiciones para su construcción. El riesgo está, al evitar un monopolio, que se creen otros o que los existentes “se desplacen” hacia otras esferas de la vida pública, reconstituyéndose las desigualdades.

Walzer propondrá la idea de “la igualdad compleja” frente a lo que él llama, “la igualdad simple” propuesta por Rawls, reconociendo, sobre todo, las condiciones realmente existentes de desigualdad y, a partir de ellas, definir esferas de justicia que impidan la generación de las condiciones de posibilidad de la monopolización de cualquier tipo de bienes.

La discusión entre Rawls y Walzer, que en el ámbito de la filosofía social suele denominarse como el debate entre “individualismo liberal” Vs “comunitarismo”, derivó en un debate muy serio, en torno a cuáles son los ámbitos que pueden mantenerse, en una sociedad de mercado, en el terreno de la lógica de la ganancia económico, y cuáles otros deben ser sustraídos de ella a fin de garantizar condiciones de bienestar generalizados.

La filósofa Debra Satz ha avanzado en ese terreno a partir de un provocador libro titulado “Why some things should not be for sale” (Por qué algunas cosas no deberían estar a la venta). En el texto, pone el foco de atención en uno de los temas que hoy más deben interesarnos, sobre todo ante la terrible pandemia que, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha dejado ya más de 5.5 millones de personas fallecidas, así como 335 millones de personas que han contraído (al menos oficialmente) la COVID19.

El tema es mayor: ¿hasta dónde llega la legitimidad y la solvencia ética de la obtención de ganancia sobre bienes indispensables para la vida? ¿Hasta dónde es legítimo y moralmente aceptable la venta de productos que ponen en riesgo la salud de las personas; y otros que francamente conducen a una muerte inevitable, como el abuso en el consumo de tabaco, el cual mata, de acuerdo con diversos estudios, al menos al 50% de sus consumidores habituales?

Debra Satz tiene razón: hay cosas que no deberían estar a la venta: ni debería ponerse bajo la lógica de la oferta y la demanda a bienes de los cuales depende la vida y la garantía de la dignidad de las personas; ni tampoco deberían estar en aparadores y anaqueles productos y objetos que enferman y matan.

De acuerdo con datos de la OMS, hasta el 19 de enero se habían aplicado alrededor de 9,700 millones de dosis de vacunas anti Covid19; pero el dato no debe obnubilarnos, pues la inmensa mayoría de ellas se han aplicado en los países de más altos ingresos.

De igual forma, la COVID19 no debe llevarnos a dejar de ver que tenemos enormes carencias en la producción, distribución y acceso de vacunas para otras enfermedades prevenibles, y que son causa de decenas de miles de muertes y de secuelas que van desde leves a severas, para millones de seres humanos. Así las vacunas contra el tétanos, la difteria, el sarampión, la tuberculosis, la polio y otros padecimientos prevenibles por vacunación.

Vivimos en un mundo absurdo y paradójico, donde hay inmensa disponibilidad de fármacos súper eficientes para aliviar el estrés y la depresión que nos generan empleos que nos matan de hambre, y que nos postran mental y emocionalmente…

Todo lo anterior es posible en un contexto de una economía que se mueve bajo la aparente asepsia de la racionalidad, la tecnificación y la eficacia llevadas al límite; pero que, bajo su blanca y pura vestimenta, esconden la más cínica y abusiva inspiración codiciosa.

Moliere, en su clásico: “El avaro”, resume en el siguiente diálogo lo que millones de millones hoy pensamos y sentimos en este contexto:

  • “Flecha: ¡Mal haya la avaricia y los avarientos!
  • Harpagón: ¿Cómo? ¿Qué dices?
  • Flecha: ¿Qué digo?
  • Harpagón: Sí. ¿Qué dices de avaricia y de avarientos?
  • Flecha:  Digo que mal haya la avaricia y los avarientos.
  • Harpagón: ¿A quién te refieres?
  • Flecha: A los avarientos.
  • Harpagón: ¿Y quiénes son esos avarientos?
  • Flecha: Unos ruines y unos miserables”. 

Investigador del PUED-UNAM

www.saularellano.com

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*