El abuso de Cinépolis

Es el sábado 11 de agosto, son las 2:30 de la tarde. En la sala ocho de Cinépolis Satélite, el público está desesperado porque la película Misión: Imposible-Repercusión, anunciada para las 14:10, aún no inicia. La proyección, efectivamente, comenzó a la hora señalada en el boleto y la publicidad, solamente que lo hizo durante largos 20 minutos con estridentes promocionales de otras cintas y uno que otro comercial.

Cinépolis incurre en un abuso grosero hacia sus clientes, por decir lo menos. Sin tomar parecer, engaña a quienes acuden a ver las diferentes funciones basados en los horarios en que supuestamente se exhibirán. El precio que se paga –nada barato, por cierto- es para presenciar las películas, no para que, obligadamente le endilguen a uno la infumable cantidad de “cortos”.

Pero como los mexicanos nos caracterizamos por aguantar casi todo, incluidos abusos como estos de Cinépolis, seguramente que la poderosa cadena seguirá perpetuando arbitrariedades como las aquí narradas. Mientras tanto, la burocrática e ineficaz Profeco, permanece tolerante ante ello.

Así que ya lo saben queridos amigos, si asisten a una sala de Cinépolis, ármense de toda la paciencia posible para soportar promocionales que nada tienen que ver con la función por la cual pagamos. Total, la voracidad de esa empresa es mayor que la obligación ética de respetar los derechos del público.